«Hoy doy por iniciada esta bitácora, por cierto que sin el aspecto que yo desearía. En los próximos días espero poder aprender a configurarla. Los que han pasado por esto ya saben a que me refiero: colocar el tipo de letra que quiero para los títulos, subir las fotos que necesito y esas cosillas».
Con estas palabras, y sin ninguna imagen, iniciaba yo este blog ocho años atrás, en el 2005. Mucho tiempo ha pasado desde entonces y he escrito casi 500 artículos diversos, que tampoco son tantos, pero son todos originales, algunos de los cuales ya ni me acuerdo. Ese primer post lo seguí de esta manera:
«Una vez arreglados esos aspectos de estilo y apariencia, voy a iniciarme compartiendo con los lectores una narrativa, un pequeño cuento. Es algo que he escrito en memoria de un ser único, agradecido amigo y fiel compañero. Me refiero a un animal de compañía, una mascota que he tenido, en este caso un gato. ¡Perdón, amigo fiel, por el leve descuido en mi vocabulario! No fuiste ni mascota ni animal de compañía. Tú fuiste un miembro de la familia y, definitivamente más, mucho más que un gato».
«Escribirlo me ha ayudado a sacudirme el tremendo dolor que las circunstancias de su trágica e inhumana desaparición me produjeron. Quienes alguna vez han amado a una persona, un animal, una planta o cosa alguna, seguramente comprenderán. Quien no lo ha hecho aún, es posible que el tema les resulte útil para reflexionar y caminar un poco mejor por la vida».
En lo que concierne a la historia de mi gato yo considero que mis expectativas fueron superadas con mucho, debido a las miles de lecturas y difusiones que tuvo, por lo que yo considero que este blog cumplió con su objetivo inicial. Las estadísticas de lecturas se perdieron en un cambio de alojamiento que hice hace tres años, que causó la falla del plugin WP-PostViews, pero eso ya no importa.
El hecho es que, mal que bien, aunque escribiendo muchos menos en este blog, aquí sigo y aquí pienso seguir.
En una de las maravillosas novelas de Richard Bach, no recuerdo si fue en «Alas para vivir», «Ajeno a la tierra» o cuál, pero no importa, él contaba sobre una competencia que estaba haciendo de vuelo en planeador. Cuando él ya estaba muy bajo, sin encontrar una corriente ascendente con la que ganar altura, vio en la distancia otro planeador que daba vueltas en círculos, ganando altura con rapidez. Richard se dirigió de inmediato hacia allá. Él tomó conciencia de algo importante. Era que aquel piloto no estaba girando en aquella térmica para mostrarle el camino a él, sino que aquel piloto estaba siguiendo el camino que él había encontrado para sí mismo.
Yo veo muy poca televisión. Salvo alguna película que pueda ser de mi interés, poco más veo que los programas de la naturaleza, los geográficos e históricos y alguno que otro de viajes. Pero ayer sábado, para descansar un poco la vista y la mente de tanto corregir novelas en el ordenador, encendí la TV poco más de las 21:30, dispuesto a realizar una revisión a salto de programas (zapping). Me quedé unos momentos en una película que había comenzado poco antes en TVE2 y me interesé. Se trataba de «El Comisario Salvo Montalbano ‘El camino de arena’».
Para un escritor ¿qué mejor forma de celebrar el Día del Libro sino publicando uno?
Ya está publicado el tomo I de «Amina y Zahir, dos almas gemelas», segunda parte de la trilogía «Almas gemelas».









