Cosas del exceso de inmigrantes

Los relojesYo pensaba que eso de hacer largas filas en la calle, desde tempranas horas de la madrugada para poder realizar un trámite en una oficina pública era cosa de los países que han dado por llamar del Tercer Mundo. Poco me esperaba que también sucediera en la propia capital española, para algo, aparentemente tan simple como obtener copia de un acta de matrimonio

En mayo del 2004 necesité una partida de nacimiento, y como estaba en Asturias, aproveché y fui a Cabañaquinta, en el Concejo de Aller. En cinco minutos salía con mi partida de nacimiento en la mano. Al fin y al cabo, el trámite se reduce a buscar el documento en el libro donde se encuentra asentado, sacarle una fotocopia a la página, estamparle los sellos y que lo firme la persona autorizada.

La última semana de octubre del 2005 necesité un acta de matrimonio con menos de tres meses de emitida. Como estaba en Madrid decidí solicitarla en el Registro Principal. Por eso, previamente informado del procedimiento, a las siete y media de la mañana llegué al Nº 16 de la calle Montera, a unos pocos cientos de metros de la Puerta del Sol. Encontré a más de una veintena de personas que ya hacían una fila que doblaba por la calle de La Aduana. La mayoría eran inmigrantes. Siendo previsor, yo me había abrigado adecuadamente para una larga espera, cosa que me vino muy bien, porque el frío apretaba esa mañana. No entendí como algunas de aquellas personas, con un color de piel que gritaba su origen tropical y caribeño, podían soportarlo calzando sandalias y vistiendo ligeras prendas y un jersey. Pero supongo que la necesidad absoluta lo resuelve casi todo.

Poco antes de las nueve pasó una vigilante del Registro entregando los números para el orden de atención. Con el turno ya asegurado, fui junto con un matrimonio catalán hacia el cafetín más cercano, para tomar un café bien caliente con una ración de porras bien aceitosas que me subieran un poco las calorías. Después regresé a formarme en la fila que ya había avanzado algo. Y también había aumentado considerablemente siguiendo aquella callecita lateral que estaba en obras.

La vigilante autorizó pasar cinco personas más y subí por unas escaleras para hacer la fila en el primer piso. Por lo menos allí se estaba caliente. Poco más tarde solicitaron que avanzaran los tres siguientes, y bajé por otra escalera hasta los mostradores de atención al público en la planta baja.

Presenté el Libro de Familia y, para facilitar las cosas, entregué una fotocopia de una acta de matrimonio. El hombre se fue, regresando a los cuatro o cinco minutos. Me dijo que había un problema, porque mi partida de matrimonio, asentada originalmente en los libros del Consulado de España en Venezuela, no les aparecía en los libros que llevaban en el Registro. Trató de explicarme que el matrimonio tenía muchos años (32 años en ese momento, para ser exactos) y que allí solamente tenían los libros consulares desde la caída del régimen. Por ello, me dijo que tendrían que pedir la certificación a Caracas, cosa que tardaría unos dos a tres meses, tiempo del que yo no disponía.

Le dije que, dos o tres años atrás, yo había solicitado allí mismo otra acta matrimonial y me la habían dado sin problema alguno, razón por la que no entendía que ahora afirmaran que no existía el libro. El hombre me dijo que buscaría mejor y se fue nuevamente. Regresó poco más tarde con un grueso libro en el que me mostró el acta del matrimonio. Me indicó que tomara nota del número de ese libro registral, para que no tuviera problemas en su localización la próxima vez, y me entregó un comprobante para retirar el documento 16 días más tarde.

Este lapso de tiempo me sorprendió, porque la fecha quedaba justo en el límite de tiempo para el que necesitábamos el documento. El hombre tenía el libro en la mano, y todo lo que se necesitaba era sacarle la fotocopia a la página, lo que le resultaría más fácil de hacer en ese mismo momento que guardar el libro para que alguien lo volviera a buscar luego. Le pregunté sobre la razón por la qué se necesitaban otros 15 días para que sellaran y firmaran la fotocopia. Me respondió que las cosas no funcionaban de esa manera, pero que yo podía pasar unos días antes del término que me había dado, para ver si ya estaba. La buena noticia era que para retirar documentos no tendría que volver a formarme en la fila.

Unos días después, en un noticiero de la televisión española escuché las declaraciones dadas por la Registradora. Decía que habían sido desbordadas las capacidades del Registro, debido principalmente a la gran cantidad de extranjeros, mientras que ellos seguían operando con la misma cantidad de personal, que se había hecho insuficiente.

Esa era la razón. No era por burocracia que las cosas se tardaban. La culpa era de los inmigrantes que pedían y pedían papeles. Bueno, no es cierto. Ella no dijo que era “exclusivamente” por los extranjeros, sino “principalmente” por causa de ellos. En otras palabras, por toda la cantidad de personas que, como yo, solicitábamos documentos. Pero no explicó por qué no se podía contratar personal temporal si la afluencia era solamente estacional, o personal fijo si el asunto ya era constante. Porque la cantidad de extranjeros que emigran a España no disminuye, sino que aumenta cada día.

Pero me hubiera gustado conocer el procedimiento interno que seguían en el Registro. Me quedé con las ganas de saber como procesaban un trámite de procedimiento técnico tan simple como el que yo había solicitado, que no necesitaba de análisis, aprobaciones ni sustanciación ninguna. En definitiva, ya se que cada vez que necesite sacar una partida de nacimiento o matrimonio, me resultará mejor tomar el tren en unas pocas horas de viaje hasta el pueblo, y aprovechar de paso para hablar un rato con mi padre y disfrutar de las delicias culinarias de mi madre. Porque ya veo que, en Madrid, sacar o renovar cualquier documento, como también Samu ha contado en sus crónicas madrileñas, puede llevarse bastante tiempo más. ¿Pero qué le vamos a hacer? Es cosa del exceso de inmigrantes, quiero decir de personas.

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2 Respuestas a Cosas del exceso de inmigrantes

  1. De tus paños son mis mangas, dice un refrán castellano. Acabo de escribir mis avatares de ayer con la administración estatal. En mi caso sólo había una inmigrante con un niño en brazos, que esperó el mismo tiempo que yo.
    Si supiera que puedo resolver algo escribiría al “Síndico de Agravios”, el equivalente al Defensor de Pueblo en la Comunidad Valenciana, pero me temo que sólo serviría para engrosar las estadísticas de reclamaciones.
    Saludos cordiales.

  2. ¡¡¡Por fin!!!de nuevo bitacoraspuntocom funciona ¿será tambien por el exceso de inmigrantes? porque yo que acabo de alojarme en su “pais” logicamente soy otro mas que a lo peor estorba.
    A lo que iba que es a comentar tu articulo; cuando llegó la democracia a España entr las muchas esperanzas estaba la de acabar con la “burrocracia”, ja ja ja craso error. Parece increible pero aumentó, aumentaron las autonomias y aumentó, los funcionarios, y volvió a aumentar, los ordenadores,computadoras, informatica o lo que sea y peor.
    Es un mal nacional y va a peor, pero si alguien precisamente no tiene la culpa esos son los inmigrantes.
    La burocracia es unicamente española y hecha por españoles (me importa poco lo que pase en otros paises), pero aquí está llena de ineptos, ignorantes, chupones, gandules, de derechas, izquierdas, centro y ateos ó religiosos. ¿La solución?: poner en la cola a sus creadores y mantenedores.
    Y no pongo ejemplos pa no quemar la bitácora.com ja ja ja ja

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