El sabor criollo del lenguaje latinoamericano.
Si hay algo que enriquece al hombre es viajar y conocer otras culturas, comportamientos, usos y costumbres. Es una oportunidad para despojarnos de algunos prejuicios costumbristas e idiomáticos, locales.
Ya en este primer párrafo, no me extrañaría que alguna acérrima defensora de la, hoy en día, mal entendida “igualdad de sexos” haya puesto mala cara, porque, en lugar de yo decir ‘al hombre y a la mujer’, utilicé, en forma genérica, la palabra “hombre”, cuando, sin especificar diferencias de sexo, quiero referirme al animal bípedo, placentario y mamífero de sangre caliente, conocido como ser humano.
Pero ocurre que palabras tales como: negro, gordo, latino, discapacitado, y otras que aluden al género masculino para referirse también al femenino, parecen tener tantos detractores que, si por ellos fuera, estarían condenadas a la extinción.
En muchas partes del mundo, como ocurre en la mayoría de los países de Latinoamérica, entre ellos Venezuela, en el convivir diario se acostumbra a utilizar un rico lenguaje lleno de metáforas, de sinécdoques y de coloquialismos, o criollismos, como por allí se les dice, que reflejan el espíritu alegre y abierto de sus gentes, y que en otras partes podría resultar chocante.




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Un reflejo de mis ojos
Hay un principio que, por lo natural, resulta totalmente lógico: nadie debe pagar por los delitos o faltas cometidos por otra persona. La excepción son los menores, la responsabilidad de cuyos actos recae sobre padres o representantes legales. El Derecho Romano, el Germánico, el Británico y la mayoría de los países que yo llamaría civilizados en esto, lo han entendido así. Pero, por un momento, imaginemos que no.
Ante la ausencia de gran cantidad de rubros alimenticios básicos en los supermercados de Venezuela, y al racionamiento de otros, limitando la cantidad por persona, los voceros oficiales afirmaron que no era sino un problema de distribución. Luego, la causa fue atribuida al acaparamiento y la especulación. Cuando ya eso fue insostenible, se ha llegado a decir, sin asomo de sonrojo, que no existe desabastecimiento, y que la falta de esos productos no es más que una gran mentira, una enorme conspiración, una farsa creada por los medios de comunicación opositores al gobierno.
Cuando se transmiten los valores básicos de la vida en sociedad, una de las cosas que se enseña es que, para ser respetado, se debe respetar, porque el derecho propio termina justo donde comienza el derecho de los demás. Pero hay personas que nunca lo aprenden.
Estoy enfrascado en la minuciosa, fastidiosa, desesperante, ardua y casi inacabable tarea de mejorar la plantilla de este blog. No porque esté disconforme con ella, sino por los errores al validarla con el estándar W3C. Son unos cuantos los que me daba para el CSS, y bastantes para el HTML. Pero lo hago, también, para intentar darle una completa accesibilidad, cosa que considero importante. Pero el asunto no es fácil para quien, como yo, no maneja ese mundo, sino apenas por los pelos. Así que, llegué yo solo hasta donde bien pude. Ahora le he pedido a mi hijo, no una mano, sino dos.








