
De algo han servido películas pioneras como El Padrino, y las modernas series de TV sobre el mundo criminal. Hemos entendido que, entre esbirros, sicarios y matones a sueldo, sin olvidarnos de espías, también los hay que se consideran unos artistas en su profesión. Unos por especializarse en no dejar huellas; otros por tener la habilidad de simular accidentes o muertes naturales y, muchos asesinos comunes, por la espectacularidad de sus trabajos.
Si el sufrimiento, la agonía y la muerte de un ser vivo puede llegar a considerarse arte, tendré que concluir que, durante la Segunda Guerra Mundial, los campos de exterminio nazis fueron grandiosos museos, y los genocidas a cargo eran unos insignes artistas.
Guillermo Vargas Habacuc fue galardonado en la Bienal Costaricense de Artes Visuales (Bienarte) 2007 por su obra “viva”, que buenamente podemos calificar de “efímera” y definir como “Exaltación, o apología del maltrato y crueldad con los animales”. Y por su éxito ha sido invitado a participar con su obra en la Bienal Centroamericana de Arte 2008.







RSS de post
Un reflejo de mis ojos
















