El Sabor Amargo del Caco Fino

El Sabor Amargo del Caco FinoComo escritor dedicado a tiempo completo, veinticinco horas al día y trescientos setenta días al año, no suelo tener tiempo para leer a otros. Una de dos: escribes o lees. Mis obras me absorben por completo. Pero en estos días, aprovechando las horas de tren y el relax a bordo de un buque de crucero por el Mediterráneo, me di el tiempo de leer el eBook del libro titulado: El Sabor Amargo del Caco Fino, de la autora María Quiroga Álvarez. Ahora me decido a escribir esta entradita, que llevo cuatro meses que no doy ni golpe en el blog.

El Sabor Amargo del Caco Fino es un título delicioso, ya de entrada, que nos puede evocar múltiples cosas. ¿Qué pretendería alguien con un título similar para un libro? Lo primero que uno se pregunta es de qué irá. ¿Será algún tratado sobre el cacao? ¿Será sobre chocolate? ¿Será…? En realidad uno está muy lejos de imaginarse el contenido, nada más que por el título. Tan solo cuando lo abres puedes llegar a saber que el libro va sobre Venezuela.

Pero no es un libro de política, de viajes ni tampoco de simples descripciones geográficas que te indican el consabido: Aquí está la ciudad de… Y si miras hacia el sudoeste podrás ver el cerro de… Y desde este mirador puedes lograr una magnífica panorámica de…

No, nada de eso; este es un libro sobre vivencias personales de su autora. Pero tampoco es de simples vivencias, sino más bien de hermosas querencias muy bien conservadas, como lo son todas aquellas que, de alguna manera, nos han impresionado el alma y se buscaron un rinconcito cálido y acogedor en nuestro corazón. En El Sabor Amargo del Caco Fino se vuelcan los recuerdos de la autora, envueltos en sentimientos de una mujer que encontró en Venezuela un lugar en donde vivir y crecer, y se enamoró de un país que, en verdad verdad, es un país para querer.

Pronto se nota que detrás de este libro hay un profundo y dedicado trabajo de investigación por parte de la autora, que no se queda en simples vivencias descriptivas, que hubiera sido lo más fácil y cómodo, sino que nos aporta invaluables datos sobre el país, su gente y su historia. En lo particular, yo que he pasado media vida en Venezuela, a través de este libro me he enterado de detalles preciosos y enriquecedores que no conocía. Porque no solo nos ofrece la geografía del país, sino su historia que, por supuesto, va unida a la de su gente. Porque, como Mary dice del país, su tierra y sus gentes:

Es el producto de las mezclas, de la permanencia de las raíces, de la combinación de los sueños, es simplemente hermosa, natural, sencilla, con paisajes fantásticos y acogedores, una tierra para amar; que ayudada por su gastronomía, costumbres, música y esa forma de ser del venezolano, le ha dado el alma especial que por años nos envolvió entre seducción y hermandad. Un excelente cacao fino, de exquisita calidad y aroma, al que ciertos procesos o falta de ellos, acentuaron el sabor amargo que ha afectado el valor de la cosecha.

El título, ya de por sí, me hizo evocar mi reencuentro con el chocolate, luego de que, durante algunas décadas después de tomarme una taza de chocolate en España, que casi me envió al hospital, quedé sensibilizado hacia el chocolate y no lo podía ni ver. Pero un día, estando con la familia en la zona de Caripe El Guácharo (en donde se encuentra la conocida Cueva del Guácharo), me nos dio por preparar una auténtica taza de cacao puro, sin mezcla ninguna, producto del rico cacao que se da en la zona junto con un magnífico café. Yo la comencé a beber con temor, pero nada, no tuve ninguna reacción contraria. Desde entonces he apreciado lo que es el rico sabor amargo del cacao fino. Por supuesto, nos llevamos unas cuantas bolas de cacao para la casa. Si tardábamos en ir a Caripe solíamos recargar provisiones de bolas de cacao puro en la zona de Barlovento, de la que viajábamos de Caracas a Puerto La Cruz.

Mary nos habla de la emigración española, portuguesa, canaria e italiana de los años cuarenta y cincuenta, en aquel país y aquella Caracas de los techos rojos y el limpio río Guaire rodeado de bambú y plantaciones de café y de cacao. Yo recuerdo, de mi niñez en la época de los cincuenta, que los portugueses tenían las plantaciones de verduras en las afueras de Caracas, en sitios tan alejados (en aquellas épocas) como Prados del Este, Baruta, el Hatillo y en la vía hacia el Junquito, así como también se dedicaban a la cría de cochinos. La colonia portuguesa, gente trabajadora como el que más, también dominaba las tiendas de abastos (tiendas de ultramarinos), y fueron los impulsores de los grandes supermercados. Los italianos estaban en la construcción y tenían la mayoría de las barberías.

Mary Quiroga no ofrece nada más un recuento histórico del desarrollo de aquel antañón país cafetalero y cacaotero, nos da fechas y cifras de uno y de otro, y también nos aporta otros datos de interés como los nombres de antiguos caciques, algunos de los cuales yo tenía ya olvidados. Sus hazañas y nombres perduran en el recuerdo del venezolano por dar nombres a plazas públicas, calles, urbanizaciones y las zonas en donde se asentaban las distintas tribus aborígenes en el valle de Caracas. Y para nuestro acerbo cultural, Mary nos ofrece un recuento de las películas que han sido filmadas en la maravillosa zona de la Gran Sabana y del Orinoco, algunas de las cuales he visto y otras ni las conocía.

En El Sabor Amargo del Caco Fino, Mary Quiroga nos lleva en un recorrido por toda Venezuela con una narrativa agradable y ligera, de muy buen fluir que motiva a leer con placidez. Nos salpica gratamente con su sentido del humor en la descripción de situaciones que, quizás, a otros se les hubiera pasado por alto, pero no a quien lleva dentro de sí la vena del escritor gritando por que la dejen salir. Una que me hizo reír ha sido la relativa a su viaje en una avioneta del Mesozoico al archipiélago de Los Roques, al que conozco bastante bien, por haber navegado en velero de isla en isla y buceado en cantidad de calas. Ella nos narra:

El avión en que viajábamos no tranquilizaba para nada el miedo que nos daba volar en aeronaves pequeñas. Era un valiente sobreviviente, digamos que de la época de la Segunda Guerra Mundial, y sonaba como tal, ¡qué impresión! El techo parecía desprenderse, en su interior solamente había una fila de asientos para dos pasajeros, que limitaban por un lado con las ventanas y por el otro con las puertas de entrada, a algunos nos invadió el temor y dudamos si continuar o no, pero entendimos que la aventura debía seguir, además, no todo el mundo tiene a principios del siglo XXI, la oportunidad de experimentar la sensación de estar en los inicios de la aviación viajando a un archipiélago paradisíaco. Abracé con decisión y una gran sonrisa a mi pequeña, que había comenzado a llorar al verse en tan supersónico aparato, y aprovechando que siempre le han gustado los dinosaurios, bautizamos a nuestro transportador como Terodáctilo, cerramos los ojos y nos imaginamos al piloto con su casco, lentes oscuros y orejeras, y emprendimos una aventura en Parque Jurásico (…).

Podría seguir hablando mucho más, pero sería mejor en una tertulia ante una buena taza de cacao o de café que tecleando palabras. Por ahora prefiero decirles que, en definitiva, El Sabor Amargo del Caco Fino es un libro que merece la pena ser leído. Quizás, al final, logres alcanzar el justo sabor amargo del cacao fino.

María Remedios Quiroga Álvarez en Amazon.

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2 Respuestas a El Sabor Amargo del Caco Fino

  1. Hola Alfredo, me he llevado una sorpresa muy grata al encontrarme con tu artículo a cerca del Sabor amargo del cacao fino. Muchísimas gracias por todo lo que dices, me contenta de verdad que te haya resultado una compañía plácida y motivadora en tu viaje, y que además aportara algo interesante a quien como tú sabe tanto de Venezuela.
    Muchas gracias por tu análisis, por tu tiempo y por este artículo tan bonito que me llegó al corazón y en el que también me has dejado tu aporte sobre esa Caracas que conociste antes que yo.
    Un abrazo

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