Reciclar es cosa del pasado

simbolo del reciclajeReciclaje y calentamiento global son las expresiones de moda. En muchas escuelas ya se educa a los niños en el reciclaje, y a todos se nos pone la práctica de separar los desperdicios y colocar cada cosa en su contenedor asignado. Pero, por lo que he podido observar, muchos piensan que el concepto es algo novedoso, casi uno de los grandes descubrimientos de la sociedad actual. En realidad, reciclar es un proceso tan antiguo como la humanidad.

Cuando reparar es prohibitivo.

Pero no me extraña que haya sido redescubierto. Así como en algunos países lo normal es reparar, en otros, lo usual es tirar a la basura. Quizás suene lógico deshacerse de un electrodoméstico defectuoso, cuando por el diagnóstico y una hora de mano de obra, el técnico va a cobrar más que lo que costará un aparato nuevo similar. Y no te digo en los trabajos de chapistería automotriz; la puerta chocada de un auto es preferible colocarla nueva.

No obstante, hay cosas que rozan el absurdo. Hace unos meses tuvimos que «deshacernos» de una base de licuadora en buen estado, tan solo porque se rompió la jarra o vaso, y por más que buscamos por un montón de sitios en Madrid no la pudimos encontrar. En todos fue lo mismo: «mejor compran una nueva«. La otra alternativa, poco práctica, era tratar de pedir una nueva jarra directamente a la fábrica.

Cuando reparar era subsistir.

Cuando yo era niño, en mis tierras asturianas no se tenía una noción particular de reciclaje como tal, pero nada se desperdiciaba. Un caldero, un barcal, una palangana o una olla que se había perforado, eran diestramente restañadas por el «afilador«. Era un peculiar y típico personaje que pasaba periódicamente. Para anunciarse hacía sonar su flauta de pan, sonido que lo caracterizaba, junto con el grito de: «afilador y paragüero«. Porque también arreglaba las varillas rotas de cualquier paraguas. Ahora terminan en la papelera. En mis recuerdos siempre será el viejo afilador.

madreñas asturianas

Reaprovechar lo que es útil.

En mi pueblo no se desperdiciaba ni un clavo, (o «punta» como les decimos en asturiano). Se extraía y, mientras pudiera volver a enderezarse con unos cuantos martillazos suaves, se volvía a usar. Una botella se reutilizaba rellenándola una y otra vez, hasta que se rompía, pues con ella se podía ir a comprar vino, vinagre, aceite, miel, leche y otras muchas cosas a granel. Los trozos de cristal o espejo rotos se guardaban, pues eran excelentes para raspar capas de pintura o barniz y pelar madera y palos.

Cosas tan comunes e inútiles hoy en día, como los envases de hojalata de los alimentos en conserva, servían para guardar clavos, tornillos y cualquier otra menudencia. Cortados en tiras podían reforzar una unión de madera, o evitar que unas madreñas o un duerno se rajaran. Las crines de los caballos se tejían para hacer las cuerdas que luego se usarían para amarrar las cargas de hierva segada en el verano. Si a un garabatu (rastrillo) de madera se le rompía un diente se le construía otro. Esa, al menos, era la vida normal en el campo, apenas cincuenta años atrás.

papeleras de reciclajeEn cuanto al reciclaje de desperdicios orgánicos, era total. El estiércol animal se usaba para cuchar o abonar los campos y huertas. Los desperdicios alimenticios que iban al basurero eran casi inexistentes, pues los pocos que se producían terminaban, invariablemente, formando parte de la comida que se les preparaba a los cerdos o a las gallinas.

Cuando la necesidad desaparece, la basura aumenta.

Pero el paso de las aldeas a pueblos, villas y luego a ciudades, produjo ciudadanos que no tenían cerdos o gallinas que alimentar, vallas y corrales que reparar, ni necesidad de desdoblar los clavos ni guardar los trozos de cristal roto. Y muy pronto se olvidaron del reaprovechamiento de las cosas. Hasta que la basura amenazó con sepultarnos y contaminar nuestros campos y fuentes de agua. Entonces resurgió el concepto, remodernizado como reciclaje. Ahora, o reciclamos nuestros residuos o perecemos. Pero si volvemos la vista atrás, podemos ver a nuestros padres y abuelos reciclando, simplemente para lograr vivir algo mejor.

Lo que algunos no necesitan.

horreo asturianoPor mis tierras asturianas, quizás ya no se desdoblen los clavos usados, con el fin de reutilizarlos; quizás el loable oficio de afilador y el de madreñero ya casi hayan desaparecido, y quizás los hórreos y paneras ya no guarden granos y se conviertan en viviendas de veraneo, pero si hay algo que no necesitan, es que les recuerden lo que es reciclar, ni como se pesca una trucha en el río.

On this day..

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8 respuestas a Reciclar es cosa del pasado

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