Un votante sin candidato

Hay quienes cometen las mayores atrocidades, sin pestañear, diciendo que solamente cumplían órdenes, o que fue por el bien del país. Hay también quienes, como hordas bárbaras, destrozan y desvalijan lo que se les ponga al paso, porque perdió su equipo de fútbol favorito. Y hay científicos que, sin pensarlo dos veces, crean mutaciones y virus altamente mortales, por el simple hecho de que podían hacerlo, sin importarles el grave riesgo en que colocan a toda la humanidad. Porque, en su engreída vanidad, llegan a pensar también que pueden mantener controlados sus engendros. Como bien se afirma, hay gente para todo.

Los hay, incluso, con mente tan retorcida, o tan primitivos, que adoran al diablo, indistintamente que tal ente exista o que solamente se crea en esa posibilidad. En sus momentos, millones de personas casi elevaron a los altares a figuras tales como Stalin, Hitler, Mussolini, Pinochet, Idi Amin Dada y Fidel Castro, por mencionar solamente algunos diablejos menores sueltos por este mundo. ¿Entonces, qué tiene de extraño que algunos idolatren a Hugo Chávez Frías, el presidente de Venezuela?

Un buen amigo, compañero de altibajos en la antigua Escuela Náutica de Venezuela, hace ya tanto, fue uno de los que se dejaron engatusar e hipnotizar por las altisonantes promesas electorales en la campaña inicial del ex-teniente Coronel, quien fuera uno de los líderes del fallido intento golpista de febrero de 1992. Posteriormente, ante la abrumadora realidad de los hechos, mi amigo reconoció su error y se confesó arrepentido y acérrimo opositor de ese régimen.

En aquel momento, yo le dije que podía entender que muchísimos ingenuos hubieran votado para llevar a Hugo Chávez a la Presidencia de la República, pero que él lo hubiera hecho era algo que yo no podía justificar, por cuanto siempre lo había considerado una persona inteligente. Y dispuesto a hurgar en la herida, aunque no fuera más que por un poco de venganza, le dije que, con tal acto, me había demostrado su falta de inteligencia. Sin embargo, viendo su cara de pesar, añadí que su rectificación me hacía ver que no se necesitaba ser inteligente para ser sabio.

Muchos gobernantes han hecho maravillas por sus países en un período de gobierno de cuatro o cinco años. Hugo Chávez, en un lapso de ocho años ostentando el poder absoluto y recursos económicos de una cuantía sin precedentes, a mi ver solamente ha llevado al país hacia un mayor atraso, y ha dividido profundamente a los venezolanos, generando odios y violencia como nunca se habían visto desde la época de la época colonial y las guerras independentistas.

En los discursos de su primera campaña electoral, habló en contra del excesivo número de ministerios, y durante su reinado los ha aumentado. También despotricó en contra del vicio de los subsidios a diversos rubros agrícolas e industriales, mientras ahora que está en la Presidencia, con las llamadas Misiones ha institucionalizado toda clase de subsidios, convirtiendo un pretendido gobierno de izquierda en un evidente régimen populista.

Pero no tengo interés en realizar un recuento de sus ofrecimientos previos y la realidad de sus omisiones y olvidos actuales, de sus promesas incumplidas y de sus desaciertos cuantificables. Solamente lo traigo a colación, debido a esa repetitiva y peculiar inclinación de los ciudadanos venezolanos a vivir de promesas y morir de desengaños, sin aprender de los errores pasados. ¿Cómo pueden tantas personas ser incapaces de filtrar la verdad dentro de la retórica de las promesas imposibles que sueltan por la boca tantos candidatos presidenciales, ametrallando a las multitudes con sus mentiras más descaradas y ofrecimientos imposibles? No se si alguna vez llegaré a entenderlo racionalmente.

En Venezuela, hace algunos meses, muchos llegaron a pensar que, sin un candidato opositor, Hugo Chávez no podría ir a elecciones. ¿Será que hay gente que de verdad cree en pajaritos preñados? Era de esperarse que si no aparecían candidatos por iniciativa propia, el partido de gobierno sacaría algunos, para hacer quorum. ¿Pero en un país como Venezuela, donde tan solo se necesita que se reúnan diez personas para que alguien quiera presidir el grupo, acaso podía esperarse que a Hugo Chávez lo enfrentara electoralmente un candidato único, tan sólo uno?

¡Veinte son los candidatos a ocupar la silla presidencial! ¡Nuevo record! Y hay desde cómicos, -yo con el actual tengo más que suficiente- hasta verdaderos ingenuos, pasando por los oportunistas de turno, que no aspiran a llegar a la presidencia, pero sí a obtener el número de votos suficientes para ocupar un escaño en la Asamblea Nacional.

Yo era uno de los que me encontraba a la espera de ese candidato carismático, dinámico, capaz y sobre todo sincero. Alguien preferiblemente no político, más bien un empresario exitoso. Alguien que aglutinara tanto a la oposición como a los indecisos, como a los descontentos y los que lograron despertar del embeleso chavista y escapar del engañoso sueño de la realidad virtual en la «matrix» venezolana. ¡Vaya ingenuidad la mía! Mira tú que pensar que un político, o alguien que aspira a ser elegido a la presidencia del país podría ser sincero! ¡Mira que creer que un candidato presidencial venezolano ofrecería programas de gobierno sólidos y realidades factibles!

Fue desilusionante, aunque no sorpresivo. No podía creer lo que escuchaba decir a Manuel Rosales en la televisión, prometiendo entregar a cada uno de los venezolanos -de las clases medias y bajas- alguna especie de tarjeta de débito para que, cada fin de mes, fueran a cualquier banco para retirar su parte correspondiente de la renta petrolera. ¿Realmente eres el candidato de todos los partidos de oposición, Rosales? ¿Están de acuerdo todos ellos con ese ofrecimiento tan irreal? Solamente espero que entre tus asesores no se encuentren el o los que aseguraron a Carmona que él mismo podía juramentarse Presidente de la República.
Con esa simple promesa, para mí has quedado rayado políticamente, en lo que a credibilidad se refiere. No es esa la forma de retornar al pueblo los beneficios de las rentas petroleras. Y si no sabes como puede hacerse en bienes y servicios sociales reales, cónsonos, efectivos, tangibles, asequibles y eficientes, mejor reconsideras tu posición y candidatura. Que hayas sido gobernador del Estado Zulia no me dice nada. El que hayas hecho algunas o muchas cosas buenas por la ciudad de Maracaibo tampoco me sirve de muestra. Porque Maracaibo no es el Zulia, así como el municipio Chacao no es Caracas.

Los hechos son mucho más importantes que las palabras, ciertamente. Obras son amores y no buenas razones, dice el sabio refranero popular. Pero si las acciones son la medida del hombre, las palabras son quienes lo definen, y por eso deben cuidarse como si fueran oro. Y cuando se trata de un candidato presidencial, ha de medirlas con un calibrador vernier y pesarlas con balanza de precisión antes de soltarlas por la boca. Porque para bocazas me sobra ya con uno.

Sin embargo mucho me gustaría que tú ganaras las elecciones, Manuel Rosales. -Claro que, me parece a mi, tendrás que buscarte tu buen hacker porque, aunque saques el 70% de los votos, por la vía legal nadie va a derrotar a las maquinitas trucadas del Consejo Nacional Electoral, totalmente sumiso, y genuflexo obediente a los deseos absolutos de Chávez-

Pero a pesar de mis buenos deseos, yo soy de los que piensan que, entre lo malo, elegir lo menos malo no siempre es una opción precisamente. Entre los que prometen por prometer me has parecido uno más. Quizás más adelante te perdone esa balandronada y me decida a votar por tí. Pero, por ahora estoy como al principio. Sigo siendo un votante sin candidato por quien votar en las próximas elecciones.

Tengo un voto disponible. ¿Alguien lo quiere? No soy fácil de convencer.

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On this day..

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