¿Alguien recuerda a qué vino Nikolás Sarkozy, el presidente francés, a España hace pocos días? Algunos quizás si; pero seguro que la mayoría recuerda las cosas que hizo su esposa, Carla Bruni, los museos y sitios que visitó, los múltiples vestidos que utilizó y el montón de fotos que tomaron tanto a su rostro como a su no menos fotogénico y llamativo trasero.
Por supuesto que no faltaron las comparativas entre la belleza y el porte de la Bruni con otras españolas, desde la princesa Letizia hasta figuras de la política, como el que la prensa llamó: el duelo de primeras damas entre Carla Bruni y Sonsoles Espinosa. Carla Bruni enloquece a México, Carla Bruni enloquece aquí, Carla Bruni enloquece allá donde va. Visto así no pareciera una buena influencia su presencia. ¿Una persona mediática es aquella a quien los llamados «medios» de comunicación le prestan más atención?
El hecho es que la Bruni se llevó de España una pleitesía casi nacional, o cuanto menos la atención casi nacional, y supongo que también un montón de periódicos para entretenerse recortando sus fotografías. Pero también se llevó como regalo el collar de Carlos III.



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