Bajo la piel de una mujer

Foto Naiad, por Angelicatas.

Naiad, por Angelicatas

Hoy es el Día Internacional de la Mujer.
Para mí es solo una fecha más, tal como el día del padre, de la madre, del estudiante, del abogado…
¡Feliz año a todos!
No, no estoy desvariando ni perdido en el espacio. Lo usual, en la convivencia diaria, es desear a los demás que tengan un buen día. ¿Qué quita que cada día uno pueda desear que, más que un solo día, tengan un buen año? ¿Por qué acordarme de mis padres o de mis hijos un solo día al año? ¿Por qué hacerles regalos solo un día?

Este será el Día Internacional de la Mujer, pero para mí cada día es el día de la mujer. Porque ella es la criatura más excelsa que haya sido puesta sobre la tierra.

«Respecto a las mujeres, yo apenas alcanzo a reconocer que son las criaturas más hermosas y subyugantes que Dios ha puesto sobre la tierra. Tan solo con una mirada ellas son capaces de hacernos cruzar el desierto. Aunque también sé que, cuando nuestro corazón queda hechizado por una, el agua deja de ser refrescante y la suave brisa del atardecer no calma el ardor que sentimos. Nuestro caballo favorito deja de interesarnos y el sol no brillará igual, hasta que la sonrisa de la amada no nos deslumbre y sus dedos de terciopelo no acaricien nuestro rostro».
Zahir Malakayn (*).


Iceberg
Esta fotografía del iceberg la encontré en la Web y me pareció muy hermosa. Durante muchos años practiqué la pesca submarina deportiva, y más que un hombre casi llegué a ser un pez, con lapsos de seis horas sin salir del agua. Por eso valoro la belleza submarina. Y puedo imaginarme el embeleso con que ese buzo contempló la superficie sumergida de ese iceberg (el original) y los juegos de luces. La simple contemplación de la imagen es grandiosa. Pues a mí me trajo a la mente el símil con la mujer. La colgué en mi Facebook. Para mi asombro, en un mensaje privado recibí unas expresiones bastante ofensivas de una fémina, por cuanto ella entendió todo bajo una connotación sexual y algo más. No le respondí. ¿Para qué? Supongo que fue una de esas ultra feministas desorientadas en la vida.

Hace un par de años, al entrar yo en un hotel en Madrid, venían detrás de mí unas personas. También salía una mujer bastante bonita. Yo abrí la puerta de cristal y le cedí el paso a ella. El resultado fue que, con cara agria y voz destemplada la mujer me espetó la frase: ¡Machista!

Los que venían tras de mí se quedaron más fríos que yo. No suelo responder nada en situaciones semejantes, pero a esta le dije: «Si así fuera, lo mío tiene remedio, pero tu estupidez no».

Si ella hubiera dicho lo mismo, pero con una sonrisa, la contradicción hubiera sido simpática. Pero lo que hubo en su actitud y modales fue absurdo. Y es que las hay que de mujeres solo tienen el caparazón. Afortunadamente, en el mundo no todos los hombres son machistas —que los hay a punta de pala— ni todas las mujeres son… como aquella —que al parecer son más de las que uno pensaba.

Así como se dice que nadie desprecia un dulce, todavía hoy las mujeres no desdeñan la sonrisa amable masculina, el gesto educado y hasta el piropo elegante y sentido, ensalzando su cualidad de mujer. Como oficiante de bodas yo he asistido a cantidad de oficios de matrimonios civiles. Algunos entre dos hombres y otros entre dos mujeres. Uno hasta de una feminista. Pero en ninguno, absolutamente en ninguno, la mujer dijo que ella era la que iba a esperar adentro la entrada del novio.

Mi fotografía del iceberg y mi reflexión comparativa no la hice con ninguna connotación física, mucho menos sexual. Que tampoco viene descabellada. Porque, al menos para mí, bajo la ropa de la mujer se esconde la mayor perfección del arte del Universo, llegado a su máxima expresión. Porque en una mujer hermosa las únicas líneas rectas están en sus huesos. Sus curvas, como el mejor desierto de dunas, son capaces de marear hasta el camello más veterano.

Las mujeres son como los icebergs. Lo que ves de ellas es tan solo una pequeña parte de lo que son. Lo que queda oculto debajo es lo mejor. Solo cuando te sumerges te das cuenta de que, todo aquello, supera con mucho tus mayores y más deliciosas fantasías.

Esto lo dije yo refiriéndome a lo que hay bajo la piel de una mujer: su esencia femenina, su alma de mujer. La naturaleza no solo las hizo más fuertes que al hombre, al prepararlas para los rigores del parto. No solo las hizo tener una mejor apreciación de los colores y ser más sensibles, más sensitivas, más dulces; más comprensivas, más tolerantes, más resignadas, más abnegadas, más dedicadas. Porque todo eso, y más, lo necesitan para ser madres. La naturaleza también las puso sobre la tierra para que el hombre, con toda su testosterona siempre alborotada pensando en combates y luchas, no llegara a destruirse a sí mismo. Más que de mujeres, yo casi prefiero hablar de ángeles en cuerpo femenino, para llenar de amor el mundo.

«¡Ah, las mujeres! ¡Divinas creaciones de Alá! Que con un simple no, ellas pueden destruir la vida de un hombre. Así como, con una simple sonrisa, ellas pueden sacarlo del más profundo foso y devolverle las ganas de vivir». Jeque Hudhayfa Ibn Marwan.(*)

«El alma de una mujer es la obra perfecta de la creación». Es un pensamiento que alguien colgó en Facebook, atribuido a Confucio. Yo no sé si es de él o no, pero no importa. Estoy totalmente de acuerdo.

En verdad lo digo: a mí me gustaría poder meterme bajo la piel de una mujer, para ver si puedo entenderlas un poco más y saber en realidad cómo son. Si estar sobre su piel es el placer más sublime, estar bajo su piel ha de ser rozar casi el conocimiento de la divinidad.

Nada me gustaría más que una mujer me dijera aquello de: te llevo bajo mi piel. Porque yo sí que las llevo bajo mi piel. ¿Recuerdan la canción de Frankie Vally y Las Cuatro Estaciones?

Aunque yo preferiría que me la cantara, muy cerquita del oído, una mujer tal como Diana Krall. Simplemente irresistible. ¿Qué podría negarle yo? ¡Nada!

¡Feliz día de la mujer! A ellas, a todas esas criaturas que se sienten mujeres.

(*) De la novela «Amina y Zahir, dos almas gemelas».

Como imagen de portada pensé en colocar la famosa Maja Desnuda, de Goya. Luego había elegido un cuadro de un desnudo, de Francecs Serra, pero terminé decidiéndome por esa imagen “Naiad” de Angelicatas. Se trata de “un fotógrafo de Madrid cuya base principal de trabajo es el desnudo artístico femenino, orientado más a la parte natural y sensible que une cuerpo y alma.” Porque, se diga lo que se diga, la hermosura del cuerpo femenino ha dado y seguirá dando temas de inspiración para la sensibilidad de los verdaderos artistas, sea que utilicen el pincel o la cámara fotográfica. Les recomiendo ese sitio web en donde está la imagen. Es un compendio de verdaderos artistas

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