Hace unos pocos días escribí un artículo sobre el urbanismo descontrolado y su consecuencia más directa: las demoliciones. Pero el problema de la vivienda en España tiene proporciones alarmantes.
Tenemos, por un lado, los múltiples casos de corrupción urbanística que están a la orden del día y de los tribunales. Por otro, están las «sentadas» y marchas, que se han protagonizado en algunas ciudades como protesta por el prohibitivo costo de la vivienda.
De buenas a primeras no me ha sido fácil entender el enorme auge constructivo que se ve por todas partes y, sin embargo, el desproporcionado precio de la misma. Pero varios artículos aparecidos en la prensa me han aclarado un poco más las cosas.
Sólo en 2005 se construyeron 800.000 nuevas viviendas en nuestro país (tantas como en Reino Unido, Alemania y Francia en su conjunto), pero el aumento y exceso del producto no ha abaratado su precio, sino todo lo contrario. El «derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada» —dice el artículo 47 de la Constitución— queda en una simple declaración de intenciones cuando comprarse una casa no está al alcance de cualquiera.
Entonces, ¿si hay suficiente oferta de vivienda, por qué los precios no disminuyen, o por lo menos dejan de crecer?
Con el eslogan Diabetes: somos distintos, somos iguales, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la International Diabetes Federation (IDF) han elegido el día de hoy para la celebración del Día Mundial de la Diabetes.











