Entre hipertensos y diabéticos vivimos y morimos

Como parte de la lucha contra las enfermedades crónicas, al considerar que “constituyen hoy en día la mayor causa de mortalidad, morbilidad y carga de enfermedad, tanto en España como en los países de su entorno” la Sanidad quiere reducir el consumo de sal a 8,4 gramos diarios por persona para el 2014.   Inicialmente se impondrá la medida a los alimentos procesados y a los restaurantes. También en USA hay campañas tendientes a disminuir el consumo de sal.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), establece un límite de 5 gramos por persona al día para una dieta saludable, pero los españoles consumimos 10 gramos, lo que ocasiona cada año unos 20.000 accidentes cerebrovasculares y unos 30.000 eventos cardiacos  relacionados con la hipertensión arterial,  que suponen un gasto de miles de millones de euros en tratamientos a cargo de la sanidad pública.

“La percepción por parte de la población del riesgo respecto a la relación entre sal, hipertensión y enfermedades cardiovasculares es escasa, a pesar de estar ampliamente documentada en multitud de estudios científicos”.

Me parece excelente cualquier medida que tienda a mejorar la salud en la población. Yo no estoy dentro de ese grupo de riesgo y, además, mi consumo de sal es muy bajo y  la medida no afectará mi paladar.  Muy bien, disminuimos y controlamos el consumo de sal, ¿pero quién le pone el cascabel al gato de la diabetes? ¿Qué hay con la disminución del consumo de azúcar?

Yo creo que peor enemigo es la diabetes, enfermedad que requiere muchísimos más recursos de la sanidad pública que los asociados al consumo de sal. ¿Quién será el guapo que impondrá una disminución del azúcar en los alimentos?

Porras, churros y croisants para el desayuno, bollería a media mañana y pastelería en general para la merienda. Nadie te llega de visita sin traerte una bandeja de dulces. El español no solo consume mucha bollería y productos de pastelería industrial en general, sino que contienen demasiada azúcar y grasas, a mi juicio.

Yo que he venido reduciendo mi gusto al azúcar con los años,  encuentro la mayoría de los productos de pastelería difíciles de tragar, por lo dulces que son. Me resultan empalagosos.  Por otra parte, la “afición” y necesidad adictiva, casi compulsiva, del azúcar, es muy superior a la que puede producir el gusto por los alimentos salados. Si no que se lo pregunten a un diabético.

El colectivo de personas con diabetes en España supera los tres millones de personas, esperándose que, de no disminuir la tasa de crecimiento, dentro de veinte años llegue a los seis millones de afectados. Son cifras nada halagüeñas si se toma en cuenta que en la evolución de la diabetes en España, se estima que por cada diabético diagnosticado hay al menos uno que lo es sin aún saberlo. Por si fuera poco, debido a que se espera que para el año 2030 la mitad de la población mundial será obesa:

…se estima que en el año 2030, más de 330 millones de personas en el mundo sufrirán diabetes, un alto porcentaje de los casos estará asociado al sobrepeso.

Según ha indicado la organización Biosalud:

De acuerdo con los datos ofrecidos en el XX Congreso Nacional de la Sociedad Española de Diabetes, en España de cada 100 euros del gasto sanitario, 15 euros corresponden a la diabetes, situación que “podría poner en jaque a cualquier presupuesto futuro”. De hecho, el diagnóstico y tratamiento de las complicaciones asociadas al “control insuficiente” de la diabetes representa más del 50 por ciento del gasto sanitario de esta patología.

Por eso insisto en mi pregunta: como medida preventiva ¿quién le pondrá un alto a la diabetes originada en el consumo excesivo de azúcar? Porque no sólo por exceso de sal muere el hombre.

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