Sobre la complejidad del ser humano se han escrito mares de tinta y aún no se ha dicho nada. Lo poco que tenemos cierto es que cada uno representamos un papel en el teatro de la vida. Entre acto y acto algunos logran dejar la máscara y atuendos en el camerino; otros, por el contrario, ya no saben cual es su rostro real y viven una representación contínua.
También se han hecho muchos símiles sobre la figura del payaso, obligado a reír por fuera, aunque por dentro llore, ejemplificando la necesidad de sobreponernos a nuestros propios problemas para seguir dando la imagen social que se espera de nosotros.
El sencillo poema libre que hoy coloco lo escribí hace un tiempito, en febrero de 1971. Pero lo hice sabiendo que no era para ser leído sino para ser escuchado. Hace años que me daba vueltas la idea de declamarlo y musicalizarlo, pero no encontraba la pieza musical adecuada, los recursos técnicos precisos, el estado de ánimo y el momento oportuno.
Por fin lo he concluído, con bastante esfuerzo, eso sí, pues me ha llevado largas horas de trabajo, ya que no tenía el software adecuado ni experiencia en esto de crear vídeos. A continuacíon les dejo la letra del poema y al final el vídeo, por si prefieren escucharlo y verlo en lugar de leer.

Hay personas que con tal de presumir son capaces de subir a Youtube un vídeo en el que muestran como agreden a un discapacitado, violan a una niña, desollan a un gato vivo o recogen la siembra de marihuana en la plantación de la terraza, por mencionar tan solo algunos comportamientos usuales hoy en día. Que luego los agarre la policía no es algo que pase por sus mentes, porque la estupidez y la sensatez son totalmente excluyentes.
Que llegues a los sesenta y un años y ni tu madre te conozca aún bien, no estoy seguro de si es para celebrarlo o para llorar. Claro, peor sería llegar a esa edad y no haberse llegado a conocer uno mismo. Al fin y al cabo, los demás nunca llegarán a conocerte como realmente eres.









