Judas Iscariote, el apóstol.

Revista National Geographic En lo particular, yo no creo que toda la zarandaja que se ha armado en torno a la publicación que la National Geographic ha hecho del llamado Evangelio según Judas, pueda afectar en nada la sólida posición que tiene la Iglesia Católica. Quienes están seguros de su fe no sienten inquietud ninguna. Quienes no lo están, quizás vean amenazadas sus débiles creencias y sientan algún temor debido a las dudas.

No voy a ponerme a elucubrar sobre si los manuscritos encontrados contienen realmente relatos verídicos de la vida de Judas, y si son o no fieles a las palabras que él haya podido decir en su momento. Todo eso en nada cambiará los acontecimientos de aquella época. Lo que si podría cambiar es la imagen que se ha creado de ese discípulo de Jesucristo al que, además del mayor traidor de la historia, se le presenta como conflictivo y con defectos como la envidia y la usura.

Lo que más me llama la atención es que no se le mencione como apóstol. La Iglesia se ha cuidado de no referirse a él como el apóstol Judas. Yo me pregunto: un obispo que, al final de su existencia cometa un error tal que sea desvestido de su investidura, -si tal cosa pudiera llegar a suceder- o que cuelgue los hábitos, o que sea excomulgado, ¿se borrarían todas las referencias y documentos que él hubiera emitido como obispo? Judas pudo haber cometido aquella traición por las causas que se le atribuyen. ¿Pero acaso Jesús le quitó su condición de apóstol? Porque resulta que Judas fue uno de los doce apóstoles, y de eso hay suficientes menciones en la Biblia. Según Lucas (6:14-16)

Al llegar la mañana, llamó a sus discípulos y escogió a doce de ellos, a los que nombró apóstoles: Simón (a quien llamó Pedro), su hermano Andrés, Jacobo, Juan, Felipe, Bartolomé, Mateo, Tomás, Jacobo hijo de Alfeo, Simón, al que llamaban el Zelote, Judas hijo de Jacobo, y Judas Iscariote, que llegó a ser el traidor.

Y como apóstol que era, junto con los otros fue enviado por Jesús «a sanar a los enfermos, resucitar a los muertos, limpiar a los leprosos y expulsar demonios» (Mateo 10:6-8). Así lo afirma también Marcos (3:14-15) cuando declara que Jesús dio autoridad (a sus apóstoles) para expulsar demonios.

Bien se piense en Jesucristo como el Hijo de Dios, o se lo vea tan sólo como un gran Maestro, es indudable que tenía el don de conocer el futuro, así como a las personas, pues podía ver en el interior de ellas. Entonces sabía muy bien quien era Judas Iscariote y lo que haría en su momento, y no obstante encontró en él méritos suficientes, no inferiores a los de los otros, como para elevarlo al nivel de apóstol. Y aún más, confió en él tanto como para que fuera el tesorero o administrador.

El beso de JudasSi Judas obró como traidor por causa de sus flaquezas humanas, o si actuó por pedido o mandato del propio Jesucristo para la ejecución de sus planes divinos, quizás nunca lo aclararemos a satisfacción de todos, y poco cambiará las cosas, pero lo cierto es que fue no sólo uno de sus discípulos, sino uno de sus apóstoles de confianza. Fue Judas Iscariote, el apóstol

Me parece interesante ver que, en la encuesta que realiza la National Geographic en Internet, para el día de hoy son más los que piensan que Judas Iscariote solamente obedeció los deseos de Jesús cuando lo traicionó.

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