Postulaba Murphy, en lo que algunos han llamado su ley básica o inicial, que si es posible que algo llegue a salir mal, saldrá mal. Sus observaciones, (que terminaron en 17 corolarios, pero que la gente ha ido aumentando), son una forma de explicar los infortunios, en una tendencia a enfatizar lo negativo, principalmente. Porque las situaciones negativas son las que más perduran en la memoria. Pero, para muchos, esas tendencias no son sino simples manifestaciones del pesimismo en el individuo.
Me viene a memoria el eterno discurso del optimismo frente al pesimismo, en la célebre referencia al vaso medio lleno, frente al vaso medio vacío. Dicen que los optimistas lo ven medio lleno, mientras que los pesimistas lo verán medio vacío. ¿O acaso es al contrario?
Pero, ante un recipiente que contenga una parte de líquido, ¿cómo saber cual de las posiciones es la optimista, y cual la pesimista?







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Un reflejo de mis ojos

Se dice que tan sólo los grandes casanovas y hombres de mucho mundo con las mujeres, son capaces de conocer cuando el silencio femenino es un “Sí” o un “No”. Y ellos, y solamente ellos, (más los actores en las películas, por supuesto) logran distinguir con precisión, cuando el “No quiero”, dicho por una mujer, es en realidad un “Sí quiero” encubierto. Ante la duda, los demás mortales debemos resignarnos al abandono honroso y gallardo, aún a riesgo de parecer algo pusilánimes. Porque el otro camino, el valiente (o el osado, según el nivel del caso), es el de exponernos a un rechazo, o aquizás a algo mucho más drástico.
Debido a motivos exclusivamente económicos, en muchos edificios residenciales va desapareciendo la figura de los clásicos porteros, que durante décadas conformaron toda una institución. Aunque debería decir mejor la “portera”, porque era esta la que solía fungir como tal, haciéndose también cargo de la limpieza mientras su marido atendía otro trabajo.








