Los tres deseos.

Arbol navideño y perro La Navidad es la época de hacer las listas de los buenos deseos para el nuevo año. La mayoría de las personas tienen pocos, por lo que, para no olvidarlos, les resulta suficiente repetírselos en voz alta, de vez en cuando. Pero otros muchos recurren a las listas cuando sus buenos propósitos y deseos son bastantes. Es una forma de recordar los comportamientos que nos proponemos cambiar, y de tratar de hacer aquello que no hemos hecho. Pero también es para pedir que se nos concedan nuestros deseos más preciados. Sin embargo, el saber pedir es algo sumamente difícil. Viejas y sabias expresiones como «ten cuidado con lo que pides, porque pudiera concedérsetee», o la promesa de aquel «pide y se te dará» no están nada alejadas de la realidad. Yo lo se muy bien. Y también se lo difícil que es saber pedir, para que el resultado no nos cause una sorpresa desagradable. Es como frotar la lámpara de Aladino.


Me parece que no se puede poner a una persona en un mayor dilema que decirle que pida tres deseos. Convengo en que siempre será un dilema menor que solamente pedir uno. Pero las cosas que recibimos suelen venir de a tres, de ahí que, desde la más lejana mitología, siempre se hable de tres deseos o de tres pruebas. Al fin y al cabo, los tres deseos que el genio de la lámpara concede no son más que eso, simples pruebas.

Hace algunos pocos años vi una vieja película de 1967, cuyo título en inglés era Bedazzled. Era protagonizada por Dudley Moore (el mismo que protagonizó Arthtur, junto con Liza Minnelli) y por otro actor con el que formó pareja en la televisión británica durante mucho tiempo, cuyo nombre creo que es Peter Cook. Este se le aparece como Aka, el demonio ―muy británico, eso sí― y le concede nada menos que siete deseos, incluyendo la posibilidad de deshacer cada uno en el momento en que quisiera, solamente con hacer una trompetilla con la boca. Stanley (Dudley Moore), que para el momento trabaja en un local de venta de hamburguesas, está perdidamente enamorado de Margaret, una compañera de trabajo, pero es un completo fracasado, por lo que aprovecha la oportunidad que le ofrecen.

No recuerdo todos los 7 deseos, pero en uno de ellos pide llevar una vida con una linda casita de campo y dos niños, y que Margaret lo quiera apasionadamente. En un abrir y cerrar de ojos, el hombre se encuentra frente a la casita de campo, de la que sale Margaret. Ambos se abrazan y besan con gran pasión durante unos momentos, diciéndose cuanto se aman. Pero su felicidad se desvanece cuando de la casa sale también Aka, el demonio, que en esa vida alterna es su mejor amigo, pero también es el esposo de Margaret, de quien él es solamente el amante. Nuestro frustrado protagonista hace la trompetilla y deshace el deseo. De regreso a su realidad, increpa al demonio diciéndole que eso no era lo que él quería. El diablo le contesta que le concedió exactamente todo lo que él pidió, pero que, en su deseo, no había incluido el estar casado con la mujer que amaba. De forma bastante similar y divertida transcurren los otros deseos.

Además de divertida, la considero una película valiosa, de la que se pueden sacar diversas enseñanzas. Pero la que me interesa señalar en este momento, es la que muestra tan gráficamente las dificultades que la mayoría de las personas tienen con sus deseos. Primeramente, dificultades para saber exactamente lo que quieren y la forma en que lo quieren. Y en segundo lugar, la gran dificultad para concretizar sus deseos en las palabras adecuadas, y los problemas que esto suelen traerles.

A la hora de que vayan a escribir sus buenos propósitos, les recomiendo que describan cada uno de ellos en la forma más amplia, tratando de incluir todos los detalles posibles. Después, durante una semana los revisan cada día, viendo si no falta nada. Una vez que no se les haya escapado algo por donde el diablo o los duendes burlones pudieran jugarles una triquiñuela, comiencen a limpiar las palabras inútiles, tratando de sintetizarlo al máximo. ¿Les suena laborioso el asunto? No les dije que fuera fácil.

Una vez que tienen completo su largo listado de peticiones, vayan un paso más allá. Resuman todo en tan sólo tres deseos, imaginándose que se les ha concedido el envidiable don de que, pidan lo que pidan, bien fuere para ustedes mismos o para otros, les será concedido.

Si lo logran y, además, quedan satisfechos, les pongo la prueba final, si se consideran tan valientes como para intentarla.

Dejen un solo deseo.

Y yo me permito darles tres arcaicos consejos.

1.- No pongan condiciones, porque no están al cabo de saber cuales ni cuantos pueden ser los caminos y medios para que algo suceda.
2.- No hagan promesas de nada que no esté directamente al alcance de ustedes mismos y por ustedes mismos, porque pudiera suceder que no llegaran a cumplirlas y queden en deuda.
3.-Y nunca, pero nunca jamás pidan nada que, de concretarse, pudiera ser la causa del daño de otra persona, directa o indirectamente.

Como un simple ejemplo, aunque extremo, de este último punto, no vayan a pedir simplemente sacarse 100.000 euros. Porque podría suceder que se los pague la compañía de seguros… por la muerte de un ser querido.

Que tengan todos unas felices navidades, y espero que me cuenten como les fue con su listado.

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