Acepta el asiento y calla

vagon de MetroSon muchas personas las que se quejan de la falta de cortesía, por parte de quienes no ceden sus asientos a las personas de más edad viajando en autobús o Metro. Y no dejan de tener razón. Es bastante lo que se podría escribir sobre eso.

Sin embargo, yo he perdido la cuenta de las veces en que, viajando en el Metro de Madrid, he observado como algún hombre, amablemente, se levanta para ceder el asiento a alguna mujer mayor. Y ya me parecen demasiadas las veces en que ella rehúsa el asiento, incluso con gran insistencia y voz fuerte, volcándose en disculpas, tales como: «No lo necesito, no estoy cansada, no se preocupe, no tiene por qué molestarse…» Y la que considero la más tonta de todas, quizás, es cuando alegan que se van a bajar pronto. Algunas veces, quien no se fije bien, podría hasta pensar que, alguna de estas señoras, hasta se ha ofendido por el ofrecimiento recibido.

En uno de los casos que presencié, una mujer menuda y de unos 80 años de edad, había rehusado el asiento, con una insistencia que me resultó hasta cansina, alegando que se bajaba en la siguiente parada. Casualmente, el tren se quedó detenido entre las dos estaciones durante unos veinte minutos, debido a una falla eléctrica. Pero nadie en el vagón le volvió a ofrecer el asiento a la señora.

Me parece que el cortés hombre (o mujer) que hace el ofrecimiento y es rechazado, se siente como un somero tonto. Y cuando esto le sucede varias veces, pues ¡al diablo con ellas! Se le terminan quitando las ganas de hacerlo de nuevo.

¡Mujer, no importa si no estás cansada, no importa si te vas a bajar dos paradas más allá, sonríe, acepta el asiento que te ofrecen, da las gracias y cállate! El único trayecto corto es el que se hace sentado.

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