Hubieras preguntado antes

Las puertas se cierran en el vagón de la línea 7 del Metro de Madrid y el tren arranca. No es la hora punta, pero va lleno. Una mujer que subió de última se queda de espaldas contra la puerta. Un hombre que estaba arrimado a un lado, se coloca de frente hacia la puerta, dando la espalda a los demás pasajeros. Justo en el medio del trayecto entre dos estaciones, apartando con dificultad a la gente, una señora se acerca al hombre por detrás, y tocándole en el hombro dice:
– ¿Podría dejarme pasar? Voy a bajar.
El hombre voltea ligeramente la cabeza.
– ¿Se va a bajar aquí, o va a esperar que el tren se detenga en la estación?
– No. En la estación, por supuesto. -Responde la mujer.
– Ah, bien. -Dice él, lacónicamente, y vuelve a mirar hacia la puerta, sin moverse.
Después de un momento, la mujer vuelve a decirle.
– ¿Pero no se piensa usted apartar?
– ¿Por qué habría de hacerlo?
– Es que me voy a bajar en esta parada.
– Mire que casualidad, yo también.
– ¡Vaya! ¡Podría usted haberlo dicho antes!
– ¡Coño! ¡Y también podría usted haber preguntado! ¿No le parece?

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Dinero plástico, tu vida al desnudo.

¿Quiénes usan más el dinero plástico, los extrovertidos o los introvertidos? ¿Los que se preocupan de su intimidad y la cuidan o aquellos a quienes no les preocupa en lo más mínimo?

Si tú eres uno de los tantos a quienes no les gusta salir con mucho dinero en el bolsillo, lo cual es una buena precaución, y haces todos tus gastos  tirando de tarjeta de débito o de crédito, espero que sepas que tus hábitos y costumbres son un libro abierto para tu Banco. Tu banquero sabe cuantas veces al mes compras y cuanto gastas en el Carrefur, el Mercadona o el Dia; en Ikea, el Corte Inglés o Mediamarket. También sabrá en qué restaurantes comes, y cuanto dispendias en saliditas y escapaditas.

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Intolerancia disfrazada

Alguien se apunta un éxito judicial al lograr que se quiten los crucifijos en las paredes de las aula de un colegio en Valladolid.  Otros lo hacen en Jaén.  El ejemplo cunde.
¿El motivo? La vista del objeto ofende a algunos.

Me parece que hoy en día hay muchas personas que tienen la susceptibilidad demasiado a flor de piel. Hay quien dice que un par de palos de madera cruzados encima de la pizarra de un salón de clases no son nada, pero representan unas ideas que no todos comparten. Ante eso consideran que es preferible que, tanto las ideas como los símbolos que las representan, se mantengan en el ámbito privado de quienes quieran seguirlas

Las ideas, como los pensamientos, son intangibles que pertenecen al reino de la mente. Allí encerradas no hacen daño a nadie, como no sea al propio sujeto. Entonces, cada quien con sus ideas. Pero pienso que un par de palos cruzados (una media luna roja, una svástica…) no son nada en sí mismos. Su simbolismo está en la mente de quien los observa. Ciertamente que, conociendo el significado que se les atribuye a tales «símbolos» configuran físicamente la representación de ideas. Pero no son de las ideas de las personas de quienes yo tendría que preocuparme, sino de las posibles acciones que esas ideas pudieran conllevar al manifestarse externamente. Un hombre callado, sentado a mi lado en el autobús, está lleno de ideas y creencias de todo tipo. Pero ellas, aún cuando fueren antagónicas a las mías, no representan nada mientras solo estén en su mente. Tampoco representan mucho, si se decide a verbalizarlas y me las cuenta. Yo veré que caso les hago. Me preocuparé si, por esas ideas, el hombre decidiera hacer algo que llegara a afectarme en alguna forma evidente.

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Feliz Navidad 2008

Pues que tengan una feliz Navidad, felices pascuas y… todo lo demás.

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Cocina y cine de autor

Supongo que a cualquiera le sonaría de locos si los propietarios de los restaurantes gourmet, o de esos que ahora  llaman de cocina de autor, demandaran del Estado alguna subvención porque, debido a los pocos comensales, no les resultara rentable el negocio, mientras que los restaurantes tradicionales y tascas está llenas de gente.

Bien sabemos que la imagen típica de la cocina de autor (con razón o no) es la de un enorme plato con una pequeñísima porción de comida en su centro (que más parece una simple tapa), y el resto decorado con unos hilos de salsa.  En ellos priva la presentación, el color, la textura y el sabor por encima del volumen. Un menú de autor, compuesto por aperitivo, primero, segundo y postre, (que más parecen muestras de degustación) va desde lo 40 a los 90 euros por persona.  En contrapartida,  un buen gazpacho o un estofado de lentejas al estilo castellano; una fabada asturiana, un cocido madrileño, un cochinillo segoviano, o un guiso de cordero, cerrando con el postre de la abuela, completa un menú de menos de 20 euros que incluye la bebida. ¿Qué tiene de extrañar, entonces, que el español promedio se decante por esta «cocina de siempre»,  con la que sale con la barriga llena, rodando calle abajo?

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