El gran ausente

Gato ojos de oro

Junio-Julio no han sido una combinación fácil para mi en este año.

Se dio mi regreso a Venezuela dejando a la familia en España. Fin de dos meses de gratas vacaciones. Y vuelta a la soledad y al trabajo.

Por añadidura, mi memoria se llenó de muy gratos recuerdos, pero también de otros demasiado ingratos y dolorosos. Todos daban vueltas en mi mente, como si se tratara de una mezcladora de cemento. Lo que salía entre vuelta y vuelta era tan pesado como el concreto, lapidario. Pura depresión. El mal de la época. Me ha costado un esfuerzo enorme sacudírmela de encima.

Mientras sigues leyendo, te invito a escuchar este instrumental
interpretado por el grupo británico The Shadows
[audio:The_Shadows_No_llores_por_mi_Argentina.mp3]

Porque, este 15 de julio se cumplieron 3 años del feliz momento en que encontré abandonado un montoncito de pelo sucio, y lo llevé a casa. Aquel gatito de cuatro o cinco semanas, a quien puse de nombre El Mínimo, nos arrebató el corazón y llenó nuestros días de alegría, enseñándonos otra nueva dimensión en la relación entre humanos y animales.

Pero la felicidad, cuando se tiene, hay que vivirla al segundo, pues puede terminar bruscamente y sin preaviso.

Porque, para empañar ese gratísimo recuerdo, una noche cualquiera de un mes como el pasado, en un día cuya fecha no quiero tener en mi memoria, se cumplió un año de su fallecimiento, en una cruel agonía, vilmente envenenado por manos desconocidas que obraron en la clandestinidad del anonimato.

Sin embargo, como bien se dice que Dios aprieta pero no ahoga, y bajo el principio de la transmutación de energía, el recuerdo de ese animalito vivirá siempre en un lugar muy especial de mi corazón. Pero en compensación, su pérdida material fue mi hallazgo del mundo de la blogosfera y mi inicio en él, pues el próximo día 25 de este mes de julio cumpliré un año con este blog abierto.

Aún estoy intentando evaluar lo que esto ha podido tener de positivo para mi y para otros, porque no puede medirse solamente en cifras de visitas, páginas vistas y comentarios. Para mi sorpresa, he comenzado a recibir algunos correos de personas que, sin yo saberlo hasta ahora, han agradecido ayudas que han encontrado en mis anotaciones publicadas.

Pero sea cual sea el balance de este año, que en lo personal considero muy positivo, se lo debo exclusivamente al recuerdo de mi gatito Mínimo. Porque lo inicié, única y exclusivamente, con la intención de contar y dar a conocer un poquito de lo que fue su maravillosa, aunque corta existencia, así como para denunciar la crueldad humana de quien puede ser capaz de poner veneno de ratas para matar gatos y perros, porque la presencia de esos animales le molesta.

Como ya he dicho en otras anotaciones, escribí un pequeño cuento, que publiqué en cuatro capítulos. Lo titulé Mucho más que un gato, y el primer capítulo lo publiqué el 20 de Agosto del 2005. Los otros tres salieron semana por medio.

Para el lector interesado en conocer esa historia, y que prefiera leerla con toda calma, desconectado de Internet, al final de la página del Capítulo 4, está el botón para descargar directamente el cuento completo, en un cómodo formato de archivo PDF.

Cual el pequeño microclima de esta historia real, creo que así es la vida del ser humano, girando entre los recuerdos tristes y los felices. En cada quien está el hacer lo posible por mantener vivos los placenteros y dejar a los otros muy adentro, «en un rincón del alma» (como dice aquella vieja canción) para airearlos solamente cuando sea necesaria la evocación de la experiencia. Y así como algunos grandes hombres lloraron la pérdida de un reino, alguien más pidió a todo un país que no llorara por ella, (No llores por mí, Argentina), estoy seguro de que El Mínimo, mi gatito de los ojos de oro, me diría que no llore por él. Prefiero atesorar en mis recuerdos los momentos felices vividos juntos. Y reproduzco a continuación la introducción con que inicié el primer capítulo del cuento, porque así lo sentí cuando lo escribí, y considero que mantiene su vigencia.

Algo sobre el presente.

Muchas personas pasan su vida pensando que el presente es hoy, el pasado es lo que recoge la historia sobre los años anteriores, y el futuro llegará mañana, el mes que viene o el año entrante. Así, pierden su tiempo sin darse cuenta que, el preciado presente, no es más que un esquivo instante, que hace equilibrio entre el segundo de tiempo que se fue con la exhalación anterior, que es el pasado, y el próximo segundo que marcará el reloj en el siguiente aliento, que no es otra cosa que el futuro. Entre esos dos efímeros segundos transcurre nuestro momento de vida, pues nunca sabemos si respiraremos nuevamente. Nadie muere en pasado ni en futuro.


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On this day..

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6 respuestas a El gran ausente

  1. Pingback: guardafaro.net » Mucho más que un gato-4

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