Los ejes de mi carreta

Atahualpa Yupanqui

Hoy estoy cumpliendo un año con este blog. Pero no estoy de celebración.

Ha sido un camino que, a veces, encontré sembrado de frustraciones y sinsabores, y a veces corría bordeado de flores. Mi tránsito ha estado jalonado de errores. De algunos me di cuenta a posteriori, otros me los han hecho ver. Y quizás no sepa cuantos otros estarán agazapados. Pero también hubo algún que otro acierto. En suma, mi camino en este blog ha sido gratificante.

En el devenir de la vida de una persona, en ocasiones tenemos la suerte de encontrarnos con un suceso, una frase o algo que nos produce una honda impresión y nos marca, para bien o para mal.

Yo, de alguna forma, he sentido que, en esta ocasión, no he nacido para criticar, sino para comprender, o por lo menos para intentarlo. Y fue una frase de una canción la que me sirvió para recordarme eso mismo, por el resto de mi vida. Viene a mi mente cuando, por alguna causa, estoy a punto de caer en la tentación de criticar el comportamiento de alguien.

Porque es muy cierto. Si a mi me gusta que los ejes de mi carreta vayan chirriando, para acompañar con su sonido la solead del camino, ¿para qué quiero engrasarlos?

[audio:Atahualpa Yupanqui-Los ejes de mi carreta .mp3]

No voy a hablar de Héctor Roberto Chavero, guitarrista, cantautor y escritor argentino. Ni tampoco voy a hablar de él, en su seudónimo de Atahualpa Yupanqui, sino de las profundas verdades que hay en la letra de sus canciones.

Como otros muchos cantautores sudamericanos, tales como Violeta Parra, Víctor Jara y Facundo Cabral, -por mencionar unos pocos- reflejó en sus canciones de denuncia y reivindicación, las miserias del pueblo que tan bien conoce. Son miserias que trascienden el tiempo y el espacio. Porque en el juego de la arcaica explotación del hombre por el hombre, ni los medios productivos, los animales o la tierra son de quienes los trabajan, ni quienes los trabajan se benefician del esfuerzo generado en la producción. Y esa combinación da para mucha letra… y muchas luchas también.

Norberto Portugheiz es uno de los que, escribiendo en su blog desde Israel, de cuando en cuando, le dedica un recuerdo a Atahualpa, colocando alguna de sus letras y canciones, tal como esta última, la «Milonga del peón de campo». En ella, Atahualpa comienza recordándonos que nada de lo que tiene es de él, cuando dice:

Yo nunca tuve tropilla(1) ; siempre he montao en ajeno…

Y recuerdo también unas estrofas de «El Arriero» en las que dice:

Las penas y las vaquitas se van por la misma senda; las penas son de nosotros, las vaquitas son ajenas.

Pero la que me marcó, como he dicho al principio, fue la letra de «Los ejes de mi carreta». Allí refleja muy bien ese humano defecto de criticar a los demás sin ponerse en sus zapatos. Y yo aprendí que…

Porque no engraso los ejes me llaman abandonao. ¿Si a mi me gusta que suenen, pa que los quiero engrasaos?

Y todo esto viene al caso, aunque no lo parezca. No estoy de celebración por este primer año, sino de reflexión. Intento hacer balance de lo que he aprendido.

Por los momentos no tengo intención de cambios. Me gusta como está el blog y seguiré con él, escribiendo aquello que crea adecuado.

Nota: La foto de portada es de Atahualpa Yupanqui, y la tomé del Cancionero en donde también, los interesados, podrán encontrar su biografía.

(1) tropilla.
(Del dim. de tropa).
1. f. Arg. y Bol. Conjunto de yeguarizos guiados por una madrina.
2. f. Arg. y Ur. Conjunto de caballos de montar, que se tienen juntos por un tiempo.

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On this day..

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