
A mí me parece más bien un deplorable residuo del cruento coliseo, en la época del imperio romano.
¿Un hombre contra una bestia en igualdad de condiciones? ¿Cuál igualdad? Yo no soy ducho en esto, ni tengo interés en conocer los detalles del motivo de cada lance. Pero observo que el picador le clava la pica, que supongo es para quebrantar la fuerza al animal, particularmente en sus cuartos delanteros y cuello, para así disminuir su embestida y el alzado de la cabeza con los peligrosos pitones. Se lo llena luego de banderillas como si se tratara de un insensible alfiletero, para irlo sangrando y debilitando aún más. Y le clavan el estoque cuantas veces sea necesario para terminar con su vida. La multitud aplaude y llena de vítores al “matador” por su carnicería ―porque no puedo decir que sea por su arte― cuando ha colmado las expectativas y dado una certera estocada en el corazón de la bestia salvaje. Sin embargo, la mayoría de las veces es necesario clavarle la puntilla para terminar con su sufrimiento.
La fotografía es tan gráfica que girta por sí sola. La he tomado del blog kevinhurlt del ecuatoriano Rafael Méndez Meneses, en su brevísima reseña titulada: Toro corneó matador del día 21 de este mes.








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―¡Se va a casar embarazada!―¡Oh, el Cielo nos libre!










