Mi cuñado me reenvió esta simpática presentación de una felicitación navideña y deseos de un venturoso año 2006. Yo he decidido colocarla aquí para todos ustedes, porque me ha parecido bien simpática y original.
Se encuentra en un archivo de presentación de Power Point, al que se accede pulsando sobre la siguiente palabra.








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Ya el 24 pasó y Papá Noel dejó regalos a todos los niños que le pidieron y se portaron bien. Ahora toca la espera hasta enero, de aquellos a quienes los Reyes Mayos son los encargados de satisfacer sus peticiones. Pero en el medio está la última noche del año, la llamada nochevieja. Es esa noche de naturaleza mágica, en la que, justo a la media noche, ―que es la única hora sin minutos― se fundirán el año que termina y el que se inicia. Dentro del folclore creado por la mezcla de superstición y costumbrismo, hay todo tipo de rituales exclusivos para ese momento de la nochevieja, que se tiene por tan especial. Todos ellos pretenden conseguir que la diosa fortuna nos sonría con un año nuevo más favorable que el que termina.
La Navidad es la época de hacer las listas de los buenos deseos para el nuevo año. La mayoría de las personas tienen pocos, por lo que, para no olvidarlos, les resulta suficiente repetírselos en voz alta, de vez en cuando. Pero otros muchos recurren a las listas cuando sus buenos propósitos y deseos son bastantes. Es una forma de recordar los comportamientos que nos proponemos cambiar, y de tratar de hacer aquello que no hemos hecho. Pero también es para pedir que se nos concedan nuestros deseos más preciados. Sin embargo, el saber pedir es algo sumamente difícil. Viejas y sabias expresiones como «ten cuidado con lo que pides, porque pudiera concedérsetee», o la promesa de aquel «pide y se te dará» no están nada alejadas de la realidad. Yo lo se muy bien. Y también se lo difícil que es saber pedir, para que el resultado no nos cause una sorpresa desagradable. Es como frotar la lámpara de Aladino.
Con el particular placer que me produce viajar en tren, siendo un nostálgico de la era del vapor, nunca me imaginé que un viaje en el Talgo, de Madrid para Asturias, con mi esposa y mi hijo mayor en su silla de ruedas, iba a ser algo tan complicado y traumático, que aún siento furia cuando lo recuerdo. Pero la serie de fallas en cascada por parte de unos empleados de Renfe lo hicieron posible.








