Las personas que fueron ayer al Consulado de la República Bolivariana de Venezuela, situado en la Avenida del General Perón, 26, Planta 1ª, 1-D, Madrid, ―y las que hayan ido hoy― se encontraron con que había desaparecido. Así de simple. Mi esposa había estado allí una semana antes, y no leyó aviso alguno de que fuera a ser cerrado o trasladado. Pero ya no estaba.
Solamente un cartelito de aviso que informaba que, entre el 26 de febrero y el 02 de marzo, el Consulado se estaría mudando, y que “la nueva dirección será comunicada oportunamente.” Comunicada ¿por qué medios?








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El 16 de octubre del pasado año, después de ver la película El laberinto del fauno y quedar impresionado con la calidad de esta producción hispano-mexicana, yo me decidí a escribir una breve reseñaba en un post con el mismo título. Mi impresión, encerrada en una sola palabra, fue que era soberbia, y la fotografía la califique “de primerísima calidad.” No me extraña para nada que se haya llevado ese Oscar y los otros.
Dos gritos. Sorpresa, seguida de dolor. Un golpe. Un hombre caído en la acera. Era un invidente. Su bastón no logró detectar la cagada que yo sorteé unos instantes antes. Grande y blanda. Aún no brillaba el sol para secarla esa mañana. El hombre no se fracturó nada, afortunadamente, pero pudo haber sucedido.
El 29 de enero, 
Prosa imposible







