Por el amor de un perro supera la anorexia. (II)

no anorexia

ADVERTENCIA: Esta es la segunda parte de una narrativa basada en un hecho real y actual. Por motivos prácticos la he dividido en cinco fragmentos. Si no has leído el primero te recomiendo hacerlo, a menos que te guste comenzar un libro por cualquier página en que se abra.

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O puedes continuar y leer esta segunda parte.

mujer reflejada en el espejo

La temida anorexia

Los años transcurrían, y a pesar de que Mar había alcanzado una delgadez extrema, de solo 45 kilos, la imagen que el espejo reflejaba no cambiaba. Para sus ojos seguía siendo gorda. Solamente la aguja de la báscula le informaba de la realidad numérica, que su cerebro no quería reconocer. Para los 16 años, la sensación de soledad había crecido junto con ella, casi al igual que los maltratos de su madre. Las cosas, en lugar de mejorar empeoraban y se hicieron agobiantes. Necesitaba hacer algo con urgencia. Decidió buscar trabajo por primera vez en su vida, y ganar dinero para poder tener a su anhelado perro.

Debido a su estatura y delgadez, que encajaban adecuadamente dentro de lo estándares de muchas empresas de moda y publicidad, encontró trabajo como promotora para una firma que vendía teléfonos móviles. Más pronto de lo que pensó, logró reunir una cantidad de dinero adecuada para buscar su primer perro.

Amor a primera vista

Alguien que, como ella, sabía lo que era el abandono, la miseria y la soledad, no gastaría su dinero comprando en una tienda de mascotas. Fue a una perrera, donde recogían animales de la calle. No tuvo que mirar mucho. Vio aquella cachorrita y se enamoró de inmediato. Su corazón saltó acelerado y ella se dijo: “Mía, tiene que ser mía, solo mía”. Pero fue tal la tristeza que sintió al ver el estado en que estaba, que rompió en llanto. La perrita tenía unos tres meses, y podría ser una French Poodle o cualquier otra cosa, porque con tal suciedad y abandono nada podría asegurarse. La tenían metida en una pequeña jaula para pollos, en donde no podía ni tocar el suelo, caminando con dificultad sobre la malla de piso. El encargado dijo que antes de entregársela la bañarían. Pero ella no quiso estar allí sino lo indispensable, así que se la llevó tal cual estaba.

Fue directo a una clínica de animales, la primera que encontró, pero no le gustó el humor que manifestaba el veterinario y decidió irse. Probando en otras, encontró una amorosa veterinaria que le agradó. Allí auscultaron la perrita, la revisaron concienzudamente y le dieron pastillas para desparasitarla. También le suministraron un jabón especial para bañarla y exterminar sus muchos parásitos externos. Y como aún tenía dinero suficiente, Mar le compró una pechera y una mullida camita para dormir.

Para regresar a casa utilizó un autobús. Enseguida notó la forma como la gente la miraba por llevar aquel perro tan sucio y abandonado. Ni se inmutó. Ya estaba acostumbrada a miradas como aquellas. Tampoco le importó saber lo que estarían pensando. Su rostro estaba serio, pero su corazón latía feliz al sentir la perrita moverse entre sus brazos. ¿Qué podían importarle los demás?

Esta narración basada en un hecho real, continuará, pues se ha dividido en 5 fragmentos para su publicación en la web.

Foto 1: recorte modificado digitalmente, de una de las fotografías de la campaña publicitaria del fotógrafo italiano Oliviero Toscani contra la anorexia en el mundo de la moda.

Foto 2: Lebrija digital.

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On this day..

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2 Respuestas a Por el amor de un perro supera la anorexia. (II)

  1. Pingback: El guardián del faro

  2. Interesante relato, le seguiré los pasos apreciado Guardafaro. Me encanta que la historia tenga una mascota como protagonista.

    Besitos amistosos!

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