No es de extrañar que la Iglesia Católica haya venido manteniendo cierto recelo con respecto a develar el contenido del que algunos han denominado el evangelio prohibido. Porque, según se está afirmando, vendría a resultar que, Judas el Iscariote, no fue ningún discípulo amargado y resentido con Jesús, convertido en icono de la mayor traición que puede cometer un hombre, sino que, por el contrario, actuó en un extraordinario acto de obediencia debido al mandato del propio Jesucristo. Desaparecería así la enorme contradicción entre la supuesta acción y el significado del nombre Judá, que en hebreo quiere decir “alabado”. ¿A caso no todo tiene un propósito?
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