A los gordos no los trago, debo confesarlo. Es algo más fuerte que yo. Lo he intentado, créanme que lo he intentado. He puesto mi mejor voluntad y esfuerzo, mas no ha servido de nada.
Un gordo, quizás hasta dos, en medio de otros normales puede ser soportable para mí; pero cuando veo media docena o más juntos es que se me revuelve el estómago. ¿Será que los prejuicios me estén jugando en contra? Es posible, no lo niego.
Hay veces en que es difícil predecir en qué forma se reaccionará ante determinadas circunstancias no experimentadas antes. Otras veces solo con imaginártelas estás seguro de que nó podrás. Por ejemplo, yo nunca he comido ninguno de esos gordos gusanos blancos, que resultan la delicia de aborígenes australianos y de muchas tribus del amazones y otras selvas. Sin embargo estoy seguro de que yo no podría hacerlo. Solo de pensar que tengo que morder aquello blando y lleno de… me vomito encima. Pues con esto de los gordos me ha resultado algo similar.
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Por los adultos ya afectados de obesidad se podrá hacer algo o no. Todo dependerá de que ellos quieran superar su problema… si acaso llegan a verlo como un problema al que tienen que poner freno. No olvidemos que todos los obesos terminarán siendo diabéticos y que los diabéticos… etc., etc., etc.
Están apareciendo en el mercado más monitores con pantallas táctiles. Yo no me veo usándolos, no mientras estén en posición vertical.
Hablar de gordura, 









