AVATAR, algo más que una película

He visto la película de James Cameron, AVATAR. Por supuesto que en 3D. Para quienes la han visto y para quienes no, les hablaré de la sorprendente película que yo vi, y de las impactantes y hermosas imágenes que lograron cautivarme.

Una trama sin tiempo ni espacio.

La trama es totalmente atemporal. Tomemos la huida que hacía los Na’vi del clan Omaticaya escapando a la destrucción del colosal árbol que había sido su hogar milenario. Con las llamas y el humo como telón de fondo, me pareció ver incas o actecas escapando de Pizarro y Cortés, los conquistadores españoles. Pero bien pudieron haber sido los indios norteamericanos durante la época de la conquista del Oeste, o los éxodos más recientes y actuales en Vietnam, el Congo, Angola y tantos otros sitios.

La eterna ambición comercial

A pesar de la innegable inteligencia y sagacidad de Parker Selfridge, encargado de la misión minera en Pandora, sus significativas palabras son propias de un necio materialista escéptico, cuando, refiriéndose al árbol que los Na´vi llaman Árbol Madre y es su hogar, dice que no es más que un maldito árbol, que allá afuera hay miles y pueden buscarse otro donde vivir. Palabras que replican otras muchas que se han pronunciado: “Es tan solo una maldita montaña, pueden buscarse otra y hacerla sagrada; total, a ese montón de indios no les interesa el oro”. Y las que aún se pronuncian hoy día: “Son tan solo unas cuantas chozas, ya encontrarán otro claro en la selva” Lo de siempre, a las compañía comerciales solo les interesan los buenos resultados económicos trimestrales.

“Esos salvajes harapientos que viven en un árbol están amenazando nuestra operación minera” (con su negativa a irse), alegaba Selfridge. Son las mismas relamidas palabras que los conquistadores-expoliadores han venido utilizando por siglos. ¿Les suenan? El fuerte siempre avasalla al débil. A punta de armamento superior llegamos a un sitio, echamos a los aboríges que han estado allí por siempre, agotamos los recursos y nos vamos; o nos quedamos y adueñamos de todo. Ellos siempre son salvajes ignorantes carentes de derechos. ¿No se conquistó América de esa forma? Y no fue hace tanto.

Miles de años destruidos en un minuto.

Para proteger los interese económicos de una compañía minera a más de seis 4,6 años luz de distancia, el grupo de militar al cuidado de las operaciones en Pandora, simplemente porque estorbaba, no tuvieron el menor empacho en hacer volar en pedazos un indescriptible, inimaginable y gigantesco árbol de más de 300 metros de altura. En un minuto destruyeron quince mil años de vida. La idea de que tal maravilla debiera haber sido declarada monumento natural número uno, patrimonio de todas las humanidades, nunca llegó a cruzar ante los miopes ojos de aquella gente que tildaba de salvajes a los aborígenes Na’vi.

Otra vez la carga de la caballería

Como digo, la trama de la película es atemporal. En este caso, la película AVATAR nos muestra, otra vez, a la caballería cargando contra los indios pieles roja; en este caso azules.
Pero no se trata siquiera de lanzas y flechas contra rifles de repetición. La desproporción es equivalente a palos y piedras contra naves blindadas, bombas y cañones.

El personaje del coronel Miles Quaritch refleja muy bien el arquetipo militar. Es un excelente y eficiente soldado, sin dudas, y un gran líder de tropas, pero obcecado, interesado solo en completar su misión. En su estrecha mente no cabe otra cosa. Por si fuera poco, cree tener ante sí a seres inferiores, a quienes no puede ni calificar de humanos. Ignorancia bruta contra el conocimiento sutil. Desprecio por los que no son sus iguales y por todo lo que no sean sus manuales de marine, su jerga de marine y su vida de marine. Me recordó el desprecio que el hombre blanco tuvo en su momento por el negro, por el piel roja, por el piel amarilla, por el de piel cobriza y por tantos otros, más allá del color.

En mi opinión, James Cameron, en AVATAR no solo logra una trama sólida y creíble, sino describir con sus imágenes un mundo con un entorno natural privilegiado y envidiable. Hace un retrato sobresaliente de una cultura de seres, los Na´vi, que están total y absolutamente compenetrados e integrados con la naturaleza animal y vegetal de su entorno, así como en el conocimiento de la energía universal y el sentir básico de que, esa energía que anima a todas las cosas, no se destruye sino que se transforma; seres con quienes no me importaría vivir lo que me reste.

La comunión con la naturaleza.

La concepción que el pueblo Na’vi tiene, y que la Dra. Grace Augustine (Sigourney Weaver) expone, de los árboles interconectados a través de sus raíces cual una intrincada red neurálgica, como un todo, reteniendo algo del espíritu de las cosas, no nos es extraña a muchos. Sabemos que el sentir del árbol consumido por las llamas o talado por las sierras, es percibido por el último árbol en el extremo más alejado del bosque.

El respeto que los Na’vi tienen por todo su entorno y por los animales, incluyendo el profundo sentimiento de tristeza ante las muertes innecesarias y el sufrimiento agónico, me recuerda al que tuvieron ciertas culturas en nuestro planeta.

Su armonía, empatía y comunión con el medio ambiente, al igual que su sentido de la compleja interrelación del ecosistema, me parece superlativa. Resulta un poderoso mensaje para todos nosotros, que tan necesario nos viene en este momento en que tanta importancia cobra cosas como el agotamiento de los recursos, el cambio climático y la biodiversidad.

Pero ese detalle de que los Na’vi puedan conectarse mentalmente con los animales e incluso con ciertos árboles, enchufándose a través de un enlace físico, me pareció el toque imaginativo maestro.

Porque si eso se asume que corresponde a un nivel “primitivo”, querría decir que, en el nivel evolucionado en el que nos suponemos estar nosotros, ya deberíamos realizar esa conexión en forma psíquica. Pero no solo no lo hacemos de ninguna forma, sino que, al parecer, para la mayoría de las personas cualquier tipo de comunicación con ellos carece de sentido y propósito. Para mi forma de verlo, Cameron ha plasmado en esos singulares humanos (que no les llamo humanoides) con cola y rasgos felinos ¡que combinación tan hermosa! de la luna Pandora, lo mejor que tenemos los seres humanos del planeta Tierra.

Un mundo asombroso y una divinidad sin intermediarios.

En la exuberante Pandora, extraordinariamente rica en fauna y flora descomunal, que James Cameron nos pinta como un alucinante vergel, merece mención de honor por mi parte esa peculiar concepción de un mundo en donde la oscuridad de la noche no es la dominante absoluta.

Allí la naturaleza provee todo lo necesario. Entre la luz solar que refleja Polifemo, el inmenso planeta gaseoso al que Pandora orbita,

más la luminiscencia natural de las plantas, algunas de las cuales me parecieron enormes y primorosas lámparas de Strass colgadas de los ciclópeos árboles, no se necesita nada más.


¿Algún sitio mejor como modelo para un Eden?

No es de asombrar, entonces, que los Na’vi crean en una divinidad a la que denominan Eywa, cuyo espíritu se manifiesta en cada ser vivo. Tiene un punto focal de manifestación energética en el que llaman Arbol de las Almas.

A través de él y los árboles de las voces, cada quien puede conectarse con ella directamente, para dejarle sus pensamientos y escuchar los de sus antepasados. Ellos creen que la energía que todo ser vivo tiene es algo que se lleva prestado y que, al final, tendrá que ser devuelta. ¿Les suenan familiares esos conceptos? A mi me parece lo más cercano que se pueda imaginar a eso que muchos, tan solo por referirnos con algún nombre, llamamos Dios. Y creo que es un concepto bastante más adecuado, e incluso más avanzado, que el de un viejo de barba blanca sentado sobre una nube, como durante miles de años lo han presentado las sociedades que se dicen modernas.

Viendo como Cameron presenta la manera en que los Na´vi vivían, ¿acaso puede resultar absurdo que no quisieran nada de los “avanzados” seres venidos de las estrellas? ¿Qué les podían dar? ¿Carreteras? ¿Para qué las querían? ¿Acaso ropa, espejitos, cuentas de colores, cerveza, un secador de pelo o una Nintendo? Quien tiene todo lo que necesita no requiere nada más.

Puedo entender perfectamente que Jake Sully, de tanto estar imbuido en el cuerpo del AVATAR y viviendo entre los Na’vi, fuera, poco a poco, sintiéndose en ese entorno mucho mejor que en su propia vida como el ex-marine de un mundo donde todo verdor de naturaleza había sido eliminado. Más evidente resultaba el cambio de la Dra. Grace al fundir su mente con su AVATAR. Sus neurosis humanas desaparecían y se sentía más relajada y feliz.

¿Mis críticas a la película AVATAR?

No las tengo. Si las esperabais lamento desilusionaros. Yo no encuentro nada que criticarle. Muy gustosamente hubiera estado otra hora adicional sentado en la butaca, viendo más. En realidad me supo a poco. No me sorprende que hablen de hacer una secuela; hay mucha trama para desarrollar. ¿O piensan que la compañía minera terrestre va a dejar las cosas así? La trama de ciencia ficción transcurre en el año 2154, pero parece que aún no existía la Federación de Planetas Unidos que declarase a la luna Pandora protegida, ni existía la nave estelar Enterprise,  o estaba muy lejos, a muchos cientos de años luz, ocupada en algún otro lejano cuadrante.

Para mi, la película AVATAR es perfecta tal como está, incluidas las delirantes escenas bélicas, en las que nos muestran trajes-armaduras PAN y aeronaves de combate devastadoras e intimidantes, cuya sola presencia bastaría para congelar el alma a cualquier veterano soldado en el campo de batalla.

Sin embargo, la película también hubiera funcionado perfectamente sin esas escenas. La fuerza de las imágenes del mundo creado, sus plantas, sus insectos, sus animales y sus humanos, por sí mismas dan para contar muchas historias. Daban para mucho más los esfuerzos de aprendizaje e integración de Jake Sully con el Clan Omaticaya y, por supuesto, su progresiva y obvia relación sentimental con Neytiri. Esa parte me recordó un poco a la película “Un hombre llamado Caballo” (1970),  con El extraordinario actor Richard Harris.

Una mujer de carácter

Me alegra que Cameron haya incluído mujeres de carácter en la película. Por la parte de los terrícolas, fuera del importante rol asignado a la Dra. Grace, dirigiendo la misión científica, si no fuera por el papel de Trudy, la piloto del helicópero de la espedición, entre las tropas no se ven mujeres combatiendo.

De los Na’vi, el papel fundamental es el de Neytiri. Podemos, sin dudar un momento, definirla como la propia heroína. La interpretación de Zoe Saldana en ese difícil papel da como resultado una mujer de cualidades excepcionales, preocupada por el bienestar de su pueblo, al que algún día dirigirá, y capaz de luchar y defender a quienes ama, y dar su vida por ellos.
En su figura atlética ella combina la gracia y agilidad de un felino; una belleza misteriosa, dada por sus grandes y separados ojos amarillos; una fuerte dosis de sexualidad y una enorme fortaleza, tanto física como de carácter.
Todo ello sin perder su feminidad ni temer tampoco demostrar su vulvenrabilidad como cualquier otro. Supongo que el personaje de Neytiri pasará a formar parte del selecto listado de mujeres relevantes que las novelas y el cine nos han dado.

Las ideas.

¿De dónde sacó James Cameron las ideas para imaginarse todo eso que refleja en AVATAR? ¿En qué mundo de qué galaxia las vio y las trajo aquí para recrearlas? Supongo que la mayoría pensará que las sacó de la imaginación, con ayuda de algún grupo de creativos. Total, no se trata, estrictamente, de una trama de ciencia ficción, sino del traslado a un escenario de otro mundo posible, de situaciones que tantas veces han sucedido ya en este. Pero la denominación de “ciencia ficción” con que antes se conocía al género, hace años que se cambió por la de “ciencia anticipación”. Porque resultó ser que, aquellas supuestas ficciones seudocientíficas de muchos escritores visionarios, desde Julio Verne a nuestros días, terminaban convirtiéndose en realidad. Ellos tan solo anticipaban lo que sucedería décadas más tarde.

Hace mucho leí en alguna parte que el ser humano no tiene capacidad para imaginarse algo que previamente no conozca. Por la reflexión sobre eso durante años, en mi Koan zen particular esa etapa,  llegué a la aceptación de tal afirmación. Está muy acorde con las ideas de quienes creemos en la pluralidad de existencias.

El mundo de Pandora, sus insectos, animales terrestres y voladores, plantas, montañas flotantes y cascadas que caen desde las nubes, han sido logrados de una forma ta convincente que nos resultan hasta familiares. Pero la epítome de todo es el extraordinario logro de esos seres azules, producto de la mezcla de una excelente y muy cuidada actuación humana, unida a las técnicas más avanzadas, casi inverosímiles, de la tecnología digital. Considero que, en la interpretación de los Na’vi, ningún actor profusamente maquillado y acartonado hubiera conseguido tal riqueza de expresiones, delicadeza de movimientos, casi felinos, y credibilidad. No me sorprendería que fueran los disfraces de moda para los próximos carnavales, y que hasta marcaran tendencias en el maquillaje.

Sumando una más a las películas que añoro.

He visto muchas películas en mis sesenta años de vida. Algunas de ellas muy buenas. Pero intentando hacer memoria para definir las que de alguna forma me hayan marcado, que merecieron la pena verlas, ya no una, sino más de dos veces, tan solo me vienen dos: 20.000 leguas de viaje submarino (1954),  con Kirk Douglas. Película que, en la década de los cincuenta, resultó una aventura extraordinaria para los exaltados sentidos de un sencillo niño de nueve años. De allí ya salto más de veinte años hasta Star Wars (1977).  y Supermán (1978).  Ahora, treinta y tres años después, llega el turno de AVATAR. Podría verla todas las semanas y quizás me sucediera como con la lectura del libro Juán Salvador Gaviota,  de Richard Bach, al que nunca me cansaré de releer, sabiendo que, cada vez, oculta entre sus líneas encontraré una enseñanza nueva que se me pasó por alto la anterior. ¡Hay tanta sabiduría en la simpleza relacionada con los animales!

Diez mil quinientos años dan para haber visto mucho de este mundo. Pero, en ocasiones, desearíamos poder regresar a las cosas sencillas. ¿Dónde puede uno apuntarse a la primera expedición a un planeta o luna como Pandora? Solo me interesa boleto de ida. Quizás allí mi locura pueda encontrar arreglo (como le dijo Mo’at a Jake Sully).

Gracias, James Cameron, no tanto por darme con AVATAR una extraordinaria película y una historia fascinante y conmovedora, sino por permitirme una experiencia cinematográfica única, que recordaré por el resto de mis días y que ansío repetir. No me hagas esperar otros treinta años por la siguiente, porque no sé si los tendré.

Recomendación final.

Ahora, si han tenido la paciencia de leer hasta el final, les recomiendo este interesantísimo y amplio artículo en donde se explican los entretelones de la película: técnicas utilizadas para la realización, detalles y anécdotas del rodaje durante sus dos años, la preparación por la que tuvieron que pasar los actores y muchas otras cosas que, al menos a mí, me resultaron de gran interés. Considero que merece la pena leerlo si quieres comprender algo mejor todo el esfuerzo que significó la realización y producción de la película. Quizás luego quieras salir a verla de nuevo, para captar todos esos detalles que se te pasaron por alto.
¿Te fijaste que los Na’vi solo tenían cuatro dedos?
¿Sabías que su dialecto fue creado completamente por expertos linguísticos, estableciendo sus propiedades estructurales, una gramática precisa y normas de pronunciación, llegando a un vocabulario de más de mil palabras.
No, AVATAR no es una película más, y mucho menos podemos llamrla una película cualquiera. Marcará tendencias.

Como se hizo la pelicula AVATAR

On this day..

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12 respuestas a AVATAR, algo más que una película

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