¿Cumplir la ley, siempre?

Señal de stop En un lugar, de cuyo nombre prefiero no acordarme, hay un cruce de dos carreteras nacionales que son la propia cruz sobre el mapa. El lugar es más llano que una mesa de billar, y la vista alcanza de horizonte a horizonte a través de los campos. Puede estar en las pampas argentinas, en los llanos venezolanos, en las estepas ucranianas, en la planicies de Nazca, en las llanuras de Kansas o en cualquier otro lugar de la Tierra. Pero está en Castilla, España. Y en la dirección norte-sur hay una señal de STOP… si aún no la han quitado.

Hace ya un tiempo, viajaba yo acompañando a un tío desde Asturias a Madrid. Mientras nos acercábamos a la muy visible intersección, mi tío, conductor cuidadoso, fue reduciendo la velocidad. Los dos vimos la señal. Al otro lado del cruce, también vimos a un solitario policía de carreteras al lado de su motocicleta. Era la propia estampa del buitre esperando ver el final de la presa moribunda.

<<¿No es un lugar un poco extraño para un policía? Aquí no tiene nada que hacer>> Dije yo.

Mi tío colocó el neutro, y llevando el pie sobre el pedal del freno fue reduciendo la velocidad aún más, hasta casi detener el auto. Sin embargo, como no se veía vehículo alguno a kilómetros de distancia, en ninguna dirección hacia la que se mirase, no consideró necesario detenerse por completo, por lo que, metió primera y siguió. No habíamos terminado de cruzar cuando el policía hizo señas de que nos detuviéramos a un lado.

El hombre se acercó con toda tranquilidad y parsimonia, libreta en mano. Le preguntó a mi tío si no había visto la señal. Él le respondió afirmativamente, alegando que redujo velocidad, pero que no consideró necesario detenerse totalmente porque era bien evidente que no había nadie circulando por todo aquello.

Las lapidarias palabras del policía nunca se me olvidarán.

«La ley dice que, ante una señal de STOP se debe detener el vehículo, llevándolo hasta la inmovilidad, y usted no hizo eso. No vale ningún motivo ni excusa para lo contrario. Si no se cumpliera la ley siempre, al pie de la letra, sino que cada quien siguiera su propio criterio, los conductores se acostumbrarían a saltársela por cualquier razón y esto sería un caos»

Y sin más, procedió a levantar la correspondiente multa de tránsito.

Comprendimos entonces lo que hacía el hombre en un lugar tan solitario y peculiar. Era un sitio excelente para cumplir con la cuota de multas del día, y hasta de la semana, sin esforzarse en nada. Solo había que esperar que la corriente del río trajera la presa, como caimán en boca de caño.

Por supuesto que, en la multa, no colocó explicación sobre las circunstancias tan particulares del caso, por lo tanto no hubo atenuantes. Pero afirmar, como afirmó, que el conductor había violado el artículo tal por no detenerse ante una señal de PARE, no fue más que una verdad a medias, que es lo mismo que una mentira a medias. Y una mentira lo es, así sea a medias o completa.

Del caso que he narrado y las circunstancias bajo las que se impuso la multa, por no detenerse en un STOP, dejaré que cada quien saque sus propias conclusiones sobre si fue justa o no lo fue. Pero de las palabras del policía siempre me ha quedado en la mente una pregunta.

¿Es así de simple? ¿Hay que cumplir la ley, siempre, y al pié de la letra? ¿Se le ha dado muerte al sentido común y al “criterio del buen padre de familia” ante circunstancias particulares y especiales?

Viajando con mi familia por diversas partes del mundo, en alguna que otra ocasión, he tenido que detener el auto en cualquier lugar de una larga carretera, para que alguno de los niños, mi esposa, ―particularmente cuando ha estado embarazada― o yo mismo, pudiéramos orinar, ante la necesidad apremiante de la vejiga y no haber estaciones de servicio cercanas, ni otro sitio adecuado. Ahora comienzo a sentirme algo preocupado ¿Será que, en algún momento, por algún incontrolable impulso subconsciente que me haya hecho perder el buen sentido común, me iré a detener en plena Plaza de La Cibeles, o ante el Palacio de La Moncloa, para orinar al lado de una señal de tránsito o un poste del alumbrado público, porque ya me acostumbré a ello?

Con respecto a esto de cumplir la ley siempre y ante cualquier circunstancia, pondré un ejemplo algo más esclarecedor, que resume un poco mejor mi pensar.

Semáforo en rojoUsted, amigo conductor, va en su vehículo por la ciudad. Llega a un cruce de calles con un semáforo que está en rojo. Detiene su vehículo y observa. Todos los vehículos en las cuatro direcciones se encuentran detenidos. Ninguno cruza. Pasan quince segundos, luego treinta, y la luz del semáforo sigue en rojo, sin que ninguno se mueva. Usted deduce que las luces están en rojo en los cuatro lados, lo que es bien raro. Llegan a transcurrir dos minutos y, por fin, su buen criterio le dice que el semáforo está dañado. Los otros conductores ya han llegado a la misma conclusión. ¿Qué haría usted, estando ante la situación planteada?

¿No le parece lógico y sensato que todos los autos vayan pasando con cuidado, cual si el semáforo no existiera, siguiendo el buen criterio y las otras normas que establecen las leyes del tránsito para la circulación, cediendo el paso quien deba hacerlo y teniendo la prioridad quien le corresponda?

La normativa dice que, en un semáforo con luz roja, los vehículos deben detenerse. Ciertamente que sí. ¿Entonces, para cumplir eso, al pie de la letra, apagaría usted el auto esperando a ver si, de casualidad, aparecía un policía de tránsito, o la autoridad competente que lo autorizara a seguir circulando? ¿Acaso piensa que, de mover el auto por su propia iniciativa, estaría violando la ley y podría, además, llegar a acostumbrarse a pasarse los semáforos en rojo?

Estoy seguro de que el lector encontrará otros casos en que podrían aplicarse estas mismas consideraciones.

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