En la vida necesitamos con frecuencia realizar ciertos ejercicios de contraposición para poder valorar mejor algunas cosas. Ante la noticia de la muerte de un gran amigo, comparando, recordé mi primer destino como oficial de marina mercante recién graduado en el año 1971. Fue en un buque petrolero de nombre Shell Aramare, perteneciente a la entonces compañía Shell de Venezuela.
Como siempre, lo primero que hacen los compañeros es ponerte al tanto de las peculiaridades del capitán, dato muy importante abordo. El de aquel buque era un ser anodino, ya bastante cercano a la edad de jubilación. Sus dos temas de conversación eran las carreras de caballos (juego del 5 y 6, principal pasión venezolana después del baseball) y las putas de los bares de La Concha, en Cardón, Estado Falcón, Venezuela; él parecía conocerlas a todas.
Con veintidós años y sin interés en las apuestas hípicas, yo no tenía idea ni de unos ni de otras. Como tampoco mostré interés por integrarme en ninguno de los dos temas de conversación obligada desde el puente de mando hasta el comedor, ni que decir tiene que enseguida chocamos los dos. Con el tiempo, el hombrecillo me pasaría la factura por mi manifiesto desplante.
Me parece que los esfuerzos de ese llamado Ministerio de Igualdad, en España, estuvieran enfocados, precisamente, en fomentar la desigualdad, al pretender tutelar en favor de la mujer en detrimento de algunos derechos del hombre.












