Una Infanta en el supermercado

La Infanta Elena

He vivido muchos años en Venezuela. Allí he tenido suficientes oportunidades de observar la parafernalia que rodea las salidas de la esposa de algún ministrillo, o a cualquier personaje de cierto rango en la política, que con suerte duraría en su cargo cinco años.

Suelen viajar en auto con chofer, con escoltas motorizadas parando el tráfico y varios vehículos de seguridad con gran cantidad de guardaespaldas, así vayan solamente a casa de alguna amiga a jugar canasta. Y si les da por ir a la peluquería o entrar en alguna tienda, prácticamente acordonan la zona para que nadie tenga acceso.

Que contraste con los miembros de la familia real española. Aquí puede uno ir a realizar la compra al Mercadona de la Plaza de Los Reyes Magos, en Madrid, un lunes como hoy, a las seis de la tarde, ponerse a revisar una lata de espárragos y encontrarse lado a lado con la Infanta Elena vestida sencillamente, con pantalón y una blusa, pero sin poder ocultar su elegancia.

Miras hacia los lados y no ves a nadie que parezca guardaespaldas. Tienes que aguzar el ojo para notar la presencia de un hombre en mangas de camisa, varios metros más allá, pendiente de nada en particular.

¡Hola! ¿Qué tal?

Una sonrisa y cada quien sigue en lo suyo.

La Infanta Elena 2

Un rato más tarde, ya en la calle, el mismo hombre y otro más meten en la parte de atrás de un Volvo las bolsas con la compra. Doña Elena sale y se dirige al auto. Coincidimos en la acera. Sonríe encantadoramente, abre la puerta del auto y entra. Se coloca el cinturón de seguridad, arranca y se va conduciendo ella sola. Más atrás la sigue un volswagen con cuatro hombres.

Así de sencillo. Un comportamiento natural, como el resto de los mortales. Por lo que he visto, a ella le agrada llevar una vida normal, y disfrutar un rato viendo los productos que existen en el mercado y eligiendo los de su preferencia.

Para mi, esa clase de comportamiento en alguien de su nivel es una manifestación de saber ser persona, de saber ser gente; es saber tener clase y presencia.

Muchas personas la reconocieron, pero todos dentro del hipermercado respetaron su deseo de confundirse con las demás, su manifestación implícita de tener su espacio de intimidad y vivir como cualquier otro. Eso, en los ciudadanos, también es saber ser personas, y signo de educación.

On this day..

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