
En el Derecho Internacional se habla de estados. País, nación y estado no son términos exactamente iguales, aunque coloquialmente usemos más la palabra país debido a su polisemia.
¿Hacia dónde va, España? ¿Pretenden convertirla en un estado compuesto por países independientes en lugar de provincias? ¿Simples autonomías económicas o países distintos dentro de tu territorio? No puedo pensar otra cosa cuando veo el uso tan arraigado del vocablo en los voceros del gobierno, en lo que casi parecieran ser declaraciones y aceptaciones de independencia, cuando se refieren al País Vasco. ¿Vienen ahora el País Catalán y el Valenciano? ¿Luego seguirá el Gallego, el Asturiano, el Canario…? ¿Se pretende desunir lo que estaba unido? ¿Hacia dónde vas España? ¿Quiénes quieren desmembrar el país? ¿Tan diferentes se sienten algunos, tan sólo porque hablan otro idioma, además del español? ¿Debiera yo sentirme británico o yanki, entonces?
―¡Se va a casar embarazada!―¡Oh, el Cielo nos libre!


Estaba visitando a mis hijas en Madrid. Era una tarde de principios de primavera y caminábamos los tres en dirección a la céntrica Puerta del Sol. Íbamos por la Calle Mayor, si mal no recuerdo, cuando nos encontramos con el típico corrillo de gente. Un titiritero estaba a punto de comenzar su espectáculo. Poca cosa era lo que allí tenía para mostrar su arte y hacerse merecedor de unas monedas. En el suelo había un muñeco articulado de unos veinticinco centímetros de altura. Era de color azul y confección casera, hecho básicamente con alambre y papel maché. El resto del escenario consistía en un micrófono, del mismo corte que el títere y a su misma escala, un par de vacíos y coloridos potes de conservas, que harían de tambores, timbales o lo que se ofreciera, y un piano de cola. Realmente, no parecía que se pudiera hacer mucho con aquello, menos aún llamar la atención de unos transeúntes que estaban ya a la vuelta de todo. Pero esa impresión inicial era equivocada. Me di cuenta de ello en cuanto el titiritero puso la música y el show comenzó.Era una pieza de Barry White, no puedo precisar ahora el título. Accionado por los hilos, el muñeco azul comenzó a moverse al son de la música, mirando a un lado y a otro, hacia su público. Se meneaba, bailaba, gesticulaba con los brazos y tocaba los timbales o el piano cuando era necesario, y en menos de un minuto todos estábamos viendo al mismísimo Mr. White en escena.









