
Las sentencias absolutorias definitivamente firmes, o el auto de sobreseimiento de la causa dictada por los tribunales, podrán restituirte en tu libertad, en tu patrimonio o tu empleo. Pero hay tres cosas que jamás podrán hacer: devolverte los días que estuviste preso, eliminar de tu mente los sinsabores y angustias pasadas, ni restituirte la honorabilidad, la probidad y el buen nombre que perdiste.
La opinión pública que se forma en contra de una persona acusada, particularmente en los asesinato, sobre todo si el proceso ha durado años y fue público y notorio, es tan fuerte que no se disuelve por ninguna absolución judicial.
Tenemos el caso de unos profesionales de la medicina, acusados por supuestas sedaciones irregulares en el Hospital Severo Ochoa, de Leganés, Madrid, que fueron llevados a juicio y ahora absueltos, después de tres años. La actual decisión judicial podrá restituirlos en los empleos que fueron suspendidos, ¿pero quién les devolverá la confianza de los pacientes públicos hacia ellos, o los que perdieron en su práctica privada? ¿Qué sentencia restituirá, en la mente de las personas que los veían como homicidas, el buen nombre y la honorabilidad que esos médicos tenían? ¿Qué auto borrará de sus recuerdos la tacha de asesinos que les gritaron? ¿Qué orden judicial eliminará en ellos y sus familiares el infierno vivido durante estos tres años? Al igual que con la muerte, señora Esperanza Aguirre, también hay daños que son irreversibles.




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Un reflejo de mis ojos
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