Amina y Zahir, dos almas gemelas

el autor con la novela Amina y ZahirYa está publicado el tomo I de «Amina y Zahir, dos almas gemelas», segunda parte de la trilogía «Almas gemelas».

Es normal que, como escritor, me pregunten cómo me llegan las ideas para un cuento o para una novela. No hay una fórmula, y las formas han sido muy diferentes. Cualquier situación puede ser el estímulo necesario. Son muchos los que me han preguntado cómo me llegó la idea para esta trilogía, cuya segunda parte sobrepasa las 2500 páginas. Pues lo voy a decir de una vez:

Fue hace unos años atrás, estando en Caracas en una iglesia, durante la primera comunión de Laura, mi sobrina y ahijada. Estaba yo allí, pendiente de cosas y situaciones a las que, supongo yo, los feligreses no suelen prestar atención, pero yo sí, que poco interés en la liturgia tenía. En el momento en que todos aquellos niños y niñas recibían la comunión, me llegó a la mente una frase: La comunión de los ángeles. ¡Qué título tan hermoso para una novela!, me dije yo.

Al día siguiente tenía yo en la mente listo el esquema de la trilogía en sus tres distintos ambientes, épocas y situaciones; con las principales escenas y personajes en cada una. Lo demás fue tomar algunas notas y hacer lo que usualmente yo hago: dejar que mi mente vaya trabajando en ello hasta que me ofrece la película completa. Pues como una película es que yo suelo verlo. Que luego simplemente voy describiendo y tecleando en el ordenador. ¡Qué me haría yo sin él! No me imagino haber escrito esta última en una máquina de escribir.

Escribir sobre lo que ya sabes y dominas es sencillo. Pero escribir una novela sobre un tema que te va a resultar difícil y hasta complicado no solo resulta interesante y atractivo, sino que, en mi caso, te termina enamorando por completo.

¿Cómo hacer para escribir sobre lo que no sabes? Muy simple: aprendiendo.

Hay una frase que leí hace muchos años, creo que de Richard Bach, aunque ya no estoy seguro, pero no importa. Decía que uno enseña mejor aquello que más necesita aprender. Es algo que yo he podido comprobar a lo largo de mi vida, una y otra vez, por lo que para mí ya no tiene discusión. Cuando yo comencé a escribir la segunda parte de mi trilogía Almas gemelas no lo sabía; no sabía que yo necesitaba aprender. Luego me di cuenta de sobre qué necesitaba aprender yo. Y ya terminando de escribirla comprendí qué era lo que yo necesitaba aprender… o descubrir. Yo mismo me sorprendí.

Me preguntarás: ¿Aprender sobre qué? Pues para escribir sobre una novela que transcurre en el año 1100, que involucra una relación amorosa entre un joven cristiano y una joven musulmana, con un montón de personajes, la mayoría musulmanes, enseguida me dí cuenta del berenjenal en el que yo me había metido. Yo necesitaba saber sobre el Islam, lo cual implicaba, entre otras cosas, leerme el Corán; sobre los musulmanes, sus leyes y costumbres, lo que comían y vestían, cuánto se daba de dote en un matrimonio, la lengua árabe; sobre griegos, bizantinos, hititas, sumerios y las civilizaciones mesopotámicas en general; la edad media, la Primera Gran Cruzada, el cisma de 1130 en la Iglesia Católica Romana, la Iglesia Ortodoxa; templarios y otras órdenes caballerescas, castillos y monasterios; desiertos y estepas, el desierto sirio, el río Éufrates, tormentas de arena, simunes; el caballo árabe y sus leyendas, camellos y caravanas; las naves de remos y vela de la época y sus singladuras, mitología… Y pare usted de contar, pues yo podría seguir muchas líneas más con la enumeración de todos los temas sobre los que yo tuve que investigar.

¿El esfuerzo? Veintidós (22) meses de trabajo. Más de 6.300 horas (*) de dedicación directa, con días de hasta 14 horas más las extras: investigación en bibliotecas e Internet, dos cursos de postgrado especializados en leyes y temas musulmanes, realizado en el CESIC; entrevistas con profesores universitarios, investigadores en diversas áreas semíticas, arqueólogos…, viajes, idas y venidas. ¿El resultado? Una novela con un total de más 2.500 en cuatro tomos.

¿Satisfacción personal? ¡Plena y total! Sea cual sea el resultado comercial. Porque es mucho lo que yo disfrute escribiéndola, hasta el enamoramiento; sobre todo, lo que aprendí. Eso lo tengo ya como ganado. Y quienes ya la están leyendo me dicen que la están disfrutando.

Por otra parte, esta novela, en sus cuatro señores tomos, equivale también a cuatro novelas. Así que yo puedo decir, con toda propiedad, que llevo tres títulos publicados, pero seis novelas escritas.

El intentar aprender sobre la lengua árabe ha sido una locura. Esto como que hay que comenzar a aprenderlo a los 16. Yo no sé si al final me meteré en algún curso, aunque me dicen que el persa es más sencillo para los latinos. Pero lo menos que he podido hacer es, no solo a aprender a escribir Amina y Zahir (y te recuerdo que estas lenguas se leen de derecha a izquierda),

Amina y Zahir, escrito en lengua arabe

Amina y Zahir

 

sino también el nombre de Alá.

El nombre de Alá escrito en lengua árabe

Allah

Así como he hecho con mis dos novelas anteriores, en mi sitio web como escritor, de Amina y Zahir dos almas gemelas están disponibles para su descarga gratuita (en diferentes formatos de ebook y en pdf) los doce primeros capítulos, que son 400 páginas. También hay muchos extras.

(*) Si 6300 horas no te dicen mucho, entonces te diré que llevadas a semanas de 40 horas laborales son más de tres años de traban, sin puentes ni vacaciones. Y no cuento las “horas extras”

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