A los gordos no los trago

caracol en un mango curbo de cayado A los gordos no los trago, debo confesarlo. Es algo más fuerte que yo. Lo he intentado, créanme que lo he intentado. He puesto mi mejor voluntad y esfuerzo, mas no ha servido de nada.
Un gordo, quizás hasta dos, en medio de otros normales puede ser soportable para mí; pero cuando veo media docena o más juntos es que se me revuelve el estómago.  ¿Será que los prejuicios me estén jugando en contra? Es posible, no lo niego.

Hay veces en que es difícil predecir en qué forma se reaccionará ante determinadas circunstancias no experimentadas antes. Otras veces solo con imaginártelas estás seguro de que nó podrás. Por ejemplo, yo nunca he comido ninguno de esos gordos gusanos blancos, que resultan la delicia de  aborígenes australianos y de muchas tribus del amazones y otras selvas. Sin embargo estoy seguro de que yo no podría hacerlo. Solo de pensar que tengo que morder aquello blando y lleno de… me vomito encima. Pues con esto de los gordos me ha resultado algo similar.

De joven me acostumbré a comer bígaros cocidos;  esos caracolitos de mar. En Gijón te los daban  en casi cualquier parte. Los ponían dentro de un cucurucho de papel y, sacándolos de su cascarón con una alfiler, los ibas comiendo por la calle como si fueran pipas. Pero ya no se trata de eso.

En Gerona, mi prima Ángeles preparaba en ocasiones caracoles guisados. No tuve  problemas las dos veces que los comí. Tenían un tamaño de moderado a pequeños. Quizás sea ese el secreto. Bien condimentados se dejanban pasar. Pero los gordos ¡hay los gordos!

cazuela de caracoles guisados

Un  buen día en Asturias, a mi papá le dio por preparar unos caracoles guisados, recién  recogidos en una nuble mañana lluviosa.  Los niños que los fueron a buscar se esmeraron en agarra a los más grandes y gordos: suculento bocado para gallinas, supongo. Que desde que ya no andan sueltas por las callejas de los pueblos, estos moluscos gasterópodos abundan a punta de pala. por mi pueblo.
Cuando yo los vi en el plato me pareció que hasta se movían. Estuve largo rato indeciso, hasta que me decidí a comer uno.  ¡Dios mío, que horrible fue aquello!  No sabía si masticarlo, tragarlo entero o escupirlo. No quería ni darle vueltas en la boca. Decidí terminar de comerlo. Fue el primero y el último esa vez. Durante el resto del día y la noche sentí que el caracol aquel me subía y bajaba por la garganta.

caracol sobre una hoja de berzaLo dicho. Los pequeños, bien preparados todabía podría comerlos. Pero los caracoles gordos no los trago, en serio, no los trago.  De todos  modos, de pensar que a los bichitos hay que cocinarlos vivos se me quitan los ánimos, se me enfria el guarapo. Será por eso que tampoco como langosta.

Imagen de la cazuela de caracoles: Receta de El Almirez, vía la verdad.es

On this day..

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Una Respuesta a A los gordos no los trago

  1. nemolinx dijo:

    Desde que conocí a un malayo hace unos años sigo su mismo principio a la hora de comer; él decía: “Comer es comer”. Ésto me lo dijo mientras estábamos en China. Siempre he dicho que estaría dispuesto a comer cualquier cosa que otra persona comiera siempre que fuera algo corriente en ese lugar. Estoy seguro que habrá muchas cosas que no me atreveré a probar, pero algo me incita siempre a arriesgarme. No son tanto las formas de los alimentos lo que me repugna sino los sabores. Un saludo.

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