El 25 de noviembre ha sido declarado día internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres. Bueno es que se haga eco de tan lamentable y grave situación. Y me gusta más que se utilice la vieja expresión de violencia contra la mujer, que la de nuevo cuño «violencia de género», como ya he manifestado en otro escrito. Yo no estoy de acuerdo con el matiz ese del «género», por más que lo hayan metido en una ley, a menos que, ahora, sea una palabra que aluda exclusivamente a las mujeres.
Pero yo preferiría ni siquiera matizar. Me gustaría que fuera el día internacional contra la violencia. Así, a secas. Contra la violencia del hombre contra la mujer, de la mujer contra el hombre; la violencia contra los ancianos, la violencia contra los niños; la de los padres contra los hijos y la de los hijos contra los padres. En fín, el día contra todo tipo de violencia, sin matices.
Tan poco pendiente como soy para estas cosas, no me di cuenta que llegaba y pasaba de largo el cuarto cumpleaños de este blog; que significaba mis cuatro años escribiendo para la Web.
Y si de despistados se trata, tampoco me di cuenta en qué momento los contadores de visitas marcaron el millón de despistados que, de una forma u otra, han pasado por aquí. Algunos se habrán quedado y leído uno, dos o más contenidos y habrán regresado otro día, pues tengo algunos parroquianos.
Otros, turisteando por la Web, habrán sido menos consecuentes y vendrán solo de tanto en tanto, aunque no sea más que por la gastronomía que aquí servimos, que si de algo nos sentimos orgullosos en este blog es de tener contenidos completamente originales; es decir, propios, aunque reconozco que sale más rentable copiar y pegar lo de otros. Por otra parte, un buen número de los visitantes que llegaron surfeando por la red habrán salido corriendo, al instante, buscando mejores olas, pues las que encontraron en las aguas alrededor de este faro en algún confín del universo no fueron de su agrado.
De todos modos, esto de llevar los conteos y estadísticas es para volverse locos. Cuando comencé, por eso de probar, instalé los dos contadores más utilizados en el momento: StatCounter y EcoEstadísticas. Por alguna razón que no recuerdo, cuando salí de bitacoras.com para alojarme en dominio privado, me quedé solo con el primero; pero sí recuerdo que las diferencias de conteo entre ambos eran muy significativas.
Los treinta y seis tripulantes del buque atunero español de nombre Alakrana, secuestrados en el Océano Índico por piratas somalies el 3 de Octubre de este año, tienen lo que se buscaron, ni más ni menos.
Quizás pueda restarle algunas responsabilidades a la tripulación en general que, en la mayoría de las ocasiones, no tiene ni voz ni voto en cuanto a decidir la ruta que seguirá el buque, y subírsela al capitán del buque y al de pesca, así como a los propietarios o armadores, que son quienes ordenan y permiten. Porque, si estaban, como se afirma, fuera de la zona de seguridad que se les marcó y, si, además, se encontraban faenando sin permiso dentro de aguas territoriales de la República Somalí, tienen, como he dicho, lo que se buscaron; le duela a quien le duela.
Con esto no quiero decir que no me solidarice con las tribulaciones que está pasando esa tripulación, ni con las angustias de sus familiares y allegados; pero no los lloro. Soy una persona sensible a las penalidades que pueda sufrir cualquier gato, perro o pájaro silvestre, por lo que soy aún más sensible al dolor humano. Pero no lloro a quien no conozco; sería irracional. Porque, en caso contrario, viviría sumido en un mar de lágrimas, ya que, cada segundo, mueren centenares de personas en el mundo.
Pero hablamos de responsabilidades.








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