Difícilmente yo podría ser director de un museo de arte moderno, simplemente porque no logro ver nada de arte en muchas obras que considero adefesios; algunas, realizadas mediante la técnica de arrojar calderos de pintura sobre un lienzo; otras, simples pintarrajos que cualquier chimpancé podría haber realizado igual o mejor. Sin embargo otro muchos las consideran elevadas expresiones artísticas. Pero eso da un indicio de lo variopinto que es el gusto y la opinión humana.
Hasta hace muy poco, las llamadas Bellas Artes eran seis: arquitectura, escultura, pintura, música, declamación y danza. La declamación incluye la poesía, y con la música se incluye el teatro. Esa es la razón por la que el cine es llamado a menudo hoy, el séptimo Arte. Pero en España, siempre buscando la innovación, han agregado otra, quizás el octavo arte: el toreo, la fiesta brava o las corridas de toro. Porque darle a un torero la medalla a las Bellas Artes es algo que no solo me ha producido un asombro supino, sino diarrea.
Estamos en medio del debate en el Parlamento Catalán por la abolición o no de las sangrientas corridas de toros. Yo no creo que nadie piense que se trata de un debate sobre nacionalismos, mucho menos sobre ninguna identidad nacional. Es un debate de naturaleza moral que, por lo tanto, debe ir más allá de consideraciones económicas ni otros remilgos. Porque si hay algo que dé de comer a cientos y miles de personas y sea de peso significativo en la economía a nivel mundial, mucho más que unos pocos criadores de toros de lidia, unos pocos toreros y unos pocos empresarios de la fiesta brava, lo es la trata de blancas y la producción y tráfico de drogas; pero está moralmente condenado y legalmente prohibido.








RSS de post



En el orden social de este mundo, ya de por sí confuso y, ahora, además, globalizado, se dice que bajo las democracias y el libre mercado se consigue repartir mejor la riqueza. Supongo que es una de las tantas bromas de mal gusto promovida por banqueros, industriales y políticos bien acomodados.
Estamos para terminar la Cibeles Madrid Fashion Week 2010; o lo que es lo mismo, la semana de la moda de Madrid, expuesta en la afamada Pasarela Cibeles, todo un hito para diseñadores, modistas y modistos que quieren intentar imponer sus gustos personales a los demás mortales También es una pasarela para la proyección personal de quienes desfilan luciendo los modelitos.
Hay personas que, sin dudarlo ni un instante, darían a vida por salvar la de otras, e incluso la de una sola.
No deja de ser una realidad que del árbol caído muchos sacarán leña. Y de las tragedias de muchos, otros muchos obtendrán ganancias. Como las ganancias que está obteniendo la banca, al menos la de España, con las comisiones que cobra por las transferencias a las cuentas destinadas a recibir las ayudas económicas de carácter humanitaria que las personas realizan para Haití.
Recuerdo con placer haber navegado un par de veces por el Pasage de los vientos (Windward Passage). La primera fue una maravillosa noche de un mes veraniego de 1970. No había brisa, el cielo estaba completamente estrellado y la luna lucía radiante a poca altura sobre el horizonte. Regresábamos de Nueva Orleans rumbo a Maracaibo en un buque carguero. Cerca ya de Pointe Fanchon se presentó a mi vista una basta extensión de agua llena de luces de navidad. Eran una incontable cantidad de botes que pescaban en la noche y que nos obligaron casi a zigzaguear entre ellos. Fue una grata imagen que se quedó en mis retinas.







