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El Comisario Salvo Montalbano

Isla de SiciliaYo veo muy poca televisión. Salvo alguna película que pueda ser de mi interés, poco más veo que los programas de la naturaleza, los geográficos e históricos y alguno que otro de viajes. Pero ayer sábado, para descansar un poco la vista y la mente de tanto corregir novelas en el ordenador, encendí la TV poco más de las 21:30, dispuesto a realizar una revisión a salto de programas (zapping). Me quedé unos momentos en una película que había comenzado poco antes en TVE2 y me interesé. Se trataba de «El Comisario Salvo Montalbano ‘El camino de arena’».

Puestos a investigar un poco en Internet, resulta que el personaje es todo un clásico de las novelas policíacas italianas. En la comisaria de Vigatá, el barrio de Marinella y Montelusa, geográficamente inexistentes, el comisario Salvo Montalbano, protagonista de al menos una veintena de títulos de la prolífica obra de Andrea Camilleri, resuelve los crímenes en escenarios a veces ficticios, a veces reales, pero sin salir de los confines de la isla italiana de Sicilia.

Vigatá, Montelusa y los lugares que describe Camilleri como escenarios de las andanzas de Salvo Montalbano, sin embargo, existen en realidad. Donnalucata es el pueblo, que se encuentra en la provincia de Ragusa, situada en la punta suroeste de la isla. La playa de Marinella, donde Salvo Montalbano vive frente al mar es en realidad la playa de Punta Secca.

El Comisario Montalbano trabaja en Vigata, provincia de Montelusa con dos peculiares acompañantes. A pesar de ser un hombre de ley, Montalbano no duda en romperla para resolver sus casos ya que es conocido por su ironía. En esta ocasión se trataba de resolver el caso de dos caballos de carrera robados.

¿Qué fue lo que me atrajo de la película?

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Día del Libro con Amina y Zahir

Portada del Tomo II de Amina y Zahir, dos almas gemelasPara un escritor ¿qué mejor forma de celebrar el Día del Libro sino publicando uno?
Yo acabo de publicar el Tomo II «Los esposos de la luz»  de los cuatro que componen mi novela Amina y Zahir, dos almas gemelas.  Yo pensaba que me iba a quedar algo más “pequeño” que el Tomo I, pero al final quedaron 826 páginas, dos menos que el Tomo I. Pero los otros dos tomos que faltan sí que irán teniendo menos páginas, afortunadamente. Saldrán hacia finales de mayo y de junio.

Yo hay cosas que puedo entender, otras que me cuesta bastante y otras que no las puedo entender. Supongo que nos pasa a todos. Yo puedo entender a la persona que me dice: «Yo no leo libros electrónicos, porque a mí me gusta la sensación de tener un libro de papel entre las manos». Perfecto, eso puedo entenderlo, aunque el libro tenga mil páginas y pese un kilo y medio. Incluso aunque esa persona jamas haya tenido un rebook en las manos e intentado leerse en él un ebook.

Algo que no puedo entender es que una persona que yo sé que vive pegada al móvil, mandando sms, consultando sus correos electrónicos, facebook y twitter, yo le ofrezca prestado un redbook, para que pruebe la experiencia de leerse un libro electrónico, venga y me diga que no, porque no le gusta eso. No le gusta y nunca lo ha probado. Vamos, como aquel que dice:
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Amina y Zahir, dos almas gemelas

el autor con la novela Amina y ZahirYa está publicado el tomo I de «Amina y Zahir, dos almas gemelas», segunda parte de la trilogía «Almas gemelas».

Es normal que, como escritor, me pregunten cómo me llegan las ideas para un cuento o para una novela. No hay una fórmula, y las formas han sido muy diferentes. Cualquier situación puede ser el estímulo necesario. Son muchos los que me han preguntado cómo me llegó la idea para esta trilogía, cuya segunda parte sobrepasa las 2500 páginas. Pues lo voy a decir de una vez:

Fue hace unos años atrás, estando en Caracas en una iglesia, durante la primera comunión de Laura, mi sobrina y ahijada. Estaba yo allí, pendiente de cosas y situaciones a las que, supongo yo, los feligreses no suelen prestar atención, pero yo sí, que poco interés en la liturgia tenía. En el momento en que todos aquellos niños y niñas recibían la comunión, me llegó a la mente una frase: La comunión de los ángeles. ¡Qué título tan hermoso para una novela!, me dije yo.

Al día siguiente tenía yo en la mente listo el esquema de la trilogía en sus tres distintos ambientes, épocas y situaciones; con las principales escenas y personajes en cada una. Lo demás fue tomar algunas notas y hacer lo que usualmente yo hago: dejar que mi mente vaya trabajando en ello hasta que me ofrece la película completa. Pues como una película es que yo suelo verlo. Que luego simplemente voy describiendo y tecleando en el ordenador. ¡Qué me haría yo sin él! No me imagino haber escrito esta última en una máquina de escribir.

Escribir sobre lo que ya sabes y dominas es sencillo. Pero escribir una novela sobre un tema que te va a resultar difícil y hasta complicado no solo resulta interesante y atractivo, sino que, en mi caso, te termina enamorando por completo.

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Lo sacro y lo pagano. Reflexiones de un incrédulo.

paso de semana santa
Estamos en la llamada Semana Mayor o Semana Santa, al menos para los católicos, donde todo se resume a las procesiones religiosas de cualquier cantidad de figuraciones de Cristo y de la Virgen.

En un pensamiento que publiqué en Facebook yo dije que era posible que yo me vaya de este mundo sin haber conocido dos cosas: el fanatismo y el odio. No lo puedo entender cuando veo por televisión imágenes llorosas de niños, jóvenes, adultos y ancianos, casi a punto de caer en la desesperación, al no poder ver la imagen en el paso de su devoción porque llovió y la cofradía no salió. No la pudieron ver salir en la procesión, porque dentro de la respectiva iglesia la pueden ver todo el año.

¿Cuántas imágenes de Cristo, de vírgenes y de santos tiene la Iglesia Católica?

Una cosa me lleva a la otra. Como el descubrimiento del nuevo mundo o las indias por Colón. Enseguida salimos corriendo, para convertir en buenos cristianos a paganos idólatras que reverenciaban multitud de ídolos.

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Tengo sesenta y tantos y estoy cansado

Actor Bill CosbyYo estoy cansado de estar cansado de tanto necio que pretende decirme lo que tengo que hacer, cuando él mismo no lo hace. Estoy cansado de que alguien, que se las da de honorable, me diga que debo apretarme el cinturón, trabajar más por lo mismo o ganar menos por las mismas horas de trabajo, mientras él es quien se enriquece con mi trabajo o se aumenta el sueldo o los viáticos como parlamentario, político o sindicalista con su puesto de trabajo muy bien asegurado.

Estoy cansado de que un eminente economista me diga que tengo que jubilarme a los 67 para que se pueda mantenerse el bienestar social, mientras él, sin nada más que hacer que sentarse en una silla directoria en uno de los veinte consejos bancarios a los que pertenece, cobra un salario anual que ningún trabajador cobrará en toda su vida, y se jubila con sueldos millonarios.

Estoy cansado de comprobar que los banqueros son seres que están por encima del bien y del mal; al margen de la justicia. Que los directivos de los bancos se encuentran exentos de responsabilidades civiles y penales. No importa cuánto se hayan enriquecido de forma ilícita o mal habida, cuánto hayan robado, cuánto hayan malversado, cuánto hayan dilapidado de los fondos provenientes de los clientes; ellos no serán penalizados, sancionados, embargados  ni encarcelados. En último caso se los quitará del puesto al frente del banco o entidad financiera, y serán contratados como directivos o consejeros de cualquier otro organismo o empresa con participación del Estado, con sueldos mucho mejores, como premio.

Estoy cansado de que la drogadicción o el alcoholismo de muchas de las figuras del cine se les disculpe alegando que sus padres se divorciaron siendo ellos niños, cuando muchos otros millones de niños que pasaron por lo mismo son personas sin tales vicios.
Estoy cansado de la hipocresía humana y de muchas otras cosas más que podría decir. Pero dejaré que lo diga otra persona que también está cansada, y que dice las cosas muy bien: Bill Cosby.
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Bajo la piel de una mujer
Foto Naiad, por Angelicatas.

Naiad, por Angelicatas

Hoy es el Día Internacional de la Mujer.
Para mí es solo una fecha más, tal como el día del padre, de la madre, del estudiante, del abogado…
¡Feliz año a todos!
No, no estoy desvariando ni perdido en el espacio. Lo usual, en la convivencia diaria, es desear a los demás que tengan un buen día. ¿Qué quita que cada día uno pueda desear que, más que un solo día, tengan un buen año? ¿Por qué acordarme de mis padres o de mis hijos un solo día al año? ¿Por qué hacerles regalos solo un día?

Este será el Día Internacional de la Mujer, pero para mí cada día es el día de la mujer. Porque ella es la criatura más excelsa que haya sido puesta sobre la tierra.

«Respecto a las mujeres, yo apenas alcanzo a reconocer que son las criaturas más hermosas y subyugantes que Dios ha puesto sobre la tierra. Tan solo con una mirada ellas son capaces de hacernos cruzar el desierto. Aunque también sé que, cuando nuestro corazón queda hechizado por una, el agua deja de ser refrescante y la suave brisa del atardecer no calma el ardor que sentimos. Nuestro caballo favorito deja de interesarnos y el sol no brillará igual, hasta que la sonrisa de la amada no nos deslumbre y sus dedos de terciopelo no acaricien nuestro rostro».
Zahir Malakayn (*).

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De civilizados y salvajes y otras especies

niña pemon
Casi dos años y más de 6300 horas de trabajo después, me siento cansado de escribir mi novela «Amina y Zahir, dos almas gemelas». Como algo de descanso, en algunos momentos he estado escribiendo la continuación: «Amanon», la tercera parte de la trilogía Almas Gemelas.

Esta transcurre en territorio de La Gran Sabana de Venezuela  y en las selva limítrofes con Brasil. Esta zona ya he tenido la oportunidad de visitarla varias veces, mientras viví en Venezuela, y hasta hice una guía. Pasar una semana en ella significaba para mí aquietar mi espiritu, y recargar mis baterías anímicas para todo un año de vida en la ciudad.

Ahora, para la novela, mis investigaciones previas sobre los indígenas pemón, su lengua, folclore, sus costumbres y valores sociales, me han llevado a ciertas reflexiones sobre lo civilizado y lo primitivo, lo evidente y lo aparente, lo indispensable y lo superfluo, lo útil y lo banal.

Me vino a la mente que, mientras mi familia tuvo casa de fin de semana en la población de la Sabana de Caruao, en el Litoral Central de Venezuela, teniendo yo veinte años, había un viejito con el que yo conversaba mucho. (Sí, digo viejo y no “persona adulta mayor”, porque me hartan estas necedades lingüísticas que parecen estar utilizando en Venezuela ahora). Él me decía que lo entristecía no poder trasmitir a nadie sus conocimientos sobre el arte de tocar la guitarra, así como sus canciones, cuentos y poemas. Simplemente porque no había ningún joven interesado en aprender.

Estando yo una vez en el Kamá Merú, en La Gran Sabana, escuché a un estirado tipo caraqueño referirse a unos indios del lugar como incultos a los que no había que escuchar. Siempre el hombre y su tendencia a juzgar a las personas por las apariencias.

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Escribir, el oficio de los dioses

Puerto de Cudillero y su faroHace bastante tiempo yo leí que el escritor era un dios, porque escribir es el oficio de Dios. No me llevé las manos a la cabeza gritando !herejía! Lo tomé como una metáfora y me puse a pensar en ello.

En mi vida yo pasé por etapas de dibujante, pintor, diseñador, arquitecto, poeta y escritor. Sin olvidar el de marino, la ocupación de los que no están ni vivos ni muertos. Pero fue a medida que yo desarrollaba mi oficio como escritor, a tiempo completo, que llegué a comprenderlo. Escribir es la creación pura, quizás la cúspide de la creación a nivel humano.

El escritor es alguien que puede transformar la realidad en otra cosa muy distinta. También puede crear, desde la nada, ciudades, personas, situaciones, ambientes y mundos enteros. Las grandes obras literarias perduran en la mente de las personas, y con el tiempo pierden su carácter de obra del ingenio y la imaginación del escritor, para convertirse en realidades que todos ven como tales.

Muchos me han preguntado qué es la tan socorrida «licencia de escritor», también llamada licencia poética; esa especie de bula que nos permite alterar la verdad sin convertirla en mentira. Lo diré con un simple ejemplo, de mi época de pintor.

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