
Para que cualquier sociedad funcione debe poner límites al comportamiento de los individuos. Porque los derechos de uno terminan justo donde comienzan los derechos del otro. Al que no le guste eso que se compre su propia isla privada.
No tiene sentido alguno la campaña del Prohibido Prohibir y otras más “por la tolerancia” que realizaron los fumadores en relación con la modificación que se gestaba en la ley antitabaco, que restringía fumar en numerosos sitios, principalmente en bares y establecimientos públicos. Ahora dicen que es una restricción a las libertades. ¡Por supuesto que es una restricción!, pero no a las libertades sino y al libertinaje.
Para muchos “ciudadanos” son una restricción a las libertades los límites de velocidad establecidos en las vías de circulación de vehículos, como lo son las que ponen límite a los ruidos, a las horas de cerrar los bares, a los botellones, a dejar los coches aparcados sobre las aceras, al uso libre de armas de fuego, a la monogamia y a tantas otras cosas. Pero, repito, la convivencia en sociedad requiere de esos límites, no a las libertades propiamente, sino al comportamiento de los individuos, y eso no tiene discusión. Mucho menos la tiene cuando se trata de la salud de un colectivo, amenazada por otro. Sigue leyendo →