¿Qué harías si llegando a tu casa te encuentras que tu hija de 14 años ha desaparecido? ¿Y cual sería tu reacción si alguien te dijera que la vieron ir por la calle con un hombre? En cualquier país que se precie de tener leyes y un sistema judicial y policial que funcionen con cierta eficacia, y para todos, una notificación de este género hecha a las autoridades daría comienzo a una búsqueda inmediata. ¡Ha desaparecido una menor de edad! Puede que simplemente se haya fugado de casa o puede que no, eso ya se verá, pero debe iniciarse una alerta inmediata. Pero si, además, existen testigos que indiquen que vieron a esa menor acompañada de un hombre, la situación se agrava. Un adulto al que, sin la debida autorización, se le encuentre reteniendo a un menor que ha desaparecido de su casa, no podrá alegar en su favor que hubo consentimiento por parte del menor. De entrada se tipificará como presunción del delito de rapto. Pero en Venezuela las cosas no son así. Trataré de resumir la dolorosa y amarga experiencia por la que esa madre pasó, y la dejadez y apatía total del organismo especial del Estado que está llamado a la supuesta protección del niño y del adolescente.
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