Bebés mendigos.

El domingo 4 de este mes, obligado a esperar en el aeropuerto de Barajas un vuelo internacional de Iberia que saldría con 8 horas de retraso, tuve tiempo suficiente para leerme una buena cantidad de diarios. El ABC, en su página 40 traía el titular “La Policía recoge a 15 niños rumanos que eran obligados a mendigar por sus padres. Había bebés de 3 y 4 meses, y un niño dado por desaparecido.”. Esta noticia, un tanto mal escrita, aunque no tanto como la que publicó el País, era recogida también por otros diarios en reseñas de distinta extensión. Y digo que mal escrita porque, de entrada, entre otras cosas, con el simple titular no me quedó claro si eran obligados por sus padres a mendigar, o si mendigaban por sí mismos para el beneficio de sus padres

El caso es que me llamó la atención porque, durante parte de octubre y todo el mes de noviembre, en el Barrio de Salamanca, específicamente en la calle Bruselas, varias veces diarias me encontraba con una mujer que llevaba en brazos el bulto de un bebé al que solamente lograba vérsele parte de la cara. Me dio la impresión de que la mujer era de algún país de Europa central; mi esposa afirmaba que era rumana. Pero la intriga que yo fui acumulando durante semanas no fue por la simple presencia de ese binomio mendicante, sino el hecho de que el pequeño bulto nunca se moviera. La mujer siempre tenía en la mano un biberón vacío. Al bebé jamás lo pude ver despierto, amamantándose, tomando el biberón, llorando, moviéndose ni nada de nada que no fuera dormir absolutamente inmóvil, al punto tal que comenté con mi esposa que, o se trataba de un muñeco o la criatura estaba permanentemente bajo los efectos de un sedante.

Hacía pocos años que yo había leído alguna noticia sobre la desarticulación de bandas que se dedicaban a la mendicidad y utilizaban a bebés que mantenían drogados para que no molestaran. Y todos los años salen noticias sobre detención de personas que obligan a mendigar a los menores infligiéndoles [Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE]. Por eso mi preocupación sobre aquel caso específico, y por ello mi atención para aquella noticia.

En el titular del ABC que comento, se afirmaba que, en aquella operación policial, fueron recogidos unos 15 niños que se dedicaban a la mendicidad. Puesto en plan crítico de todo lo que leo, por la forma en que estaba redactada yo me pregunté si, estos bebés de 3 y 4 meses de edad, practicarían la mendicidad gateando o caminando. En el primer caso sería un milagro; en el segundo, un portento.

La noticia que transcribo a continuación, con puntos y comas, fue la siguiente:

ABC. C. HIDALGO MADRID. Los agentes tutores de la Policía Municipal de la capital desarrollaron el pasado jueves una operación contra la mendicidad infantil en las calles que se saldó con la recogida de 15 niños ―el mayor de ellos, de 16 años―, entre los que se encontraban varios bebés de sólo 3 y 4 meses de edad, así como otro menor que estaba denunciado por desaparecido. La operación tuvo lugar en cuatro distritos ―Arganzuela, Centro, Puente de Vallecas y Usera―, en las inmediaciones de zonas comerciales, donde, al menos, cuatro de estos niños eran obligados por sus padres ―progenitores de «entre 16 y veintitantos años», según explicó el jefe de la Policía Municipal, José Luis Morcillo― a mendigar. Seis de los menores están ya bajo custodia de la Comunidad; otros tantos, a cargo de algunos familiares, y el resto han sido devueltos a sus madres; mientras que los mayores han sido detenidos; uno de estos últimos tiene una orden de búsqueda y captura. Probablemente, a los padres se les abrirá un expediente para despojarles de la tutela o la patria potestad de los chicos.

El hecho es que, apartando algunas incorrecciones de la redacción, los bebés eran portados por adultos, y no todos ellos eran sus padres. No es nada nuevo por parte de los mendigos el uso de “auxiliares” ―animales o humanos― para excitar el sentimiento de lástima y generosidad en los viandantes, a fin de obtener más limosnas. Entiendo muy bien que, en muchas ocasiones, ver a un mendigo acompañado por un gato o algún perro no significa otra cosa que la necesidad de compañía del propio ser humano, y del sentimiento de compasión del mendigo que se ha prestado a cuidar algún animal abandonado y tan necesitado de alimento, atención y cariño como él mismo, coyuntura en la que ambos se prestan mutua compañía. Pero el uso de [Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE] suele tener el propósito de mover la sensibilidad de los amantes de los animales. Con más motivo se excitará este sentimiento cuando se observa a una madre con su bebé en brazos, pasando por tan penosa situación.

Con algo de esfuerzo puedo entender que, una madre sola, sufriendo necesidades extremas que la obligan a salir a las calles a pedir limosna, no tenga con quien dejar a su bebé y se vea forzada a llevarlo con ella, sea en verano o en lo más crudo del invierno. Como digo, puedo entender y justificar esa necesidad imperiosa. Pero lo que no puedo justificar y me parece imperdonable y que amerita la máxima penalidad posible, es que, muchas personas totalmente faltas de ética y de la mínima condición humana y moral, sin una real e imperiosa necesidad utilicen a niños y a infantes, sometiéndolos a los traumas de la mendicidad en las calles. Y cuando esos menores no son sus propios hijos, entonces todo el peso de la ley debiera caer sobre ellas por tan infame tráfico.
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