Cuando una persona, por no administrarse bien, llega a una situación de emergencia económica, sabe que de nada le sirve intentar pedir un aumento de sueldo que compense su propia torpeza.
Sin embargo cuando es el gobierno quien llega a una situación similar, lo arregla recortando servicios, bajando o congelando salarios en el sector público, abaratando el despido y el costo laboral en el sector privado y subiendo el IVA y los impuestos en general. Mientras, la destrucción de puestos de trabajo y el desempleo se propagan tan rápido como la epidemia de peste durante la edad media. Pero, claro, todo eso es más fácil que lograr frenar la evasión fiscal, que tan solo en el sector inmobiliario anda por el orden de los 8.600 millones de euros anuales.
¿Y qué le importa al gobierno sus desaciertos administrativos? Después de todo, a ninguno de ellos le demandarán responsabilidad civil por sus fracasos, tan solo política, si acaso. Al final, los más perjudicados serán los pensionistas y quienes viven en la cota del salario mínimo, que irán pasando a la indigencia. Faltarán bancos en los parques.
Hay dos cosas que me ponen de malas pulgas cuando entro en un sitio web.
Resulta que ahora se presentan
A punta de pistola, pedirle a una persona que entregue el teléfono móvil, el reloj o la cartera, luego descerrajarle seis tiros en el pecho porque el atracador se molesta debido a que son de poco valor, quizás sea un comportamiento que pueda tener que ver con el consumo de droga y alcohol, que es lo primero que se alega.
Una erupción volcánica en una alejada isla en el norte de Europa, y el mundo entero se estremece.









