La petite Claudine

Petite Fleure

“La única cosa de interés que he encontrado en la Red data del 97 y no se por dónde cogerla.”

Esas palabras fueron escritas en Enero 20, 2006 en el blog de La petite Claudine, en el post titulado “Atención: pregunta técnica”

La frase me hizo reflexionar.


Desde que tenía 16 años no he dejado de leer la revista Mecánica Popular. De las tantas que antaño fueron motivo de mi interés, es la única cuya lectura aún no abandono, junto con la Selecciones. Pero en el transcurso de estas décadas me llegó a parecer que la revista fue desmejorando la calidad de sus artículos, pues yo cada día los encontraba menos interesantes.

Nada más alejado de la verdad. Era una impresión engañosa.

Un día de reflexión, hace ya no se cuanto, logré darme cuenta de que, en el kilometraje de 56 años de vida, ―doble para un Piscis― era mucho lo que yo había recorrido, visto, escuchado, leído y también aprendido. Los artículos de ahora no me parecían tan impactantes como aquellos que encontraba a los 16 o a los 20 años. Pero la causa no era porque la Mecánica Popular desmejorara, sino porque había cada vez menos temas que fueran de mi interés, o que ya no me resultaran repetitivos.

Ya no abro los ojos asombrado al ver las imágenes de un hovercraft, convertido en vehículo de guerra artillado, y no me entusiasma tanto leer sobre la tecnología de punta de un helicóptero apache; ni ahora me sorprende tampoco la tecnología detrás de las fotografías tomadas de cuerpos celestes que se encuentran a miles de millones de años luz de nosotros, y que antaño me fascinaran. Actualmente no me asombra y fascina contemplar una PC, como cuando contemplé cara a cara la primera Lisa, de Apple. Ya no me interesan los videojuegos, porque agoté esas etapas al igual que tantas otras. Hay muchas cosas que dejaron de atraer mi atención y que, sin embargo, cautivan a las generaciones de turno.

No me agradan los teléfonos móviles, pero entre las docenas sobre los que paso la vista con displicencia en las revistas y en la Web, de cuando en cuando algún diseño me resulta llamativo e interesante. Y alguna PDA, Pc o laptop veré que me hará brillar los ojos y exclamar ¡guauu! cuando leo sus prestaciones.

En la actualidad hay nuevos temas que no existían a mis 18 años, y muchos de mis gustos van cambiando, evolucionando con la moda. Con la magia de la globalización y el Internet, puedo saber de ese algo interesante que ocurre cada día en algún lugar del mundo. No tengo suscripciones RSS, así que, diariamente, cuando me conecto a la red, uno por uno revisaré mis favoritos: unos 30 blogs de tecnología, otros tantos de periodismo y unos 50 de temas variados. Además ojearé los titulares de unos 20 diarios del mundo. Revisaré unas 40 revistas de publicación mensual online y, además, en el día a día encontraré tiempo para irme a cualquier directorio de blogs y abrir algunos desconocidos. O seguiré los enlaces que en sus bitácoras tienen otros, para averiguar porqué son interesantes para ellos, pues también podrían serlo para mí. Seguramente que el contenido de docenas de ellos, así navegados, no serán de mi interés. Pero bien seguro es que dos o tres personas diariamente, como muy poco, escribirán sobre algo que me resulte nuevo y fascinante, o que, aunque me sea conocido, lo dirán con un enfoque que me resultará grato. He aprendido eso.

He aprendido que si no mantengo la capacidad de asombrarme cada nuevo día, cuando escucho el canto del pájaro que come los nísperos o los higos en los árboles de mi jardín, es porque estaré acabado mentalmente. Y dentro de lo que lamento no ser músico, en esos momentos me alegro por no serlo, porque así puedo escuchar y disfrutar de esos trinos como si sonaran distintos cada vez. Y cuando camino por la calle miraré a la multitud, de frente y a los ojos, porque nada tengo que ocultar. Será la misma gente de todos los días, distinta solamente por sus ropas de temporada. Pero algún rostro llamará mi atención, alguna actitud me asombrará y hará sonreír, alguna sonrisa me contagiará. Y seguiré sintiendo la misma indescriptible ternura cada vez que observe a una madre amamantar a su infante, o hacerle arrumacos. Y daré gracias al cielo cuando un niño me mire al pasar, sus ojitos brillen y me regale esa enorme y sincera sonrisa que ellos tienen, como si él hubiera visto a un ángel en mi lugar. Y seguiré mi camino sabiendo que ese es un buen día para mí, y confirmaré, una vez más, que los ojos de los niños ven lo que los demás no podemos.

En lo particular, yo pienso que el día que en la Web ya no encuentre nada que me resulte de interés, será la hora de cortarme la coleta, colgar los hábitos, tirar la toalla al centro del ring, cerrar la bitácora y bajar la tapa a mi laptop, definitivamente. Porque habrá llegado el momento de irme a sentar en un banco del parque a tomar el sol y, en silencio, ver pasar la gente. Porque si nadie tiene ya nada que pueda ser de mi interés, ¿por qué habría de creer que yo si tengo algo que sea del interés de alguien?

Lamento que en la Red no haya nada que a una profesional como la petite Claudine le parezca de interés.

No se, ma petite, cuantos millares de blogs habrás leído tú desde que estás en esto. De 1997 para acá es bastante tiempo para estar metido en este medio. Puedo entender que te acosen con proposiciones y pedidos de todo tipo, que llegues a exasperarte por no encontrar como sacarte de encima a los fastidiosos, y también que, con tanto mundo recorrido, creas estar a la vuelta de todo. Pero llevo algunos meses leyéndote y me ha sorprendido que esas palabras vengan de ti, por el tremendo significado que encierran.

¿Ves lo que digo? Aún mantengo algo de mi capacidad de asombro.
Pero, ma petite, me parece que salvaste el día cuando afirmaste también que:

volver a escuchar Seventeen Seconds es tanto o más maravilloso que a los quince.

Capacho amarillo con insecto
La Madre Naturaleza sabe bien que muchos insectos, a pesar de su aparente molestia, con sus idas y venidas libando néctar de aquí y allá, son necesarios para polinizar las flores.
Por supuesto, cualquiera tiene un mal día. De eso no nos escapamos.


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On this day..

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5 respuestas a La petite Claudine

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