Buscaba la vieja cafetería para tomarme un con leche de media tarde, acompañado con un rico dulcito. No la encontré. En su lugar había un nuevo local. Entré e husmear. ¿Qué le iba a hacer? Al mal tiempo buena cara, por supuesto. Y aquí no solamente había muy buenas caras, sino bastantes motivos para ponerla.
El autor

Categorías
De interés
Mi Web literaria
Meta
Buscar en el blog
No pretendo convertir este artículo en una guía gastronómica ni de hostelería. Eso se lo dejo a Valentina Quintero y su
Necesitaba un par de días de tranquilidad, por lo que me fui yo solo de visita a “la Isla” como usualmente se le dice en Venezuela. Tenía algo más de cuatro años sin ir, y no fue que la última vez me hubieran quedado muchas ganas de volver, pero decidí verificar los cambios que algunos me aseguraban que se habían producido. Pues sí, algunos cambios son ciertos.
En mi artículo de unos días atrás, España, el gran geriátrico, mencioné los factores subjetivos que me hacían pensar que estaba observando un país con una población mayoritariamente de ancianos, hablando en términos relativos. Ahora voy a hablar de los factores objetivos que me indican que, en efecto, en España estamos ya en camino de serlo. Unos sesenta años atrás, en la España rural las mujeres se casaban más bien jóvenes y las familias eran numerosas. No había controles de natalidad ni televisión, y del sexo poco se hablaba. Como al mal tiempo buena cara, si más hijos eran cargas que alimentar y vestir, también significaban más brazos para trabajar el campo, que era el proveedor principal del sustento.









