Hooters de Margarita

Hooters de Margarita Buscaba la vieja cafetería para tomarme un con leche de media tarde, acompañado con un rico dulcito. No la encontré. En su lugar había un nuevo local. Entré e husmear. ¿Qué le iba a hacer? Al mal tiempo buena cara, por supuesto. Y aquí no solamente había muy buenas caras, sino bastantes motivos para ponerla.

Uno piensa que si a unos intelectuales les da por un juego de salón sería ajedrez. Pero cuando lo que se juega es al parchís puede suceder cualquier cosa, como ocurrió con los chicos luego conocidos como los “Seis de Hooters” en Clearwater, Tampa, Florida. Pues de allí surgió esta cadena de restaurantes convertidos en franquicia. Hooters de Venezuela tiene muy poco tiempo. Este local de Margarita tiene apenas un mes de abierto. Se encuentra en la parte trasera del Centro Comercial Rattam Plaza, dando esquina hacia la Av. de Aldonza Manriquez.

Barra del Hooters El local es amplio, y debido a que está en esquina tiene una muy buena iluminación natural por dos costados. Las paredes se encuentran revestidas de un acabado que recuerda la madera de pino americano, para darle su toque étnico. Hay suficiente cantidad de mesas para cuatro y un mesón corrido en una de las paredes.

Barmen del Hooters La barra es del tipo isla, encerrando adentro al barman. Por dos de sus costados sirven al público, y por otro los pedidos de las Chicas Hooters que atienden las mesas. Lo único que no me gustó fue el acabado en falso ladrillo (plaquilla) del lado que da hacia las mesas. Si no querían utilizar madera, entonces, para un acabado rústico yo hubiera preferido ladrillo rojo natural.

Los creadores del restaurante lo han definido de esta manera:

“Hooters es un lugar de encuentro, desarrollado para el disfrute y la diversión. Donde los clientes pueden disfrutar de alitas de pollo preparada al estilo “Buffalo”, cerveza fría y la atención de las mundialmente famosas chicas Hooters quienes atienden de manera jovial y amable a los clientes, haciéndolos sentir como si fueran invitados especiales en sus casas.”

Y es que esos seis chicos hicieron las cosas de una forma algo diferente. Hasta las papitas fritas tienen un rizado particular, diseñado por computadora. Claro, es natural, si tienes que hacer algo ¿por qué no divertirte haciéndolo? ¡Menos mal que no se han metido con la excelente cerveza venezolana! Aunque no me extrañaría nada que tuvieran en mente presentarnos una cerveza Hooters, quizás al estilo de Idaho, o hasta un licor de los Everglades.

La hora era algo temprana para estas cosas, por lo que había poca concurrencia. Sin embargo considero que yo llegué en un buen momento, pues las chicas estaban cambiando turno y se encontraban la mayoría de ellas. ¿Sus nombres? Alla van por orden alfabético.
Ocho chicas Hooters

Antonieta
Elibeth
Gabriela
Jolisbells
Karolayn
Martha
Nohemi
Rommy

Meneando el hula-up Y mis lectores querrían estar allí cuando las chicas comiencen su baile con los aros hula-up. Eso sí, les recomiendo que para ese momento no estén con unos tragos de más, porque podrían marearse con tanta curva moviéndose. Quizás ellas no entren a trabajar en el Circo del Sol, pero los menean muy bien. Me refiero a los aros, claro.

Yo no tuve la oportunidad comer allí en este viaje, porque mi agenda de comidas ya estaba copada. Pero de mi indagación obtuve que las BBQ Rib Dinner ―Costillas al estilo St. Louis, cubiertas con salsa BBQ― están para chuparse los dedos. Puedes irte por los platos completos o hacerlo de tapeo. Pero si deseas una probadita de uno y otro, porque no te decides leyendo el menú, tienen el que llaman el Sampler Platter, o plato de muestra, con un poco de sus cosas más típicas, ―camarones al vapor, camarones Buffalo y las famosas Alitas de Hooters― que me han dicho que está como para morirse. Espero que no sea cierto, porque si me dicen eso en un restaurante japonés, precisamente cuando me sirvan un plato de pescado fugu salgo corriendo.

Bueno, como de costumbre. Quien está detrás de la cámara nunca sale en las fotos. El Guardafaro en el Hooters Pero en esta ocasión no podía dejar que fuera así. Aquí les dejo el testimonio gráfico de mi presencia, muy de cuerpo presente y también de espíritu, acompañado a la barra por Gabriela Liscanno. Claro que yo tuve que poner cara de circunstancias en la foto, no fueran a creer que la estaba pasando bomba. Estas chicas Hooters se toman tiempo para cada cliente como si cada uno fuera un clase VIP. Y no escatiman sus hermosas sonrisas. Seguro que ninguno se sentirá defraudado.

Regresa pronto a Hooters Como les dije, esta vez me fui sin probar la comida de Hooters, pero con tal amable invitación para que regrese pronto, como la que me hace Gabriela en esta foto, le aseguré que trataría de volver en otro viaje a “la Isla”. I´ll come back. Seguro que sí.

Después de que has pasado medio día como una morsa, tomando el sol en la playa como hizo Meganeni, supuestamente para drenar y algo más, y para no repetir la desastrosa noche anterior en el Bingo o el Casino, ―porque no creas que hoy si será tu gran día de suerte― Hooters puede ser un lugar desenfadado y refrescante.

El problema para mí ahora, es como se tomará el asunto este mi esposa, que ahora está en Madrid. No es por los tragos. No necesita que yo le diga que tan solo me suelo tomar una cerveza, dos a lo sumo. Se moriría de la risa si alguien le dijera que me vio tomarme tres cervezas seguidas. Porque la tercera ya me sabe a orines, y si fuerzo una cuarta, ―solamente lo he hecho una vez en toda mi vida, bajo un calor espantoso― si acaso encuentro sitio en donde meterla, ya me estoy orinando. Yo no se como algunas personas pueden tomarse media docena seguida sin reventar, y seguir una tras de otra hasta vaciar una caja completa.

Pues sí, amigos. Me temo que no sea fácil explicárselo a mi media naranja y alma gemela. Menos mal que ella confía en mí y sabe que no suelo mentir. Aunque quizás podría pensar que alguna vez tendría que ser la primera, por eso que dicen que los hombres después de los cincuenta se vuelven un poco sinvergüenzas. ¿O era después de los cuarenta? Bueno, en cualquier caso, créanme, son solamente habladurías. De todos modos, después que ella vea tantas curvas Hooters y contra curvas como había allí, dentro de los ajustados pantaloncillos color naranja, franelas y mallitas, seguro que le costará alguito creer que tan sólo me limité a un trabajo reporteril, lo más profesional posible. Me parece que no bastará con un ramo de dos docenas de rosas sangrantes. Quizás tengan que ser orquídeas… o algo más.

¿Alguien tendrá unos zarcillos ―pendientes― de diamanticos que esté rematando? Son para una buena causa.

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