En los medios cabalísticos, esotéricos y del ocultismo, se habla de la fuerza del verbo. Se dice que hay palabras que, conociéndolas y pronunciándolas en la manera correcta, pueden lograr cosas increíbles. Son verdades ocultas. Pero, adicionalmente, para que funcionen se requiere del conocimiento exacto de su verdadero significado y propósito. Y hay frases que están ahí escritas, desde siempre, en cualquier pared, en cualquier cueva, en cualquier catacumba. Pueden ser leídas, pero muy pocos logran interpretar su significado y develar el misterio de la verdad que ocultan.
Y hay frases que encierran un enorme conocimiento personal, pero cuyo significado real fue disfrazado con otras connotaciones más mundanas. El conocimiento que encierran no puede ser desvelado por el mero razonamiento; hay que acudir a la comprensión, pero la intuitiva.
Nada se destruye, todo se transforma. En principio, esa frase se presenta como un hecho irrefutable de la física, en cuanto a la preservación de la energía. Pero es lo que yo llamo la apariencia mundana tras la verdad oculta.
Lo que es del cura va para la iglesia. Otra apariencia mundana, que oculta el verdadero sentido.




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Un reflejo de mis ojos
Yo he venido hablando de esos músicos que encontramos dentro de las estaciones del Metro, y de lo poco receptivas que suelen ser las personas que circulan por esos pasillos, ocupadas solamente en llegar a alcanzar el próximo tren, que quizás ya perdieron; o saliendo apresuradas para llegar a alguna parte. Muy pocos se ocupan de “escuchar” las interpretaciones; muy pocos son los que tan siquiera los miran a la cara, como para poder llegar a identificarlos; poquísimos son los que logran detectar una ejecución magistral. Para la mayoría, esos músicos son poco más que pordioseros pidiendo, casi estorbando. Pero, como ya he comentado, podríamos encontrarnos con grandes sorpresas.
Ha pasado mucho tiempo desde que inicié esta categoría analizando el blog Divinos pecaditos. Desde entonces, ha sido poca mi actividad en esta materia del análisis de blogs que me llamen la atención… positivamente. Porque, al menos en mi caso, esto no se puede forzar; tiene que venir solo, hay que estar en vena.
Cuando una obra literaria es llevada al cine, por lo general suele cambiar tanto que termina resultando algo casi distinto. Una vez leí la anécdota del autor al que se le pedía permiso para convertir su obra en película; accedió, pero con la condición de que le cedieran los derechos para escribir una novela basada en la película.









