Unas gafas nuevas

gafas de sol Ayer he cambiado las gafas, por necesidad de modificar la graduación. No fue mucha la diferencia, sin embargo noto que ha mejorado algo mi visión cercana y la intermedia. Pero veo peor de lejos.

Los letreros que antes leía bien a cierta distancia, ahora están distorsionados. Y los rostros de las personas igual. Es desagradable, sobretodo cuando tienes que «adivinar» el número de los autobuses que están llegando a la parada. La respuesta de la óptica es la de siempre, tengo que acostumbrarme a la nueva graduación. Esto me hace recordar lo agradable que puede resultar caminar con unos zapatos viejos.

Ya no llevo la cuenta de las veces que he pasado por una situación similar a esta, pero sean las que hayan sido no me acostumbro. Resulta hasta chocante por lo contradictorio. Es como decirte que, para sentirte bien, es necesario primero sentirte mal. Para lograr ver bien, primero tengo que ver mal.

Esto me mueve a realizar algunas reflexiones.

Bien cierto es que, para aprender a gatear por nosotros mismos, primero es necesario arrastrarnos.

Es indudable que, para aprender a estar sobre nuestros dos pies, y por nosotros mismos, primero necesitamos gatear.

Para aprender a caminar por uno mismo, primero es necesario caer y levantarse, una y otra vez, cuantas veces sea necesario.

Para aprender a correr, primero necesitamos aprender a caminar con estabilidad, por nosotros mismos.

Para aprender a volar por nosotros mismos, primero es necesario…

¿Qué rayos es necesario hacer para llegar a volar por nosotros mismos?

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On this day..

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3 respuestas a Unas gafas nuevas

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