¿Qué cosas ves tú cuando vas a paso raudo por los pasillos del Metro, con la mirada perdida? ¿Vas pendiente de seguir el flechado para el tren correcto, y de no tropezar con los otros? ¿Acaso, de tanto en tanto, ves sólo alguna figura borrosa, arrimada a alguna pared, como esa de la foto? ¿Una figura casi sin formas, sin nombre, sin historia, tocando algo que no te interesa? ¿O te parece escuchar una linda melodía muy bien ejecutada, pero no tienes tiempo para detenerte a escucharla?
¿Realmente no lo tienes, o te escudas en eso para no encarar el conflicto humano, por eso de: lo que no conozco no me afecta?
El 9% de la población de España tiene algún tipo de discapacidad, conformando unos 3,5 millones de personas con necesidades especiales. Algunas de esas discapacidades son congénitas; otras son consecuencia de alguna enfermedad o accidente, que cambió repentinamente sus vidas y la de sus familias. A partir de allí, el día a día consiste en una vida de restricciones, encerrados en el hogar, conformándose con ver como los demás practican las actividades al aire libre y los deportes que a ellos les están vedados para siempre.
Hace muchos años que no voy a Barcelona, pero ya entonces había estaciones del Metro que parecían centros comerciales. Se podía hacer casi de todo, desde compras muy diversas y comer de tasca o restaurante, hasta operaciones bancarias, pues en ninguna estación faltaba un cajero automático o una sucursal de la omnipresente «Caisha». No era necesario tener que salir a la superficie, cosa que se agradecía en pleno invierno, o si llovía a cántaros. En el Madrid de hoy, la mayoría de las estaciones de Metro son más limitadas en ese sentido, y con las remodelaciones actuales parece que van quitando las pocas tiendas existentes.
Ayer domingo 27 de mayo se realizaron las votaciones, en las elecciones locales para alcaldes y concejales, y el gobierno de la Comunidad.










