
Haz una prueba muy simple, aprovechando que estás en invierno.
Colócate un pasamontañas de esquiador, de esos que solamente dejan ver los ojos, entra en un banco y, con paso decidido, dirígete hasta una de las taquillas. Si eso no te parece suficiente, trata de pasar así el control del aeropuerto para embarcar en un vuelo.
Si te parece muy extremo el uso de esa prenda, ponte entonces un sombrero o una gorra, dale unas vueltas a la bufanda alrededor de la cara, dejando solamente los ojos visibles, y haz los mismos intentos.
¿Cuales crees que serán los resultados?
Prosa imposible
Navegando en la blogosfera, me he ido topado con blogs cuyos contenidos son mini-post de poquísimas líneas. A título de ejemplo está el que se titula: El día que estés muerto sabrás cuanto te quieren.
La mayoría de las personas, cuando ven que alguien lleva una sotana, hábito, cuellín blanco o cualquier otro indicativo de su condición de religioso, esperan encontrarse con un dechado de virtudes. Suponen la obligatoriedad de una gran comprensión, la amabilidad de un tío Ton, la paciencia de un Job y la abnegación y dedicación de la Madre Teresa de Calcuta. En suma, casi asumen que ese hombre o mujer debe rozar la santidad. ¿Acaso no han renunciado al mundo para dedicarse a Dios?









