El 25 de noviembre ha sido declarado día internacional de la eliminación de la violencia contra las mujeres. Bueno es que se haga eco de tan lamentable y grave situación. Y me gusta más que se utilice la vieja expresión de violencia contra la mujer, que la de nuevo cuño «violencia de género», como ya he manifestado en otro escrito. Yo no estoy de acuerdo con el matiz ese del «género», por más que lo hayan metido en una ley, a menos que, ahora, sea una palabra que aluda exclusivamente a las mujeres.
Pero yo preferiría ni siquiera matizar. Me gustaría que fuera el día internacional contra la violencia. Así, a secas. Contra la violencia del hombre contra la mujer, de la mujer contra el hombre; la violencia contra los ancianos, la violencia contra los niños; la de los padres contra los hijos y la de los hijos contra los padres. En fín, el día contra todo tipo de violencia, sin matices.
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Tan poco pendiente como soy para estas cosas, no me di cuenta que llegaba y pasaba de largo el cuarto cumpleaños de este blog; que significaba mis cuatro años escribiendo para la Web.
Los treinta y seis tripulantes del buque atunero español de nombre Alakrana, [Enlace bloqueado por la Tasa española AEDE] por piratas somalies el 3 de Octubre de este año, tienen lo que se buscaron, ni más ni menos.
De que las hubo las hubo. Porque épocas hubieron en que la obesidad era socialmente tomada como una manifestación de buena salud, y marcó los cánones de la hermosura. No hay más que ver los cuadros de siglos pasados, con retratos de rollizas majas. Además, la obesidad pasó a ser casi un símbolo de estatus, pues se asociaba con estar bien alimentado, cosa que no todos podían hacer. Aquellos fueron los siglos de la obesidad, divina obesidad.








