No fumadores, por favor.

Cartel de espacios sin humo

Fue lo primero que me llamó la atención en el Aeropuerto de Barajas cuando llegué a Madrid en octubre, después de un año de ausencia. Frente a la salida del área de equipaje observé unas ocho personas fumando. Estaban en el medio de nada, aisladas de los demás. La actitud me resultó peculiar y por eso atrajeron mi atención. Algunas parecían ansiosas por terminar el cigarrillo y largarse de aquella exhibición en que parecían colocados. Eran un blanco perfecto de las miradas. Se me hizo evidente el nerviosismo de un hombre, parecía estar en la sala de espera de la maternidad esperando un parto, pero debía ser por saberse allí expuesto.

Mientras sigues leyendo, escucha al grupo británico The Shadows
en el instrumental “Theme From The Deer Hunter”

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Mis hijas me explicaron la situación. Y entonces entendí. Era el área destinada a los fumadores, delimitada por una invisible cortina de aire. Pero aquel espacio se convertía en una vidriera de exposición. Pensé que deberían estar sintiéndose señalados, como si al colocarlos allí dijeran mirad a los culpables. No me pareció muy justo aquello. Pudieron haber habilitado áreas más reservadas, menos expuestas.

Durante toda mi vida he tenido que tragarme el humo de los cigarrillos de los demás. He debido soportar traumáticas situaciones caracterizadas por fuertes dolores de cabeza e incontrolables náuseas, durante ocasiones en que me he visto forzado a permanecer encerrado en lugares con muchos fumadores, bien fuera en un tren, un autobús o un avión. Y he tenido que soportar muchísimas, pero que muchísimas malas palabras por parte de fumadores compulsivos, solamente por decirles que me sentía mal y preguntarles si podían apagar sus cigarrillos o salir a fumar al exterior. Las respuestas, casi invariables, solían alternarse entre el clásico “Salte tú si tanto te molesta” y el más comedido “Yo tengo derecho a fumar.” Hasta sufrí uno que otro intento de agresión, como reacción totalmente desproporcionada por parte de alguno.

En otras ocasiones el agresivo fui yo, en contrapartida. ¡Dios me libre de mi mismo! Porque el humo del cigarrillo llega un momento en que, junto con ponerme la cabeza a estallar, me produce una irritación y desesperación tal que ya nada me importa. Puedo explotar como un volcán. No en todo momento y circunstancias uno logra ser dueño de su comportamiento. Y cuando el estómago quiere salírsete por la boca pero no logra pasar de la garganta para afuera, y el dolor de cabeza llega a un límite tal que los tambores que resuenan dentro no te dejan escuchar nada más, y solamente te provoca estrellarte contra una pared para ver si rompiéndote la crisma se te quita, poco se puede pensar. Los centros del racionamiento se incapacitan y puede uno llegar a verdaderos estados de locura temporal. Sí, son síntomas muy parecidos a los que puede ocasionar el llamado mal viaje por algunas drogas, según han sido descritos tantas veces por los afectados. ¿Y ahora me piden tolerancia?

Pero la tortilla se ha volteado, ya no es el mismo lado el que siempre deba estar en el fuego. No soy yo quien tendré que salirme de ningún sitio, aunque, de ser posible, seguiré evitando aquellos lugares públicos en donde ellos hayan llegado primero que yo y los dejen fumar. Porque si entro a una tasca a saborear una ración de calamares o de pulpo a la gallega, o una simple tortilla de patatas, lo que menos deseo es una ración doble de humo. Y no siento lástima ninguna por las incomodidades por las que puedan estar atravesando ellos ahora, que a mi no me la tuvieron. Lo lamento por los muchos fumadores que son conscientes de los demás, porque me los he encontrado a lo largo de mi dilatada carrera como no fumador profesional; eran esos que procuraban no molestar a los otros, y que aún existen en abundancia. Pero he llegado a convencerme de que esos son la minoría entre los fumadores. Quizás sea solamente una mala impresión acumulada por las circunstancias.

Desde enero para acá, en los programas de televisión de todo el mundo, se desbordan los debates sobre los efectos del humo del cigarrillo en la salud de los fumadores pasivos. Muchos alegan que son mentiras los estudios que afirmaron que estas personas podrían sufrir enfermedades. Dicen que no está demostrado que la inhalación de ese humo indirecto produzca cáncer, ni que ninguna muerte esté relacionada directamente. ¡Vamos, ahora vienen con esas! Podrán discutir durante un siglo entero si el humo que me arrojan a la cara me llegará a causar una enfermedad o no. Pero lo que está bien, pero que bien claro, es que yo no les he causando ninguna enfermedad a ellos por el hecho de yo no fumar. Ni se las estaré causando porque no lo hagan ahora en donde yo me pueda ver alcanzado por sus residuos humeantes. Entonces, el eslabón débil en esa cadena era y soy yo exclusivamente. Ellos jamás lo fueron.

A mi no me interesan las pruebas médicas cancerígenas para querer evitar las emanaciones que salen de los cigarrillos y bocas de quienes fuman. Tampoco estoy cuestionando las realizadas ni la veracidad de las estadísticas. Podría hasta llegar a decir que ni me va ni me viene el asunto científico. Pero lo que yo si que conozco muy bien son los efectos extremadamente desagradables que ese humo indirecto me causa, indistintamente de si me producirá un cáncer o una tuberculosis, o no me producirá ninguna enfermedad detectable. Siempre he tenido el derecho a respirar, pero ahora me dan los instrumentos legales específicos para ejercer ese derecho. Bien venidos sean los espacios libres de humos. Yo los sabré agradecer enormemente. Yo soy tolerante. No me importa que los demás fumen, pero no me obliguen a hacerlo a mí.

Creo conveniente realizar una pequeña salvedad. Todos los inconvenientes que durante mi vida he tenido en este sentido, han sido exclusivamente con fumadores de cigarrillos. No recuerdo ninguno con fumadores de puros, y estoy seguro de que jamás los tuve con ningún fumador de pipa. Estos dos subtipos del fumador, particularmente el de pipa, por lo que yo he visto, son generalmente más comedidos y conscientes con los demás.

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2 Respuestas a No fumadores, por favor.

  1. Soy exfumador y de la minoria de los que respetaban a los no fumadores, por lo que nunca en muchisimos años de vicio he tenido problemas con nadie.
    Para mi las leyes están de más, tratandose mas de un problema de educación que de “orden público”.
    Como lo de beber en la calle o gritar etc etc.
    Hombre algo se consigue que denuncien los perjudicados y que el funcionario no se ria, pero poco más.
    Y mientra se habla del humo, nadie en este pais se muere de vergüenza por el ASESINATO entre todos de una niña en Madrid.
    Y siguen haciendo leyes…esos si que se benefician.

  2. Caty dijo:

    Yo he sido fumadora y ahora no. Siempre me preocupe por no hecharle el humo a la gente en la cara y siempre fume afuera (al aire libre) incluso en Quebec donde puede hacer -30°C….En Caracas, un dia fumando afuera de un edificio, era el dia del NO Fumador (dia que la gente pensaba que nadie debia fumar….como si uno fuera a instituir el dia del fumador ) normalmente un dia para AYUDAR a la gente que QUIERE dejar de fumar (aunque si uno seguia los pasos que decia para AYUDAR pues uno terminaba con una crisis de nervios y fumando mas…..debe haberlo inventado un no fumador..) bueno, el hecho es que alguien se me acerco, me quito el cigarrillo de la boca y me dijo: hoy es el dia del no fumador……..

    claro, no estoy juzgando a todos por una persona, pero es mi experiencia y la de muchos otros otros fumadores, que los NO fumadores (algunos)son capaces de conductas muy agresivas….(incluso lei un dia un articulo al respecto que decia lo mismo) porque ellos son agredidos dicen.

    Fumar es agradable (cuando no es en exceso) nada como un marroncito pequeño o un guayoyo con un cigarrito 🙂 es claro que no es muy bueno para la salud y que puede dañar a otros, el sentido comun es cosa que debe desarrollarse. lo mismo puede decirse de la gente insistiendo para que te tomes un “tragito” mas……….

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