Nikotina, el último dragón

Dragón

Cuento corto, basado en un caso real

Primera Parte

En la cueva del dragón
― ¡No te tengo miedo! ¿Lo escuchaste, bestia inmunda? Aquí estoy yo, María, una simple mujer retándote en tu propia cueva. No me importa si eres un dragón más grande que un Boing 747, que puedes engullirme de un solo bocado. Aquí estoy, de pie, esperando por ti.

¿Qué carajo hago yo metida aquí? ¡Ese dragón es enorme! ¿Qué estoy diciendo de valentías, si estoy más asustada que un hámster frente a las fauces de un león?

― ¡Sí, a ti te hablo! Los dos no podemos estar juntos en el mismo lugar. Y el que sobra eres tú. No me importan tus enormes alas de murciélago, ni tampoco tus escamas duras como el acero, ni tu larga cola que me partería de un golpe, ni mucho menos el apestoso humo que soplas por las narices y huele a hierba seca y alquitrán, quemándome los pulmones, envenenándome la sangre. De esta cueva saldrá uno sólo de los dos.

¿Pero qué insensateces estoy diciendo? ¡Esta no puedo ser yo! ¿Y cómo llegué hasta aquí, cómo me metí en este lío? ¡Coño, me está arrojando una llamarada el muy cabrón!

― ¡Fallaste, estúpido dragón! No me quemaste. ¿Acaso has perdido la puntería? Yo te derrotaré con… con esta agua mágica.

¿Qué hago yo frente a esta bestia, sin escudo y sin armas? ¿Qué líquido contiene este pequeño frasquito? NicoBloc. ¿Qué es eso? ¿Será alguna fórmula mágica o el nombre del mago? ¿Debo usarla para defenderme o para atacarlo? ¿En donde están las instrucciones?

¿Por qué tengo tanta confusión en mi mente? Y sigo sin saber qué hago aquí ni cómo llegué. Una parte de mi quiere salir corriendo, escapar despavorida, lejos del alcance del dragón. Pero otra parte es atraída hacia él con una enorme fuerza. Es como un necesidad insana. ¿Será debido a su magia, y no podré liberarme de él? No me ha quemado en este ataque, pero las llamas me rodean. Quizás esa sea su estrategia, matarme poco a poco con el calor de su fuego, si no lo hace antes este humo nauseabundo y sofocante que me obliga a toser.

Segunda Parte

Una cierta confusión

¡Coño, estaba soñando despierta! ¡Pero aún puedo oler el humo! ¡Ah, mierda, es el cigarrillo en el cenicero!

Las sienes me laten. Si quito las manos de la cabeza me estallará. Me siento la piel pegajosa, estoy sudando frío. Aún no ha desaparecido el humo de ese cigarro que apagué hace rato, y ya siento la necesidad de otro. Debo ser fuerte, debo esperar al menos 50 minutos más, solamente 50 minutos.

¿Qué fue lo que soñé? Era tan vívido. ¿Habrá sido alguna realidad paralela? ¿Qué cosas digo? Estoy divagando. ¡No, no y no! ¡No voy a encender otro cigarrillo antes de la hora!

¡Mierda! Del puñetazo volé la tarrina con los pistachos y las almendras. ¡Solamente a mi se me puede ocurrir querer adelgazar y dejar de fumar al mismo tiempo! ¿Por qué hice esos propósitos de Año Nuevo sabiendo que son imposibles?

¿Qué estaba escribiendo en el ordenador? A ver. ¡Qué cagada! Ni modo. Seleccionar todo. Borrar. Encima esto, esperar que el puto ordenador trabaje. ¿Por qué cuando el Zone Alarm se está actualizando se cuelga? Es un ordenador nuevo con un Pentium IV. Cada vez que fabrican un microprocesador más rápido, los programadores se encargan de hacer el software más abultado y pesado, para compensar. Así te hace creer que necesitas un procesador aún más veloz. Y encima el Tío Bill quiere meternos el Windows Vista ese, el devorador. ¿Tengo que pasarme a uno de doble núcleo, o necesitaré uno con la potencia de la Nasa. Si yo lo único que quiero es ver algunos videitos de Youtube, pegar mis fotos, escribir mis textos y publicar mi blog. ¿Cuántos Megaherzs y RAM necesito para eso? Este maldito ordenador no puede masticar chicle y tirarse un peo al mismo tiempo.

Cálmate María. Estoy muy agresiva y ansiosa. Sí, necesito calmarme, porque así no voy a ninguna parte. Pero es que el tratamiento no está funcionando. ¿Y si me cambio para los parches de nicotina? ¿Pero qué digo? Me estoy engañando a mi misma. Apenas estoy en el tercer día del tratamiento y si que está funcionando. Fumo menos y no he tenido tanta ansiedad. ¡Pero que coño! ¿Qué ganas voy a tener de fumar, si con una gotita del producto ese, el cigarrillo pierde su sabor, al disminuirle la cantidad de nicotina y alquitrán? Es como estar acostumbrado a un fuerte café negro, bien cargado, y luego querer beberse un descafeinado aguado. No hay quien lo trague.

Me apetece un cigarrillo, de los de verdad, sin NicoBloc. Ayer no pude aguantar y me fumé uno al medio día. No sé por qué será que, entre las once y la una, se me hace más necesario el cigarrillo. Mi cuerpo me agradeció recibir su dosis completa de nicotina. Pero la boca me quedó con un sabor amargo, la conciencia con un sentimiento de culpa, la mente con un grado de contradicción digno de los mejores estadistas, y mi organismo algo más cerca de la muerte que de la vida, aunque esto último no pueda notarlo conscientemente.

Tercera Parte

Buscando la forma

¿De qué me sirve este libro de auto ayuda? ¿Quiénes los escriben, realmente habrán hecho eso? Yo lo dudo. Son puras pijotadas.

<< Hay dos formas de eliminar un vicio arraigado. Una es encontrando el verdadero origen de los hechos que llevaron a su creación. Una vez encontrada la causa real, y eliminada conscientemente, el enorme muro de rocas que representa caerá por sí solo. Pero para ello pueden necesitarse muchas horas en el diván del psicólogo. >>

¡Sólo me faltaba eso! No me veo yo durante meses con ningún psicólogo. No quieren sino que hables y hables tú, sin ellos aportar nada. ¡Te da más consejo un cura en el confesionario, y no cobra! Los psiquiatras son peores. No quieren ni que hables. Tampoco les interesa. Solo quieren saber si estás deprimida, entonces toma antidepresivos; si andas muy vivaz y eufórica, toma relajantes; si estás muy ansiosa, pues antiansiolíticos. ¡No me fastidien! Es como el que afirma que bebe brandy porque le bajó la tensión. Y cuando lo ves tomando güisqui, te dice que para bajarla porque le subió demasiado. Así siempre justifica andar con una botella de uno y otro en cada mano, para equilibrar la tensión.

<< La otra forma es encontrando una fuerza superior a la del vicio, generalmente una motivación suficientemente fuerte, porque en la mente está el dominio sobre el cuerpo.>>

¡Váyanse a la mierda todos! La mente sobe la materia. ¡Qué fácil es decir eso, cabrones! Si tuviera ese dominio no habría llegado a este exceso de peso. En mi, la mayor fuerza la tiene el cuerpo, y no tanto por lo que pesa. ¿Y donde se consigue primero el dominio sobre la mente? ¿Puedo encargar un kilo de control mental por Internet, como si fuera Viagra? Habrá que ser un monje budista, o un lama, encerrados entre velas e incienso, meditando todo el día al sonido de campanitas, comiendo solamente una escudilla de arroz diaria. ¡Cómo quisiera yo poder pasar solamente con un plato de arroz! Ya habría resulto el problema del peso. ¿Incienso y velas? No harían más que recordarme el cigarrillo. Por donde lo mire no tengo escapatoria.

Tengo ganas de llorar. Es una tristeza indefinida. Siento que me lastra con una gran pesadez. No tengo ganas de hacer nada. ¿Por qué todo se me hace tan difícil y pesado?

<< Sobre todo es necesario sobreponerse, no caer en el síndrome del «pobrecita yo» porque te inmovilizará.>>

¿Este libro me está leyendo la mente o qué? Tomaré un trago de este brebaje que me dijeron que ayuda a relajarme. Porque o me relajo, o reviento, o estrello el monitor contra el piso.

Melisa, azahar, pasiflora, lúpulo, manzanilla y espino blanco. Si no fuera por el sabor que le da el anís estrellado lo mandaba al diablo. Tranquila. Pudo haber sido peor, con nabos, remolacha, pepino, espinacas, lechuga, ortigas, chicoria y alguna otra hierbaza de esas.

Una cosa es leer sobre los síntomas que produce la abstinencia de nicotina y otra es vivirlos. Quiero mi dosis de nicotina y alquitrán. ¿Por qué dejar de fumar? Hay miles de fumadores que mueren de puro viejos. ¿Por qué tendría que ser yo la excepción? Además, yo puedo dejarlo cuando quiera, en otro momento. Quizás cuando ya haya rebajado de peso, que debe ser lo que me está haciendo difícil la cosa.

Vaya, vaya. De verdad que estoy mal. Mis pensamientos se están torciendo otra vez. Menos mal que aún puedo razonar con claridad. Porque he escuchado decir que, en los casos más severos de los efectos de la abstinencia por alguna adicción, algunos llegan a perder la razón. Si puedo pensar con claridad y razonar, puedo superarlo.

No puedo dejar de pensar en esa alucinación del dragón. Era pavoroso. Siento que aún tiemblo. ¿Y qué quería hacer yo, matarlo a pellizcos? ¿Qué significará todo eso? ¿Qué jugarretas me está haciendo la mente?

La sensación de tristeza no se me quita, y el dolor de cabeza tampoco. Pero el hormigueo por la frente ya es algo más soportable.

<< Es bueno dedicarse a hacer algo, ocuparse en alguna actividad intensa y absorbente, que distraiga nuestra mente de la necesidad del cigarrillo. >>

Sí, muy sabias palabras. Podría hacer mil cosas, pero aquí estoy yo, sin hacer otra cosa que lamentarme, e incapaz de dejar de mirar la cajetilla de cigarrillos, y al reloj que no quiere avanzar para señalarme que terminaron los 50 minutos. ¡Cochino tiempo, que lento pasas cuando una más necesita que vueles! ¿Quién dijo que el infierno quedaba bajo la tierra? El infierno es una eternidad en un solo minuto de espera, durante las ansias por saciar el vicio.

FINAL

Encontrando la fuerza

♫ A la nanita nana, nanita eia, nanita eia; mi niña tiene sueño, bendita seia, bendita seia.♫

¿Qué fue eso? ¿Quién canta?

♫ A la nanita nana, nanita eia, nanita eia, mi niña tiene sueño, bendita seia, bendita seia. Fuentecita que corre clara y sonora, ruiseñor que en la selva…♫

¡Ah, es mi hija! Se ha despertado. ¿Cómo voy a fumar ahora? ¡Coño, no puedo hacerlo estando ella! No quiero que se contamine con el humo, que sus pulmones se manchen de alquitrán y su sangre se envenene con nicotina. ¿Y cómo podría decirle luego, cuando crezca más y pregunte, que ella no debe hacer lo que yo sí hago? ¡Si estoy haciendo este sacrificio solamente por ella!

― No hay mayor valor ante los ojos de Dios que el sacrificio hecho por amor a otros.
― ¿Qué? ¿Quién habló? ¿Quién dijo eso?

Ahora sí que alucino. Me ha parecido ver algo moverse junto a mi, como un fantasma como… como un ángel más bien. ¿Será que existen?

<<La otra forma es encontrando una fuerza superior a la del vicio, generalmente una motivación suficientemente fuerte, porque en la mente está el dominio sobre el cuerpo>>

¿Por qué mis ojos vuelven a leer ese párrafo?

― Ahí tienes la motivación que te dará la fuerza que necesitas para vencer al dragón.

Otra vez la voz, que viene de todas partes y de ninguna. ¿Es mi conciencia acaso? Pero otra vez he podido entrever esa extraña luminiscencia junto a mi. Fue muy fugaz, pero la capté por el rabillo de ojo. Bien se que, en ocasiones, para ver bien las cosas no hay que mirarlas de frente.

―¡Mami,mamita linda!
― Hola cariño. ¿Has dormido bien?
― Sí mami, porque sé que tú estás a mi lado, cuidándome.

¡Gracias, Dios mío! Teniendo a mi hija entre mis brazos puedo llorar, al fin. Pero no es un llanto amargo, ni de frustración. Son lágrimas de alivio. Toda la tensión que tenía acumulada en esta batalla del día a día, del minuto a minuto peleando con las horas, se está drenando y siento como desaparece. He visto la luz.

La ayuda, la comprensión y el soporte de mi esposo no me fueron suficientes. Pero por esta niña soy capaz de ir hasta el fin del mundo, y hablaría chino de ser preciso. Y por amor a ella puedo hacer cualquier cosa. No será un sacrificio, porque todos los esfuerzos que hacemos por nuestros hijos son por amor, y el amor es entrega incondicional, nunca sacrificio.

― Ven dragón infame, ahora si estoy lista y armada de valor. Ya tengo mi coraza y sé como  derrotarte. Ven a enfrentarme Nikotina, que serás el último dragón de tu especie.
― ¿Qué dices, mami?
― Nada importante, hijita. Recitaba parte de un cuento que te contaré algún día, cuando el ordenador funcione bien y yo tenga tiempo de escribirlo. Pero ahora vamos a ocuparnos en algo útil. Ayúdame a preparar la comida, para cuando papi llegue esté lista.

Nota: Este cuento es mi pequeña contribución a María Lohaan, en la batalla que libra en estos momentos contra la adicción al cigarrillo, y que, valientemente, y a pesar del esfuerzo adicional que le significa, ella reseña en diferentes post, como éste, en su blog MaryLohaan. No estoy seguro de que pueda ayudarla en algo, pero no tengo otra cosa a mi alcance.

A la nanita nana II

Actualización 19-01: En el blog de un fumador crónico que, poco a poco, con paciencia, parece estár logrando vencer al dragón, encontré un artículo que habla sobre las ocultas, maquiavélicas, y podríamos decir que hasta criminales, extrategias seguidas por las tabacaleras para hacer más adictivos los cigarrillos con su consiguiente aumento de consumo por parte de los fumadores.

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On this day..

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