Formación de los nombres arabes

Autor con turbanteCuando yo me metí en esa camisa de once varas que fue escribir la novela Amina y Záhir, dos almas gemelas, que luego me trajo tantas satisfacciones, tuve bastantes quebraderos de cabeza. El que más trabajo me dio fue el de entender la construcción de los nombres árabes que iba a usar. No es tarea sencilla y yo no acostumbro a escribir de algo hasta que no lo comprenda.

Yo no soy licenciado en Filología Árabe ni mucho menos; qué más quisiera. Por eso les dejo estas que llamo mis pequeñas notas de campo, que en nada pretenden tener un valor académico, pero que yo espero que sirvan como una pequeña guía orientativa.

¿Te parecen complicados y larguísimos nombres árabes como estos?
Al-Nāsir Ṣalāḥ ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb
Abū ‘Alī al-Husayn ibn ‘Abd Allāh ibn Sĩnã

Antes de meternos con ellos revisemos primero la onomástica en español, que nos ayudará en algo, debido a las grandes similitudes. Intentaré explicarlo con palabras de a centavito.

Los nombres españoles.

Los nombres tradicionales son la herencia de aquellos pueblos que habitaron en la Península Ibérica, y de la influencia que sobre ellos ejercieron los contactos con habitantes de otros pueblos, en alguno de los momentos de su historia. Así que los nombres nos vienen principalmente del hebreo, predominando los nombres bíblicos, y del latín, del griego y del germánico. Todos tienen un significado, así como lo tienen los nombres árabes (persas, turcos, hebreos…).

En lo que respecta a la formación de los nombres de las personas, usualmente se tenía un solo nombre, el conocido como nombre propio. A medida que los pueblos iban teniendo más gente se hizo necesario distinguir a las personas de igual nombre.

Los recursos más utilizados fueron los de indicar el lugar donde se vivía, de donde se era o donde se nació; la profesión o el oficio que se ejercía (particularmente los palaciegos), y también por alguna característica física que a uno lo diferenciaba de la mayoría.

Así tenemos a Alvar el de Zaragoza, a Alvar el de Montes de Oca, a Alvar el de entre ríos, a Alvar el del Monte Negro, a Alvar el gallego, a Alvar el mayordomo y a Alvar el herrero; a Alvar el cojo, a Alvar el rubio y a Alvar el enano. Diez personas distintas con similar nombre propio, pero todas ellas diferenciables debido al apodo o segundo nombre.

Otro socorrido recurso fue el genealógico, particularmente entre los nobles, indicando de quién se era hijo: Froila el hijo de Ambrosio. Pero no solo se hacían las distinciones por el nombre del padre, sino que, en ocasiones, se hacía referencia al abuelo, mediante la referencia el nieto de…, si por alguna razón él fue más relevante, famoso, popular o conocido.

De igual forma, se conocía a una persona indicando de quién era el padre o la madre: Adolfo el padre de…, Brunilda la madre de… O también: Bernardo el padre de Alvar, Hurraca la madre de Genoveva.

Con el tiempo, todas estas designaciones adicionales se convertirían en apellidos.

No tenemos que remontarnos a varios siglos atrás para ver esto. Todavía en muchos pueblos de España se acostumbra a denominar a las personas de esa forma. Por un lado están su nombre o nombres y sus dos apellidos. Pero a ninguno le falta la designación del lugar donde vive (Raimundo el de Felechosa), el oficio (Juanín el gaitero, Galindo el carpintero, Adela la molinera) o el sobrenombre que se le dio a la familia en algún momento (Lino el Pantín, Juan el Pocero, Pedro el Mulero).

En su forma más simple, de épocas más antiguas, una persona podía ser conocida como: Rodolfo el hijo de Santiago el Asturiano, Francisco el hijo de Martín el de Ricardo.

En su forma larga o completa (simplificada con el primer nombre y primer apellido nada más, como en épocas algo menos antiguas), una persona podía ser conocida como:

–Rodolfo González el hijo de Santiago el Asturiano —nombre propio + el genealógico en una generación (hijo de) + el toponímico de origen del padre.

–O un Francisco Rodríguez, hijo de Martín el de Ricardo —nombre propio + dos generaciones (el nombre del padre y el del abuelo).

Con el tiempo, la gente fue tendiendo a tomar un segundo nombre de pila para intentar diferenciarse aún más.

Los nombres árabes.

Con la construcción de los nombres del árabe islámico ocurrió un proceso algo similar. Lo que sí es diferente es la forma de construir el nombre completo, que en un principio suele confundirnos mucho.

Ibn es una voz árabe que significa «hijo».
Bint es para las mujeres y significa «hija».

En árabe, el nombre completo de una persona está compuesto por los siguientes elementos:

  1. Kunya: Es un prefijo de respeto, que indica de quién se es padre o madre. Es un nombre compuesto por la palabra Abú (padre [de]) o Umm (madre [de]).
  2. Ism: Es el nombre propio, que puede ser simple o compuesto. (Hasán, Umar, Asad, Hamad, ‘Abd al-Májid, ‘Abd al-Násser). Algunos son usados con el artículo definido al (al-Yázid), pero la mayoría no lo llevan.
  3. Nasab: es un patronímico, una lista genealógica o de los ancestros que indica de quién se es hijo, nieto, biznieto, etcétera. Lo usual es hacer referencia al padre y, en todo caso, remontarse hasta un máximo de tres generaciones (padre, abuelo y bisabuelo, tal como Abū ‘Alī al-Husayn ibn ‘Abd Allāh ibn Sinã), aunque parece que no hay un límite.

El Nasab Fue importante en las antiguas sociedades tribales de la Península Arábiga, tanto para efectos identificativos como para las interacciones sociopolíticas. Se forma con la palabra Ibn o Bint, según sea hijo o hija, delante del nombre del padre, del abuelo, del bisabuelo… Muchos personajes históricos han llegado hasta nosotros más por su nasab que por su propio nombre, tal es el caso del filósofo cuyo nombre acabo de colocar: Ibn Siná (Avicena), y el del historiador Ibn Jaldún.

  1. Nisba: es uno o más adjetivos que se le añaden al nombre. Pueden ser de tres tipos:

–Originados en el nombre de la tribu, el clan al que se pertenece o del linaje del nacimiento y familia. Completan el sentido de filiación de la nasab.
–Geográficos; por el lugar de nacimiento, el de residencia o por ambos.
–Por el oficio o profesión que se ejercía.

El adjetivo terminará en la vocal «ī» larga. (ej., al-Arabí: el árabe, al-Baghdadí: el de Bagdad; al-Kilabí: el de la tribu de Kilab). Esto varía en la lengua persa y en la turca. En árabe el nisba va precedido siempre del artículo definido al, que en persa desaparece. El orden del nisba va de lo general a lo particular, seguido de su orden cronológico de residencia, lo que sería: nombre de la tribu, del clan, lugar geográfico de nacimiento, lugar de residencia, la profesión u oficio.

  1. Laqab: corresponde a un sobrenombre por el que pueden ser conocidas algunas personas. Es un epíteto descriptivo de una cualidad admirable que la persona tiene o que le gustaría tener. Si es la que le gustaría tener se pone él mismo el laqab, si ya la tiene se lo otorgan otros (al-Rashid: el de buen juicio; al-Karim: el generoso; al-Mansur: el victorioso). O denota una característica física resaltante (Al-Tawil: el alto; al-A‘war: el de un solo ojo o tuerto). Pero también puede ser algo peyorativo. Cuando se usa el nombre de la persona completo, el laqab va colocado después del nisba.

Un laqab de honor podía ser tan importante que era todo lo que se utilizaba, junto con el ism, para designar a una persona: Alí al-Karim (el Generoso), Umar al-Rahim (el Compasivo), Najm al-Násser (el Victorioso).

Todo esto ha dado lugar a un larguísimo sistema de nombres de personas. Para poner un ejemplo tomemos a un individuo cuyo nombre propio (ism) sea Asad, y tiene como sobrenombre (laqab) al-Tawil (el alto). (Los coloco en cursiva para diferenciarlos con más claridad en las siguientes construcciones). Entonces el nombre de este individuo es Asad al-Tawil, quien es:

padre de Hasán,
hijo de Umar al-Alí,
nieto de Yusuf al-Kahsib,
de la tribu Banu Kilab,
oriundo de Arabia
y que vive en Bagdad.

Veamos las diferentes construcciones que puede adoptar su nombre o por las que puede ser designado:

  1. A) Si se le fuera a designar por su kunya, en este caso por su hijo varón, la construcción del nombre sería: Abú Hasán (el padre de Hasán). Una gran mayoría de los nombres musulmanes utilizan esta forma, según nos han llegado de la antigüedad en diversos textos. En el caso de las mujeres sería: Umm Hasán (la madre de Hasán).

Si en español, en lugar de decir tan solo «el padre de Adolfo», fuéramos a indicar el nombre propio del padre y quién es su hijo, nosotros diríamos: Adolfo, el padre de Juan.
Pero en árabe no es así, ya que se invierten los términos. Es como si en español dijéramos: El padre de Juan, Adolfo; que es correcto en el lenguaje escrito, pero menos usual en el lenguaje hablado.

En la lengua árabe, en el uso del kunya el nombre del hijo utiliza esta última fórmula (El padre de Juan, Adolfo). Se coloca antes del nombre propio (ism). La forma sería la siguiente:
Abú Hasán Asad (kunya + ism). (El padre de Hasán, Asad).
O el nombre completo:
Abú Hasán Asad al-Tawil (kunya + ism + laqab) (El padre de Hasán, Asad al-Tawil).

  1. B) Si a Asad se le fuera a designar por su patronímico (nasab) usando el nombre de su padre, este va colocado después de su nombre propio:

Asad Ibn Umar (Asad el hijo de Umar) (ism + nasab).

Si se remonta a dos generaciones (hasta el abuelo) tenemos:

Asad Ibn Umar Ibn Yusuf (Asad el hijo de Umar [que es] hijo de Yusuf). (ism + nasab + nasab).

El asunto se complica un poco si se va a usar el nombre completo (Asad al-Tawil). Entonces el ejemplo anterior quedaría así:

Una generación: Asad Ibn Umar al-Tawil.

En este caso el nombre de la persona queda partido por el nasab de su padre, que se coloca después de su nombre propio (ism) y antes del nisba o el laqab.

Dos generaciones: Asad Ibn Umar Ibn Yusuf al-Tawil.

Esto se complica algo más si se va a indicar de quién es padre Asad y de quién es hijo. Usando solo el nombre propio (ism) de Asad sería:

Abú Hasán Asad Ibn Umar. Vendría a decir: El padre de Hasán, Asad el hijo de Umar. Y con el nombre completo (Asad al-Tawil) sería:

Abú Hasán Asad Ibn Umar al-Tawil.

Esta forma es la que vendría a ser la estructura usual más generalizada de un nombre, en la lengua árabe en épocas antiguas. Es decir: kunya + ism + nasab + nisba.

Pero pueden encontrarse nombres con el nasab colocado al final, que nos resultan más inteligibles:
Abú Nasr Shams al-Mulk Duqaq Ibn Tutus.
Abú ‘Ali al-Husayn Ibn ‘Abd Allah Ibn Siná.

Que en el caso de nuestro ejemplo anterior sería:
Abú Hasán Asad al-Tawil Ibn Umar.

Hemos dicho que el orden del nisba va de lo general a lo particular. En el caso de nuestro ejemplo, para completar el nombre de Asad utilizando una sola generación en el nasab tendríamos lo siguiente:

Kunya: Abú Hasán;
ism: Asad;
nasab: Ibn Umar;
nisba tribal: al-Kilabí;
nisba geográfico de nacimiento: al-Arabí;
nisba geográfico, lugar de residencia: al-Baghdadí;
laqab: Al-Tawil.

Lo que para esta persona nos daría como nombre:
Abú Hasán Asad Ibn Umar al-Kilabí al-Arabí al-Baghdadí al-Tawil.

La estructura completa sería:
kunya + ism + 1 nasab + 3 nisba + laqab.

Colocándolo con el nasab al final, al estructura sería: kunya + ism + 1 nasab + laqab + 3 nisba.

Abú Hasán Asad al-Kilabí al-Arabí al-Baghdadí al-Tawil Ibn Umar.

Ejemplo de un nombre propio con varios nisba:
Umar al-Kurashí al-Hashimí al-Baghdadí thumma al-Mawsilí al-Sayrafí.

Significa: Umar de la tribu de Kurash, del clan Hashim, natural de Bagdad y de (que vive en) Mawsil (Mosul), el (que es) cambiador de dinero (su oficio).

Los nombres compuestos.

Hay nombres que por ser compuestos no deben separarse. Son un laqab particular que se forma con la palabra ‘Abd, que significa servidor de, al que se le agrega uno de los 99 nombres divinos de Alá: Abd al-Májid (Servidor del Glorioso), Abd al-Hakim (Servidor del Sabio), etcétera.

Con el tiempo, por transcripción fonética se fundieron el primer nombre con el artículo al (Abd-al). En el caso del nombre Abd al-Májid se origina un Abd-al Májid (Abdel Májid al pronunciarlo). Eso dio origen a las palabras Abdel y Abdul, que el uso ha devenido en nombres propios tales como: Abdullah, Abdul Alí, Abdel Jamil y otros.

El artículo.

Considero conveniente aclarar que en la lengua árabe hay un solo artículo determinado o definido: al. Equivale tanto al masculino como al femenino en singular y plural: (el, la, los, las). Ej. al-Akram, al-Yázid.

Actualmente se está viendo la práctica, sobre todo en prensa y en los medios de información, de escribir el artículo con mayúscula, bien sea unido mediante el guión o separado: Al-Hasakah, Al Hasakah; lo que no siempre es correcto, ya que el artículo con mayúscula se utiliza para indicar un linaje.

El título o nombre honorífico.

A partir de finales del siglo IX y luego durante las Cruzadas, se hizo cada vez más frecuente entre los musulmanes relevantes la adopción de un título o de un nombre honorífico, que se colocaba antes o después del kunya o del ism. Esos elementos del nombre incluían frases como:

al-Din (de la fe).
al-Dawla (del Estado).
al-Islam (del Islam).
al-Mulk (del reino).

Es el caso de personajes históricos como: Fajr Al-Mulk Ridwan, Abú Nasr Shams al-Mulk Duqaq, Janah al-Dawla al-Husain.

Por supuesto, todo esto puede variar de un país a otro, produciéndose diferencias en el orden de la construcción de los nombres, como indican en el trabajo: «Época árabe, los nombres y la práctica para llamar a las personas».

Para quienes tengan interés pueden consultar también en Wikipedia Arabic name (o su versión en castellano). Quienes quieran profundizar en cada una de las formas (kunya, nasab, nisba…) los remito con muchísima más propiedad a The Enciclopaedia of Islam.

También les invito a ver el interesante video titulado: Historia de los apellidos.

Si alguien encuentra errores o inexactitudes en esto estaré sumamente complacido en que me los haga saber.

On this day..

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